Velvet Buzzsaw o 'la subjetividad mata'

De principio a film

Rodrigo González
Foto: Netflix
La Jornada Maya

Viernes 8 de febrero, 2019

Si algo puede llegar a ser complicado es definir y lograr un consenso sobre qué es y qué no es una obra de arte. Las opiniones van desde las que se fundamentan en el espectro más académico de la balanza hasta las que dan cabida y aplauden cualquier fenómeno expresivo. El mundo del arte contemporáneo y sus actores (artistas, galeristas, críticos, compradores, corredores y coleccionistas) son vistos en muchas ocasiones como un grupo extremadamente elitista cuyo aporte al arte es en realidad, muy pobre.

La comedia de terror Velvet Buzzsaw dirigida por Dan Gilroy, estrenada en Sundance y ahora presentada en la plataforma NETFLIX, aborda precisamente este universo. Gilroy, quien ya nos había sorprendido en 2014 con la fascinante Nightcrawler, ahora repite colaboración con Jake Gyllenhaal en el papel de Morf Vandewalt, un afamado crítico de arte, y nos sumerge al lado de un fantástico elenco (Rene Russo, Toni Collete, John Malcovich, Daveed Diggs, Zawe Ashton, por mencionar a algunos) en el mundillo de la élite del arte contemporáneo.

La historia comienza con la muerte de Vetril Dease, un artista completamente desconocido que deja instrucciones precisas para destruir toda su obra tras su desaparición. Sin amigos o familia cercana, la que saca provecho de todo esto es Josephina (Zawe Ashton), su vecina que, maravillada con la obra de Vetril, decide quedarse con las piezas de Vetril y usarlas para avanzar en su carrera profesional en la galería para la cual trabaja.

Una vez que la obra de Vetril sale a la luz y comienza a ser cotizada y vendida en cifras con muchos ceros, una serie de muertes comienzan a darse entre quienes de una forma un otra han sacado un beneficio de estas piezas. Morf, obsesionado con la vida del artista y empeñado en descubrir sus secretos, se va dando cuenta de un tétrico pasado que rodea la vida del artista y comienza a creer que esto es algo relacionado con las misteriosas muertes.

La ironía detrás del tema del comercio y la especulación dentro del arte es reforzado constantemente con una magnífica puesta en escena. Los espacios arquitectónicos, las mismas piezas utilizadas, los montajes en las galerías y el contexto urbanístico de Los Ángeles y sus alrededores logran crear una atmósfera ideal para este cuento de terror.

Gilroy ya ha demostrado en trabajos anteriores su gran capacidad para armar historias delirantes tanto como escritor y como director. Esta no será la excepción. Apoyado en excelentes actuaciones vemos como el misterio de las muertes se va desentrañando y al mismo tiempo nos sugiere que la subjetividad en el arte puede acabar con el arte mismo. Así, aporta de manera efectiva a la discusión la idea sobre la validez de las diferentes formas de expresión artística, la revalorización de los mismos artistas y al absurdo del proceso mercantil que encumbra o destruye de acuerdo a sus propios intereses.

En un apunte final, Rhodora Haze (Rene Russo, magnífica), la galerista que ha sacado más provecho de la obra de Vetril, termina por deshacerse de toda su colección de arte, sugiriendo así que esta es la única manera de salvarse, solo para ofrecernos un último giro dramático, y dejarnos con la idea de que el arte radica en el significo emocional de las piezas más allá de su logro técnico o su valor comercial.

Gilroy, sin hacer una obra maestra, nos ofrece una comedia genial que de seguro nos permitirá soltar involuntariamente una risa personal la próxima vez que visitemos una galería.

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