La barrera de los tres dígitos

En 'La Jornada Maya' tenemos motivo para estar alegres: a pocos días de cumplir 4 años alcanzamos las mil entregas

Felipe Escalante Tió
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Lunes 17 de junio, 2019

De unos años para acá, la convivencia infantil se ha vuelto aséptica. Muchos de los juegos que conocimos hoy están en la categoría de bullying, especialmente esos que a la mala nos ponían mentalmente a la defensiva de los compañeros, y en particular esos que por diversión se le aplicaban al que se adivina como menos alerta. Para que no se diga que uno es el agresivo, varios de estos “juegos” los documentó A. Jiménez en el segundo tomo de Picardía Mexicana, en el capítulo denominado “Rosas de la infancia”.

Así, en época de heladez, los de prescolar preguntábamos “¿tienes frío?” y si la respuesta era afirmativa largábamos un “¡tápate con la capa de tu tío!”. Esto solía provocar el enojo de la víctima.
Poco más grandecitos, los que teníamos los seis años bien cumplidos, nos lanzábamos mutuamente todo un repertorio de retos: “A ver, di mil”, comenzaba el desafío, “Mil… ¡come la miarda del albañil”, segundos después se escuchaban las carcajadas del bromista. La víctima aprendía: hay que tener cautela y lo mejor es responder a las provocaciones con la cabeza fría.

Tal es el caso este día. Sí, en La Jornada Maya tenemos un muy buen motivo para estar alegres: a unos cuantos días de cumplir cuatro años, rompemos la barrera de los tres dígitos y alcanzamos las mil entregas. Para nosotros sí es una meta, tomando en cuenta la crisis por la que está atravesando el periódico impreso ante el reto de las redes sociales, y porque sabemos que hay quienes apostaron porque desapareceríamos mucho antes.

Hemos tenido momentos en los cuales pensamos que la apuesta en nuestra contra tenía razón. Hoy, sin embargo, estamos aquí, entregando nuestro número mil. Esto tampoco quiere decir que hayamos logrado garantizar que permaneceremos otros mil números, pero si hacer periodismo es atravesar una selva en barco, ya conseguimos poner el viento detrás de nuestras velas y el navío está en el agua.

Algunos de los que iniciaron el viaje han optado por bajarse, y con buena voluntad ahora forman parte de otras tripulaciones. La amistad forjada en el astillero y en esos primeros temporales, continúa. Otros han llegado y nuestra tripulación es también más grande que el puñado de locos encargado de lanzar aquellos caóticos primeros números.

Sin duda, el de hoy es un ejemplar mucho más cuidado que nuestro primer número, aunque la elaboración de éste sea imposible de olvidar, con su programación de páginas diagramada en un pizarrón. Hoy, ya con una pizarra digital, el proceso es mucho más familiar y el equipo de diseño y edición tiene claro que el periódico de mañana saldrá todavía mejor, o al menos a eso aspiramos.

A pesar del logro, tenemos que mirar nuestra realidad: mil entregas, en Yucatán, es poco cuando tomamos en cuenta a las demás empresas periodísticas, que ya suman décadas, cuyos tirajes son mayores al nuestro, así como su presencia en el gusto del público lector. Eso nos alegra por haber alcanzado una marca, pero estamos en el momento en que el ego nos mira de frente y nos dice “a ver, di mil”.

Pero lo que haremos será observar la dirección del viento, medir la profundidad del agua, mirar al cielo en busca de nubarrones, ajustar el rumbo en el timón, y entonces nuestra respuesta será “mira, cierro y ya estoy pensando en la entrega de mañana”.

Mérida, Yucatán
felipe@lajornadamaya.mx