'Avengers: Endgame' o la infantilización cinematográfica

De principio a film

Rodrigo González
Foto: Especial
La Jornada Maya

Viernes 3 de mayo, 2019

Antes de que las huestes defensoras del universo cinematográfico de Marvel se lancen en contra de este colaborador y de este diario, refugio de la verdad y campeón del periodismo honesto, debo aclarar que la película Avengers: Endgame es una verdadera joya del entretenimiento audiovisual masivo. Hollywood at it's best, la pura crema de la pantalla grande veraniega, el Juan Camaney del box office, blockbuster de los mil millones como mínimo.

A nivel técnico poco o nada hay que reprocharle. La cargada del ejército formado por cientos de los mejores artistas audiovisuales de la industria hacen gala de sus talentos (y de su acceso a un presupuesto casi tan infinito como las gemas) en cada una de las secuencia que forman esta fabulosa orgía visual y sonora de tres horas de duración: ningún detalle sobra y cuando parece que sí lo hace, los conocedores y los expertos nos aclararán que está ahí para cerrar alguno de los cientos de círculos narrativos que habría dejado la trama a lo largo de 11 años y 22 películas.

Ojo, en un esfuerzo de este calado nada es fortuito. Ni los guiones, ni las actuaciones, ni la selección de personajes que desaparecen, mueren, se sacrifican o regresan. Todo responde a esta enorme maquinaria llamada Hollywood la cual a través de Marvel ha creado una de las franquicias más rentables de todos los tiempos y un nuevo subgénero cinematográfico.

La llegada de Iron Man en 2008 de la mano de Robert Downey Jr, un actor considerado de riesgo en aquellos años y del director John Favreau, quien en ese momento tenía a sus espaldas el estigma de un par de fracasos cinematográficos previos y se enfrentaba quizá a la última oportunidad de su carrera, vino a salvar de un tajo a un estudio a punto de la quiebra. El drama detrás de la construcción de la historia, la humanización del personaje, la madurez y sentido adulto con el que siempre se le permitió hablar al súper héroe vino a convertirse en la clave para la creación del eslabón emocional con toda una generación de fans (adultos) que dejaron de ver las películas de súper héroes extraídos de los cómics como mero entretenimiento infantil.

El proceso de utilizar a estos personajes -The Avengers- como vehículos para la renovación de mitos y arquetipos sociales comienza a entrelazarse a lo largo de la saga con los intereses económicos y mercadológicos propios de la industria y quizá, debido a eso, el buen drama que le caracterizó en un principio y los buenos guiones fueron diluyéndose poco a poco para dar soluciones cada vez más simples -viajemos en el tiempo y arreglemos todo-, suavizar e infantilizar a los personajes -“come tu ensalada”, le aconseja su madre a un Thor panzón e inmaduro- haciendo que ese vínculo logrado con una audiencia adulta se fracture.

Pero ojo, ya dijimos que en un esfuerzo de este calado nada es fortuito. Esa audiencia adulta ha cumplido con su cometido que era poner miles de millones de dólares en los bolsillos del estudio. Ahora, una nueva generación más joven está lista para la siguiente etapa y para empezar de cero con nuevos personajes, nuevos actores, nuevos dramas, mismos mitos y mismos arquetipos sociales.

Para los que con el final de Endgame nos quedamos fuera de la partida -para mi, al menos- nos quedará un sabor agridulce. Voy a recordar con cariño a ese Iron Man que subía strippers a su jet privado mientras internamente se debatía entre salvar al mundo o salvar su contrato con los militares y que termina convertido en el Iron Man que se sacrifica no para salvar al mundo, si no para dejarle un mundo a su hija y que sea ella, y aquellos que se quedan, quienes hagan el esfuerzo de salvarlo, de hacerlo mejor.

Nuevamente, esta infantilización cinematográfica viene para recordarnos el significado de las nuevas generaciones, del proceso que viene y de los momentos en los que nos toca aprender que su paso es inalterable, y no se detiene, tal como en su momento, no se detuvo el nuestro.

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