Familiares del diablo, quienes viven criticando a la Iglesia: Papa

Estas afirmaciones han caído mal no sólo entre las víctimas, sino entre analistas

Bernardo Barranco
Foto: Afp
La Jornada Maya

Roma, Italia
Jueves 21 de febrero, 2019

A un día de iniciar la cumbre antipederastia en esta ciudad, la atmósfera se tensa. Ayer se produjeron episodios contrastantes y malos augurios. Primero estalla una bomba mediática: el periodista francés Frédéric Martel presenta su libro titulado Sodoma, donde desnuda la homosexualidad de gran parte de la curia romana con su investigación.

Segundo: en la audiencia general de los miércoles, el Papa reprochó que las personas que se pasaban la vida denunciando a la Iglesia católica son amigos del diablo. Tercero: las víctimas que se reunieron casi dos horas con el comité organizador de la cumbre se quejaron de la ausencia del pontífice; los sobrevivientes se sintieron desdeñados.

Tanto Francisco como los organizadores han lanzado señales contradictorias sobre la cumbre. Han pedido bajar las expectativas, pero ellos mismos las generan con planteamientos contundentes. Le propongo ir por partes.

La jornada de este miércoles empezó a las 9 horas en las instalaciones de la Stampa de Estare, en el corazón de la vieja Roma, cerca de la Fuente de Trevi. El amplio auditorio estuvo repleto de representantes de medios de comunicación de diferentes partes del mundo. Ahí, el periodista francés Frédéric Martel afirma de manera contundente: cuatro de cada cinco sacerdotes que operan en la curia romana son homosexuales. Son cardenales, obispos, monseñores, diplomáticos y hasta miembros de la guardia suiza. Martel se manejó con soltura y humor. De entrada se reconoció gay. Como tal, sabe como nadie los códigos que un heterosexual jamás comprendería. El autor afirma haber entrevistado a mil 500 personas en una investigación que duró más de cuatro años para denunciar a decenas de actores religiosos que viven una doble vida. Martel afirma que 80 por ciento de los religiosos en el Vaticano son homosexuales. El autor analiza los eventos y escándalos en el Vaticano con esta clave: la homosexualidad, definida incluso como la causa de choques directos entre dicasterios, grupos eclesiásticos y pugnas de lucha por el poder como el Vatileaks. Este libro, dice el autor: "no es una crítica a la Iglesia, es principalmente una crítica a una comunidad gay un tanto especial; no critico a la Iglesia, critico a mi propia comunidad y esto es realidad". Hay una doble vida en el Vaticano, una existencia secreta subterránea amparados por una cultura del secretismo cómplice. Todos se encubren, todos se protegen a pesar de diferencias casi antagónicas. Hay grandes personajes clave en este drama: Angelo Sodano, Tarcicio Bertone, Leonardo Sandri y Alfonso López Trujillo, entre muchos otros.

El segundo suceso del día fue marcado por una afirmación polémica del Papa que ha sabido mal entre la comunidad de víctimas reunida en Roma. Ha sido una referencia anticlimática interpretada así por las personas abusadas. En efecto, a las 9:10, antes de la acostumbrada audiencia semanal con fieles de numerosos países, Francisco se encontró en la Basílica de San Pedro con los 2 mil 500 participantes en la peregrinación en favor de San Pío en el 50 aniversario de su muerte. Su reflexión improvisada más controvertida fue la siguiente: "Y los que se pasan la vida acusando, acusando, acusando, son: no diré hijos, porque el diablo no tiene ninguno, sino amigos, primos y familiares del diablo. Y no, esto no va; debemos señalar los defectos que (se deben) corregir, pero en el momento en que se señalan, se denuncian los defectos, se ama a la Iglesia. Sin amor, eso es del diablo". Estas afirmaciones han caído mal no sólo entre las víctimas, sino entre analistas críticos. La organización Término del Abuso Clerical (ECA, por sus siglas en inglés) lleva días de reunión en la llamada Cumbre paralela que han organizado en las intermediaciones de la Plaza de San Pedro. Este grupo se ha sentido aludido por el Papa. Se reconocen críticos de la Iglesia, pero no parientes del diablo. Incluso, se ha desatado un debate intenso para interpretar el mensaje del jerarca católico, así como la actitud que deben asumir ante la imprudencia de Francisco en momentos delicados.

El tercer acontecimiento clave que tuvo lugar la víspera de la reunión mundial de presidentes de las conferencias episcopales fue el encuentro de casi dos horas que sostuvieron 12 agraviados con el comité organizador. En la Vía Paulo VI en el centro Augustiniaum se dieron los diálogos. El Vaticano había encontrado a víctimas a título individual, ahora fue con organizaciones internacionales como la Red de Sobrevivientes de Abusos Cometidos por Sacerdotes (SNAP) y ECA. Ante las autoridades eclesiásticas encabezadas por Charles Scicluna y Federico Lombardi, los afectados expusieron sus experiencias, explicaron sus demandas y plantearon sus propuestas. El vocero del Vaticano, Alessandro Gisotti, expresó su satisfacción y agradecimiento a las víctimas por la sinceridad, la profundidad y la fuerza de sus testimonios, que ayudarán a comprender mejor la gravedad de los problemas que se abordarán en el encuentro. Pero muchos de los agraviados salieron insatisfechos. Primero porque no fueron recibidos por el papa Francisco, sino por los organizadores. Además, los monseñores organizadores del encuentro sólo tomaron notas para "transmitirlas" al pleno de los obispos. No hubo acuerdos. Muchas sugerencias, como cambios en el derecho canónico quedan al aire, liberar expedientes del Vaticano con las denuncias acumuladas contra los pederastas se quedó sin respuesta. Finalmente, algunas víctimas reconocen que hay muchos intereses de poder intraeclesiásticos que juegan contra el pontífice. Y sentencian, si el Papa no se abre más y hace de las víctimas sus aliadas, la estrategia antipederastia va a fracasar. La temperatura sube y las posiciones se realinean, ahora tienen la palabra los más de 190 obispos y cardenales de todo el mundo.