Propuestas para rescatar 'Las Interculturales'

Actualmente muchas de las Interculturales gravitan entre el marasmo burocrático

Gilberto Avilés
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Miércoles 12 de marzo, 2019

En el actual sexenio lópez-obradorista está en proceso de construcción y de arranque las sedes de las once Universidades para el Bienestar Benito Juárez García (UBBJ). En Yucatán se tiene contemplado la puesta en marcha de dos de ellas, en Ticul (Licenciatura en Educación Física y Medicina Integral y Salud Comunitaria) y en Yaxcabá (Ingeniería en Desarrollo Regional Sustentable). De igual forma está en proceso la construcción de la sede en Tihosuco y, al parecer, en Lázaro Cárdenas, Quintana Roo.

Estas universidades tienen como objetivo el hacer cumplir, a cabalidad, lo dispuesto por el artículo 3 Constitucional: toda persona tiene derecho a recibir educación por parte del Estado, que será gratuita “y tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”. Como respuesta a la concentración de las IES en zonas urbanas, las universidades para el Bienestar Benito Juárez García se encontrarán en municipios rurales o semi-rurales (como es el caso de las de Yucatán y Quintana Roo).

Las once universidades que están en proceso de iniciar cursos, son un aliciente y una esperanza, desde luego, para los pueblos indígenas de México, y para toda la gente de escasos recursos de este país, tanto jóvenes como adultos, que por cuestiones económicas no continuaron sus estudios universitarios. En las Universidades Benito Juárez García, señala una nota de prensa, no se cobrará “ni en inscripción ni en colegiaturas ni nada, aquí no pagan nada, ni el examen. Incluso, habrá un apoyo de beca mensual de 2 mil 400 pesos a cada estudiante”.

Dirán que las universidades BJJG tienen como antecedente a las Universidades Interculturales creadas en tiempos del derechista Vicente Fox Quezada. En tiempos de este personaje, en su sexenio se crearon casi todas las Universidades interculturales que existen actualmente en el país, y nadie, nadie protestó o señaló su molestia, como ahora muchos radicales, tanto tirios como troyanos, tienen la desfachatez de hacerlo. Estas universidades interculturales, según Sartorello, fueron creadas en el año 2002, y su creación se enmarcó “en las acciones desarrolladas como parte del Programa Nacional de Educación (2001-2006) para ampliar la cobertura de la educación superior hacia las regiones indígenas del país; en este sentido, forma parte de una estrategia integral que se sustenta en la implementación de programas compensatorios y de acción afirmativa dirigidos a mejorar el acceso y la atención de los jóvenes indígenas al nivel educativo superior. Entre éstos, el Programa Nacional de Becas para la Educación Superior (Pronabes) y el Programa de Atención a Estudiantes Indígenas (PAEIIES) de la ANUIES”.

Actualmente muchas de las Interculturales gravitan entre el marasmo burocrático y la debilidad investigativa y hasta de docencia, las tremendas cotas de poder en intramuros universitarios (es el caso de la UIMQRoo, pero no exclusivamente de esta), y la corrupción administrativa (casi todas).

En ellas, cuenta más una especie de “indio imaginario”, folklorizado y “xkaret-izado”, visto desde las anteojeras de unas ciencias sociales culturalistas, positivistas y no comprometidas con la lucha real en torno a la liberación de los pueblos indios. Entre la simulación de derechos y la retórica de la interculturalidad por parte de un profesorado mismo que se mueve siguiendo las lógicas de las universidades tradicionales, a más de una década del funcionamiento de éstas urge una revolución en sus estructuras y postulados mismos.

Esto tiene que ver con la forma en que fueron gestadas las UIES, dándole un margen mayor a los grupos de poder en los estados en que fueron implementadas. Lo señaló claramente en su momento Andrés Fábregas Puig, al hacer un recuento de su paso como rector fundador de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH): la debilidad más grande de la UNICH, pero no solamente de la UNICH, vale lo mismo para otras Interculturales, está en su diseño como organismo descentralizado del gobierno de Chiapas. “Ese grave error de diseño –apuntó Fábregas Puig- puso a la Universidad en manos del gobernador en turno y ello fue la causa de su declive”.[3] La idea que defiendo, tal vez, para el posible resarcimiento de las UIES, sería de que el nuevo gobierno federalice y tenga el control de mando de las UIES actuales, toda vez que muchas de ellas se mueven en el perfil que antes he señalado.

La idea es otorgar una mayor federalización a estas importantes universidades que son parte vital de las comunidades indígenas donde se encuentran.

Las universidades que contempla el nuevo gobierno federal, rescatan lo mejor de las UIES y le agregan un fuerte basamento federal para contrarrestar la cacería de brujas, los enquistamientos podridos de poder, los botines académicos-políticos, los favores a la hermana o el hermano idiota del influyente en turno, y desde luego que se tienen que amoldar a la democratización y la libertad plena tanto para el profesorado y la relación administración-alumnado y rectores con obligado perfil que posibiliten el conocimiento de las diversas realidades de los pueblos y comunidades de México.

Frente a esto, las Interculturales fallidas, con su retórica neo indigenista, sus simulacros de diálogos, su fuerte dependencia a histéricos secretarios sectarios estatales de educación que ni les interesa la educación de los indígenas por razones que tienen que ver con el racismo epistémico, y sus cochupos en intramuros universitarios, tienen que modificar, están obligadas a modificar el rumbo, o puede que se queden hasta sin alumnos y maestros.

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