El conquistador legítimo de México

1519

Ulises Carrillo*
Foto: Ap
La Jornada Maya

Miércoles 10 de julio, 2019

En este país los rituales lo son todo, especialmente los rituales del ejercicio y arrebato del poder. Mientras en el resto del mundo y los lugares racionales de esta patria, el verano es para descansar y reflexionar, aquí julio es el mes de la batalla campal por el control de las instituciones, es el mes de las elecciones. Uno no puede dejar de creer que esa tradición la inició Hernán Cortés.

El 10 de julio de 1519 Hernán Cortés informa, en su primera Carta de Relación al emperador Carlos V y su madre Doña Juana, que se ha instaurado el Cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz y que ese cabildo lo ha nombrado capitán general y justicia mayor.

En pocas palabras, Hernán Cortés convierte la conquista de México -con el rito del Cabildo veracruzano- en un proyecto personal que tiene la apariencia de legitimidad plena.

Cortés había llegado al territorio de lo que algún día será México bajo la autoridad del gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, así que la conquista no era suya, ni las riquezas, las tierras y menos la gloria.

El empecinado conquistador necesitaba deshacerse de la autoridad del gobernador de Cuba, quien había sido su tutor y principal respaldo a lo largo de su carrera política y militar. Cortés, quien se había casado con la cuñada de Velázquez, necesitaba cortar el hilo de autoridad que lo sujetaba a quien había sido su protector y promotor, para tomar control pleno de las cosas, por lo que organizó un truco legal para legitimarse.

Decidió, con sus más cercanos aliados, fundar una ciudad y darle un Cabildo. Bajo las leyes de ese tiempo, una ciudad con Cabildo gozaba de absoluta autonomía para nombrar un capitán general que pudiera lanzarse con toda autoridad a la conquista del Imperio Azteca.

Cortés inventó una ciudad y un Cabildo para que le pudieran dar a él un legítimo mandato y adueñarse del nuevo territorio, sin compartir las riquezas y la gloria con nadie más (salvo el monarca español). Ese 10 de julio de 1519, Hernán Cortés se convirtió en el legítimo conquistador de México.

La historia es bromista y la historia mexicana hace quedarse corta a la ciencia ficción, porque el nuevo conquistador de México hizo exactamente lo mismo y lo hizo en la misma fecha.

El nuevo jinete

Sí, el 10 de julio de 2014, el mismo día y el mismo mes en el que Cortés inventó su Cabildo veracruzano; el nuevo conquistador tuvo su primer día con su personalísimo partido político, Morena, ya aprobado por la autoridad electoral. El nuevo jinete necesitaba de un instrumento a modo para salir a adueñarse del territorio y siguió la estrategia creada cinco siglos antes para conseguirlo.

No puede ser casualidad, tiene que ser augurio. Los dos monstruos que salieron al campo de batalla a ganar y transformar el paisaje social, cultural y político, crearon sus ficciones rituales el mismo día y mes. Hay que saber reconocer las señales cuando la historia nos las manda. Demasiadas coincidencias suenan más a profecía que a simple azar.

El conquistador de estos días necesitaba deshacerse de quienes lo habían apoyado, respaldado y dado posibilidades a su carrera política, pero que ahora querían opinar y ser escuchados. Había que deshacerse de Cuauhtémoc (no el de Tenochtitlán, sino el del Tata Lázaro). Había que borrar de la faz de la tierra legados como los de Heberto Castillo, porque la conquista necesitaba un razonamiento monolítico.

Atrás debían quedar 1968 y 1988 con sus arcoíris de opiniones. Se necesitaba un nuevo Cabildo (perdón, un nuevo partido político) para definir estrategias sin más voz que la suya y sin más guía que la de él. Todo debía ajustarse a su persona, como traje a la medida, para reconstruir el México-Tenochtitlán que el nuevo conquistador añora con nostalgia de infante de escuela primaria.

El conquistador de estos días quiere restaurar la grandeza de Tenochtitlán que Cortés destruyó. Así lo clama al celebrar la anualidad de su triunfo frente a la catedral que se construyó con las piedras arrancadas del Templo Mayor, el Templo dual de Tláloc y Huitzilopochtli en la Ciudad en el Lago. Para lograr ese objetivo necesita de rituales que parezcan instituciones, pero que no son sino caballo y montura a modo para la batalla que él está desatando. Su antecesor hace 500 años hizo lo mismo y triunfó, es estrategia probada.

Hernán Cortés inventó Cabildo y puestos, el nuevo jinete 500 años después creó su gabinete legítimo y sus siervos de la nación. Uno les escribió cartas a los reyes, el otro les presentó consultas a sus ciudadanos y le habla directamente al mítico pueblo. Uno repartió tierras y riquezas aún por conquistar, el otro becas y apoyos que llegan directo a tarjetas bancarias.

La conquista de 1519 terminó de ensamblarse el 10 de julio de 1519, cuando Cortés evalúa que la tierra a la que acaba de llegar es tan rica y vulnerable, que decide correr el riesgo montar un rito teatral de legitimidad.

La conquista de 2019, no nos dimos cuenta, inició también un 10 de julio, cuando quien ahora es el nuevo triunfador tuvo en sus manos el registro del partido que lo postularía, le daría la autoridad que buscaba, le sería incondicional y le permitiría disponer a su antojo de recursos y huestes.

No hicimos el debido registro de la trascendencia de lo que estaba pasando el 10 de julio de 2014, como Moctezuma probablemente ni se enteró de la instauración de un cabildo en Veracruz en 1519.

Quizá ahora que las coincidencias son demasiadas, es tiempo de sacar el libro de historia, desempolvar los cuadernos de texto y empezar a revisar lo que la historia tiene almacenado para nosotros.

Lo único cierto es que este México no descansa en los veranos, sino sale a combatir a sangre y fuego para traer una nueva religión cívica o sacra, para romper modelos económicos y sociales, para hacer que lo que decidamos hoy, sea irreversible para los que vengan.

*Analista y escritor, meridano.

Mérida, Yucatán
ulises.carrillo.mx@gmail.com