Profesor que no ame a los niños, mejor que se retire: veterana educadora

Maestra Guadalupe Trujillo, con más de 50 años de trayectoria

Texto y foto: Gabriel Graniel Herrera
La Jornada Maya

Ciudad del Carmen, Campeche
Miércoles 15 de mayo, 2019

“Hoy, lo que me mantiene viva es el amor que di a mis niños y el amor que ellos me dieron durante muchos años que fui maestra. Por eso les digo que el profesor que no ama a los niños, que mejor se retire”, expresa con lágrimas en los ojos la profesora María Guadalupe Trujillo Castillo, al recordar sus años de educadora.

Nativa de Ciudad del Carmen, la maestra recuerda que nació el 15 de enero de 1926, en el barrio más antiguo de la isla: el Guanal, en donde su hermana Joaquina, al concluir el sexto grado de primaria, fue invitada por el entonces presidente municipal, Joaquín Alayola Prieto, para dar clases en la incipiente ciudad.

“Es de ahí, al ver la dedicación y la pasión con la que Joaquina checaba sus listas de asistencia, preparaba sus clases, se iba a la escuela, que nació en mí el interés de estudiar para maestra”, recuerda.

El estudio, al azar

Motivada tras concluir la primaria, contando apenas con 12 ó 13 años, María Guadalupe viajó a Hecelchakán, donde presentó el examen y logró quedarse como alumna de la Escuela Normal Rural Justo Sierra Méndez.

Sin embargo, al haber más alumnos varones que mujeres, la Secretaría de Educación Pública determinó dividir y que sólo los hombres se quedaran, enviando a las mujeres a una ex hacienda, Huyankén, de donde poco a poco fueron desertando por las condiciones en que se encontraba. Al quedar ya muy pocas, las autoridades instruyeron cerrar las instalaciones y enviar a las alumnas a Mérida para que ahí continuaran su formación.

Estando el Yucatán, se le indicó que para poder continuar sus estudios debía ir hasta Palmira, localidad ubicada a tres kilómetros de Cuernavaca, en el estado de Morelos; por lo que debió regresar a Ciudad del Carmen para obtener el permiso firmado de sus padres.

“Cuando mi padre vio el mapa me dijo que me olvidara de ser maestra y que mejor estudiara enfermería en Veracruz, donde vivía mi hermana. Pero yo quería ser maestra”, narra. Sobra decir que, con muchas penas, logró obtener el permiso.

Por entonces, las comunicaciones no eran tan favorables como ahora, ya que se tenía que viajar de Yucatán a Campeche en ferrocarril y de Campeche a la isla en canoa, haciendo un recorrido de 24 horas.

Al llegar a Palmira, Lupita Trujillo se topó con que sólo había cuatro mujeres de Carmen en este sitio, una de ellas su amiga Rosa María Chulines, con quien había iniciado los estudios en Hecelchakán.

Una pasión y un laurel

Por entonces tuvo contacto con lo que cambiaría su vida profesional, al ser invitada a un curso que resultó ser sobre educación preescolar.

Tras dos años de estudios en Palmira, regresó a Carmen para suplir por tres meses una incapacidad en la escuela Mariana Rodríguez. Posteriormente fue enviada a Sabancuy, donde inició su labor docente.

En 1951 volvió a Ciudad del Carmen para trabajar en un plantel donde marcaría un precedente: el jardín de niños Adela Pacheco Blanco, con un nombramiento expedido por Septimio Pérez Palacios.

Uno de los recuerdos más significativos de este plantel es un laurel que sembró con sus alumnos. El árbol, pese a la remodelación que se le hizo a la escuela luego de las afectaciones que sufriera por el paso del huracán Ópalo, aún permanece en pie.

La maestra Guadalupe se retiró del servicio docente en 2004, siendo supervisora de zona, con el cariño de varias generaciones de alumnos.