Laura Beristain y el riesgo político de la victimización

Mesa Chica

Hugo Martoccia
Foto:Juan Manuel Valdivia
La Jornada Maya

Lunes 11 de febrero, 2019

Una vieja costumbre política de Quintana Roo dice que el gobernador de turno suele tener a un alcalde como su principal enemigo político. Sucedió muchas veces en la historia, y el resultado ha sido casi siempre el mismo: el papel de víctima termina siendo aire político para el más débil y un nuevo problema para el más poderoso.

Quizá el caso extremo de estos enfrentamientos ocurrió a inicios de siglo, cuando el entonces gobernador Joaquín Hendricks arremetió contra el alcalde de Benito Juárez, Juan Ignacio García Zalvidea. La guerra política fue épica, y culminó fortaleciendo políticamente al popular Chacho, que se convirtió en candidato a la gubernatura.

En el medio, la estrategia de Hendricks incluyó uno de los momentos más infaustos para la democracia quintanarroense. El gobernador operó con diputados la desaparición del Ayuntamiento de Benito Juárez, e impuso a un Consejo Municipal ilegal e ilegítimo.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación nunca reconoció a ese Consejo, y terminó obligándolo a devolverle el poder a García Zalvidea.

La historia tuvo, como ya se dijo, momentos épicos. Se recuerda una masiva manifestación ciudadana que acompañó a Chacho a recuperar el Palacio, que terminó con una enorme gresca y el ex alcalde encarcelado (lo tuvieron que liberar horas después) o también el día en el cual el Consejo Municipal abandonó el Palacio por la puerta trasera, y por unas horas el edificio quedó desierto.

Esos pasillos a oscuras, sin funcionarios y sin ciudadanos, fueron el vivo retrato de una estrategia política que perdió de vista todos los límites.

Después de eso, Chacho alcanzó la cúspide de su popularidad. Sin embargo, no le alcanzó para ser gobernador: perdió en el año 2005 contra Félix González Canto.

Carlos, Remberto y Perla

El sexenio de Carlos Joaquín González no ha tenido aún un enfrentamiento de esa magnitud con un alcalde.

Fueron públicas las diferencias del gobernador con los ex alcaldes de Benito Juárez, Remberto Estrada, y de Cozumel, Perla Tun. Remberto pertenecía a un grupo político diferente, lejano y enfrentado al del gobernador, por lo cual la relación entre ambos se hacía naturalmente compleja, o casi imposible.

Lo de Perla fue diferente. El gobernador soportó hasta donde pudo la dureza de Perla, con quien consideraba que era imposible llegar a acuerdos, pero no soportó algunas faltas de respeto institucionales, que él consideró inadmisibles. Aún así, ninguno de los dos casos pasó a mayores, más allá de ciertos desencuentros circunstanciales, algunos incluso de alto voltaje.

La nueva enemiga

El inicio de las nuevas administraciones municipales parece haber traído una mala noticia en este sentido. La alcaldesa de Solidaridad, la morenista Laura Beristain, se convirtió, primero, en una piedra en el zapato del gobernador, y, luego, en el blanco de los ataques de un sector del joaquinismo.

Ambas partes se culpan de haber iniciado esa mala relación. En el entorno de Laura Beristain dicen que todo comenzó el día de su toma de protesta, cuando le generaron una situación de ingobernabilidad en el Cabildo. No pudo nombrar ni siquiera a su secretario general, y debió abandonar una sesión que no había concluido. Laura nunca dudó de que esa operación política inició en Chetumal.

En el Gobierno estatal aseguran que la ingobernabilidad en Solidaridad es un asunto de Morena, entre la alcaldesa y el síndico Omar Sánchez Cutis. Y que la base de las diferencias entre ambos niveles de gobierno no tiene nada que ver con ese problema del Cabildo, sino con la negativa de la alcaldesa a coordinarse con el Estado, sobre todo en el tema de seguridad.

Puede que haya un poco de razón en ambas versiones. Pero lo cierto es que esa guerra política sube de nivel, y comienza a volverse una preocupación para todos.

Caos administrativo

La gestión de Laura Beristain es, por decirlo con amabilidad, realmente mala. Aún en el propio entorno del morenismo reconocen que si no logran enderezar el rumbo de ese proyecto, estará más cerca de ser una calamidad que una administración regular.

Morena ha hecho esfuerzos para que eso no suceda. La misma dirigente nacional Yeidckol Polevnsky se involucró de manera directa en el tema, y puso a una persona de su confianza de manera permanente en la administración.

Pero Laura es inmanejable. Su gobierno, como se ha dicho en esta columna, es comandado por un triunvirato que conforman ella misma, y sus hermanos Luz María y Juan Carlos. Cada uno tiene sus propios puestos en la administración, cada uno sus propios intereses, y han convertido al gobierno en un festival de órdenes y contraórdenes.

Hasta hoy, el resultado de eso es lo que se puede observar a simple vista: un gobierno que comienza a sufrir un lento e inexorable desgaste, que irá reduciendo su bono democrático hasta la nada. Si todo sigue así, el municipio sufrirá duramente este trienio.

Oxigeno político

Pero increíblemente Laura parece haber encontrado el oxígeno político justamente allí donde están sus adversarios y sus principales problemas. Las constantes referencias de diversos actores del gobierno estatal en contra de la negativa de la alcaldesa de aceptar el Mando Único en seguridad, por ejemplo, no la ha debilitado. Incluso, en el entorno de la alcaldesa creen que los fortalece.

El Mando Único es un proyecto en ciernes que aún no tiene demasiadas medallas que mostrar. ¿Por qué la sociedad culparía a Laura de no adoptar ese proyecto, cuando Cancún, que sí lo aceptó, está en la misma situación de inseguridad que Solidaridad? Esa es la percepción ciudadana, y, debe entenderse, no la va a torcer ninguna operación política ni mediática contra Laura Beristain.

En el Gobierno esperan que sea la propia Federación la que discipline a Laura tarde o temprano, pero mientras eso no suceda cualquier presión que hagan se les volverá en contra.

Lo que se debe entender es que cuando haya una evidente mejora en el tema de seguridad, recién en ese momento, el Mando Único se podrá convertir en un activo político contra la alcaldesa de Solidaridad. No antes.

El show de la política

La alcaldesa se dio cuenta que puede aprovechar cada ataque que le hacen para buscar victimizarse. Si lo logra, no importa si lleva su gobierno al caos, siempre tendrá un salvavidas a mano. En el peor de los casos, podrá compartir la culpa con sus enemigos.

El Estado no encontrará ganancia alguna en todo eso. Y el problema central de esto es hasta donde pueden llegar las cosas. En los últimos días, por ejemplo, el enfrentamiento pasó de lo político a lo patético.

Una persona a quien apodan “el mago Jordi”, hizo una conferencia de prensa para pedir la destitución de Laura. Se peleó con la prensa, no supo explicar quién es, que quiere, ni a quien representa, y para colmo terminó embarrando en esa operación fallida al PAN y al Gobierno estatal.

Marshall McLuhan decía que el medio es el mensaje. Si nos atenemos a ese concepto, el mensaje que se dio es inconsistente y poco serio. Más allá de quien haya operado esa jugada política (si fue realmente un acción contra Laura, o “fuego amigo” en la terrible interna del oficialismo en Solidaridad) debe entenderse que salió mal, y que ese no es el camino correcto.

Laura Beristain, fiel a su estilo, cerró ese show también de manera penosa. Llegó al Palacio Municipal con un grupo de acompañantes con pancartas de apoyo. La alcaldesa ni siquiera entendió que, sin hacer nada, había ganado esa breve batalla. Le puso su propia cuota de sinsentido a una situación desopilante, en la cual la política rozó peligrosamente lo grotesco.