Los viajes ilustran

En Mesta, algunas casas tenían la llave pegada a la cerradura de la puerta

Texto y foto: Margarita Robleda Moguel
La Jornada Maya

Martes 18 de junio, 2019

Dicen que los viajes ilustran. Son como la literatura o el arte en sus distintos vehículos; como el amor; su contacto nos cambia, transforma. Después de su aproximación las cosas nunca vuelven a ser igual.

En estos últimos tiempos tuve oportunidad de visitar algunos países muy lejanos a nuestra cultura, a nuestra historia. Sin embargo, ya de regreso, confirmo algo que desde hace rato voy afinando: independientemente de la lengua, la historia, el color, edad o forma del envase que nos contiene, nos parecemos tanto. ¿Qué queremos? Amar y ser amados, ser útiles, participar.

En Seúl percibí el dolor que prevalece en el pueblo por la división de las Coreas y un dejo de añoranza de los jóvenes por su cultura ancestral, razón por la cual rentan trajes de época para pasear los fines de semana por sus parques y palacios.

En Japón también me envolvió la nostalgia de los tiempos pre tecnológicos y es así como resurgió la recuperación del amor por sus jardines y ceremonias del té, por vestirse de kimono y recuperar, en ritos antiguos, aquello que es trascendental en sus vidas, como el del matrimonio.

El contacto del japonés con la delicadeza, para no importunar al otro, me hizo caer en cuenta de la urgencia de un código de comportamiento que tendríamos que tener los turistas. De pronto me reconocí como parte de una horda de gente tosca que atropella, juzga y sentencia en medio de gran escándalo, gritos y exigencias. Me sentí intimidada. ¿Cómo tendríamos que acercarnos a lo distinto, lo diferente, sin pensar por eso que es de menor calidad o importancia?

En uno de los pueblos, algunos turistas se metieron al patio de una casa de techo de paja para tomar fotos y el dueño salió gritando: “go home”. Pensé en el grado de desesperación que debe de haber sentido el local por la invasión continua a su intimidad por tratarse de un sitio Patrimonio de la humanidad para haber reaccionado así.

Japón me transformó. Nunca será igual mi acercamiento a otras culturas. Lo prometo.

Turquía desbancó a Televisa y se ha convertido en la Meca de las telenovelas. Parece ser que el gobierno produjo varias series históricas para la población sin prever que tendrían un enorme éxito en el exterior. Resurrección, Ertugrul, en Netflix, cuenta la historia de Turquía. En ella Ertugrul, padre de Osman, el fundador del imperio otomano, lucha contra los mongoles, cruzados, bizantinos y algunos turcos ambiciosos.

La serie me preparó para estar más alerta del paso de la historia y las transformaciones de las culturas al poder ver que todos los seres humanos viven las mismas historias en todos los rincones del orbe, que buscan entender el sentido de sus vidas en las distintas épocas de la humanidad. Es el Cien años de soledad de nuestro querido Gabo, que se repite hasta el infinito.

Santa Sofía, con sus mil 500 años de historia es una muestra fehaciente de ello.

Sin embargo, lo que más que llegó, no fue ni el avance en la robótica, ni la impactante muestra arquitectónica de Seúl, tampoco los centros comerciales con las marcas más sofisticadas, ni el tamaño de sus aeropuertos, y es que, en Mesta, un pintoresco pueblito medieval del siglo 14 en la isla griega de Chíos, a sólo 7 kilometros de distancia de la costa de Turquía, nos llamó la atención que algunas casas tenían la llave pegada a la cerradura de la puerta. El guía nos dijo que esa es una señal de que ahí vive una persona mayor y la llave permite que los vecinos entren a ver si se le ofrece algo: compras, medicinas, apoyo; si necesita que le cocinen, limpieza de la casa, platicar, compañía y cariñitos. Esto, me dije, realmente es ser del primer mundo al que todos tendríamos que aspirar; donde todo ser humano, independientemente de su edad, género y condición, es parte de una comunidad que lo acompaña y arropa en todos los momentos significativos de su vida.

Sí, los viajes ilustran y, de regreso, descubro que ya no soy la misma que se fue un rato a circular por otros mundos.

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