La tragedia de noviembre

Ocupaciones impropias

Jhonny Brea
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 16 de noviembre, 2018

Noviembre es un mes trágico. Mi cartera lo asegura. Entre jalogüin, janal pixan, la feria Xmatkuil-Modelo y el llamado Buen Fin, los ingresos del año peligran y la Estrategia Integral de Defensa de la Quincena resulta sometida a grandes presiones para realizar consumos innecesarios.

No es que uno sea pesimista, nada más que como buen macho omega, grasa en pecho, espalda peluda, nalga de balón de futbol en tiempo extra, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light, el horizonte luce más gris que noche en la que entra un frente frío que sí trae consigo heladez, en medio de un apagón.

Y hablando de apagón, en casa terminamos haciendo como muchos empresarios: uniéndonos a medias. Es decir, optamos por apagar las luces pero el refrigerador siguió andando.

Como podrán imaginar, terminé afectado por el frente frío. Andaba moviendo mis electrodomésticos porque con la lluvia entró agua a mi cocina, y mientras procedía a preparar el trapeador para secar el piso -ustedes saben, las labores propias de mi sexo -los dueños de mis quincenas (La Cutusa y El Kizín) se acercaron a comentarme sus planes para este fin.

La verdad es que no puedo culparlos. Estaban puestísimos para ir al encendido de la navidad en Galerías Mérida, con tal de no quedarse en casa y sin luz, pero la mezcla de lluvia y heladez nos impidió emprender la excursión, no por falta de pericia sino porque la idea de manejar en condiciones semejantes a las de la carretera a Progreso o la de Campeche, pero dentro de la ciudad, es decir, con más locos al volante, era para tomarse en cuenta, y el Alto Mando acordó prevenir.

Con excepción de que La Xtabay también decidió que yo fuera a comprar pan y chocolate para la cena, y mi suéter todavía olía a guardado, haciendo estragos en mi nariz, la pasamos bastante bien, pero ¿qué quieren? A fin de cuentas mis fieras necesitan dejar salir su energía para no parecer animales enjaulados.

Así que ando buscando planes alternativos para el fin de semana, de esos que requieren una inversión mínima. Lamentablemente todo indica que con tal de huir del Buen Fin y sus tentaciones de consumo inútil, terminaremos yendo a Xmatkuil, así que habrá que estar preparado para gasolina, estacionamiento, boletos y algunos juegos, más lo que se les antoje. Digo, del Centenario y Animaya ya están cansados también.

Les confieso que este mes me he vuelto religioso. Cada mañana rezo cinco misterios del rosario para que mi gasolina no se evapore, un Padrenuestro cuando cargo combustible, me persigno cuando paso frente al SAT, y prometo que si logro librar este mes por lo menos hay un triduo a Santa Eduvigis, princesa de Polonia, patrona de los adeudados, insolventes, desvalidos y pobres. Nomás cotizo con doña Leydi y ponemos la fecha.

Ahora, en una de esas surge alguna opción más interesante para sacar de paseo a la tribu. La clave estará en que reciban suficiente estimulación sensorial a bajo costo. Seguramente hay algo y se aceptan sugerencias. En una de esas me animo y me los llevo a alguna zona arqueológica como Mayapán, aunque eso será si hay algo de sol, porque si llueve lo único que voy a recibir serán regaños de La Xtabay por la cantidad de lodo que esos dos rapaces pueden acumular en su ropa, y créanme que es bastante.

En fin, lo meditaré con mi hamaca. Nomás que ahora tengo que poner periódicos abajo. No vaya a ser que la heladez me pegue en los pulmones y entonces noviembre se habrá llevado mi dinero y mi salud.

Mérida, Yucatán
jornalerojhonnybrea@gmail.com