Un proyecto de muerte para Morelos

Excesos retóricos y simulaciones democráticas

Juan A. Mateos*
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Miércoles 6 de marzo, 2019

“Ya ves, Enedino,
Zapata, Jaramillo y ahora tú.
Tres personas distintas
y una misma muerte,
y una misma traición,
y una misma tierra. “
(Carlos Payán Velver, Por la tierra Enedino, Memorial del Viento, 2018)

Como todos están al tanto, el debate actual sobre la termoeléctrica en Morelos ha llevado a excesos retóricos, simulaciones democráticas y muerte. No es la primera vez y, terriblemente, tampoco la última. Se han publicitado las controversias por las cuestiones técnicas, ambientales y de riesgos. Sin embargo, poco se ha discutido sobre otros aspectos del Proyecto Integral Morelos (PIM) que es por cierto público, y que ha llevado a la Asamblea de Pueblos de Morelos (APPM) a calificarlo como “proyecto de muerte” y al Consejo Nacional Indígena como un proyecto que “destruye y despoja a los pueblos originarios, ejidos y comunidades de Morelos, Tlaxcala y Puebla…”. ¿Estas expresiones son acaso exageradas? Veamos.

El PIM incluye dos termoeléctricas, la ampliación y construcción de autopistas, rehabilitación de vías de ferrocarril que conecta a Morelos con el corredor interoceánico Golfo – Pacífico y la red ferroviaria nacional para transporte de mercancías. Se prevé la creación de zonas habitacionales y la ampliación de dos corredores industriales. Además, se considera que en el curso de los próximos 10 años llegaran 2 millones de habitantes nuevos a la región. Esta información es contundente. El destino de las comunidades y los pueblos que hoy se oponen al proyecto es su desaparición.

Es este destino que se quiere ocultar con el discurso y las acciones de las autoridades. No son sólo las termoeléctricas, es el Proyecto Integral Morelos. Hay una decisión que viene de tiempo atrás y que el gobierno actual parece haber asumido. No se trata solamente de asegurar una inversión de 25 mil millones que, por cierto, no está destinada a proporcionar energía eléctrica ni gas baratos a los pueblos vecinos, pero sí a las industrias que allí se instalen en aras de una modernidad falsa.

Resulta difícil, en este contexto, ignorar la muy poco creíble “consulta” realizada que permite continuar con el proyecto pretendiendo que hay una opinión de ciudadanos, aunque no se hayan realizado las consultas de ley, entre otras irregularidades. De un padrón de un millón 700 mil ciudadanos inscritos pertenecientes a los municipios de Tlaxcala, Puebla y Morelos incluidos en la consulta, sólo expresaron su opinión 55 mil 715; de los cuales se pretende tener un apoyo del 59.5 por ciento aproximadamente. Este dato significa que cerca de 20 mil habitantes, posiblemente, dieron un voto afirmativo, sin tener la certeza de que así haya sido. Ante el procedimiento utilizado, con toda legitimidad se puede dudar de las cifras y del sentido de los votos.

Al final de esta jornada todo parece indicar que hay formidables intereses económicos y políticos que prevalecerán por encima de los pueblos y comunidades que se niegan a aceptar su desaparición como destino. El Proyecto Integral Morelos, te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro, es, en efecto, “un proyecto de muerte”.

*Ex embajador de México en Kenya, Israel y Marruecos.


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