Enlace y divulgación

El papel de un divulgador consiste en propiciar conexiones ajenas después de realizar las propias

José Juan Cervera
La Jornada Maya

Martes 14 de mayo, 2019

El papel de un divulgador consiste en propiciar conexiones ajenas después de realizar las propias, para propagar así un conocimiento al que siempre será posible sumar nuevos enlaces.

Como puede verse, el asunto no se reduce al acto de suplantar un ejercicio que cada quien tendrá que realizar por su cuenta si algo logra discernir del mensaje recibido, sino que se relaciona más bien con el gozo de compartir significados en el proceso de descubrir otros nuevos, concibiéndolos como bienes sociales, no como un patrimonio individual.

En este terreno, el método positivista de acumular datos con exaltada obsesión sólo tiene sentido cuando llega el momento de atribuirles un valor dentro de un contexto específico, como cuando una criba metafórica realiza su función acicalando a unos cuantos para hacerlos posar en la foto mientras los demás quedan confinados en la mazmorra de las reservas de información. Aquí no obra la magia sino el olfato junto con la experiencia esclarecedora.

Por las razones expuestas, sería justo recordar a aquellos que encontraron deleite en sugerir fuentes portadoras de sustancia y aprendizaje, sin juzgar de antemano la capacidad recolectora que cada uno pondrá en juego ni el uso que le dará a su cosecha. Si alguien decide perseguir quimeras, otro preferirá dejarlas pasar a un lado mientras se ocupa con sobriedad en fijarse metas razonables, sin perder de vista sus alcances graduales.

Los especialistas de la investigación académica saben que los productos de su trabajo no llegan de manera inmediata a una masa lectora de composición heterogénea, sino más bien a sus pares, y es por ello que cuando los expertos de un tema eligen ampliar su campo de recepción, pueden asumir la tarea de divulgadores cuya personalidad ubicua estimule vocaciones insospechadas, acaso sin proponérselo. Quienes cultivan las humanidades llegan a vivir de cerca estas experiencias que no excluyen a otras áreas del conocimiento, porque siempre hay un campo preciso para reflexionar sobre los pasos dados.

Si se brinda atención preferente a la historia y a la literatura de los estados que conforman la península de Yucatán, aflorarán los nombres de varios cultores de la divulgación en épocas sucesivas, unos recordados con más fortuna que otros, quienes se valieron del libro o de la anotación periodística para darle eco a sus palabras. Cabe aquí el registro biográfico, que en su tiempo Francisco Sosa marcó con ejemplaridad.

Puede reconocerse la labor que con este propósito efectuaron en décadas no del todo olvidadas Manuel López Amábilis, Conrado Menéndez Díaz, Felipe Escalante Ruz, Fidelio Quintal Martín, Jaime Orosa Díaz y Eduardo Tello Solís, y en años algo más cercanos Arturo Menéndez Paz, Roldán Peniche Barrera y Gaspar Gómez Chacón. Como no se trata de una lista exhaustiva, nada impide citar estos nombres en representación de otros que les son afines.

Eduardo Tello Solís (1936-2003), médico de profesión, rememoró por ejemplo a Ignacio Magaloni Ibarra, Ricardo Mimenza Castillo y Carlos Duarte Moreno, escribiendo un libro sobre cada uno de ellos. También fue autor de un volumen que, con el nombre de Veinte semblanzas de yucatecos distinguidos, editó en 1977, y en él predominan los escritores: Justo Sierra O’Reilly, José Peón y Contreras, Antonio Mediz Bolio, Javier Santamaría, Fernando Juanes G. Gutiérrez, Néstor Rubio Alpuche y Jaime Tió Pérez. El autor ofrece información básica pero suficiente para hacerse una idea cabal de las contribuciones de esta veintena de yucatecos ilustres.

Incluso los investigadores más experimentados saben del avistamiento oportuno de un indicio promisorio entre las páginas de algún modesto libro de divulgación, lo que lleva a considerar la importancia relativa que la variedad de fuentes documentales puede brindar a quienes buscan desentrañar la significación de un proceso histórico, con la expectativa de aproximarse con más fidelidad a su objeto de estudio.

Mérida, Yucatán
josejuan.cerverafernandez@gmail.com