La esperanza no muere

Para el sur de Quintana Roo siguen pendientes varios ofrecimientos oficiales

Jesús Hernández
Foto: Michael Wong
La Jornada Maya

Martes 16 de julio, 2019

Como niños en espera del juguete que les ofrecieron hace años, o infantes hambrientos que sueñan que un día recibirán buenos alimentos y en abundancia, los empresarios chetumaleños en particular y la población del sur del estado en general, mantienen sus sueños de que en la región mejorarán las condiciones económicas. Esas esperanzas son renovadas con cada visita a la entidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha insistido en lo bondadoso que resultará la zona libre local y la abundancia de empleos y dinero que traerá la construcción del Tren Maya. Pero los plazos no llegan.

Ya no esperan la reactivación y diversificación en el corto plazo del comercio por la llegada de las familias que llegarían con el traslado de la Sectur a Chetumal, que de paso aumentaría la construcción y renta de viviendas pues, recientemente, el titular de esa dependencia, Miguel Torruco Marqués, aclaró que solo una representación de dicha Secretaría operará en esta ciudad; la mayoría de las direcciones continuará en sus oficinas centrales. Dio a entender que les sería difícil a los funcionarios de Turismo atender los asuntos del ramo del centro y norte del país desde la capital quintanarroense asentada en el extremo sur de México.

Para el sur de Quintana Roo siguen pendientes varios ofrecimientos oficiales: el retorno del régimen de zona libre, o zona franca, la consiguiente disminución del IVA y otros impuestos; los beneficios del Tren Maya; la creación de un recinto fiscalizador, y el traslado, ahora parcial, de la Sectur.

Desde que concluyó el régimen de zona libre, los empresarios se han quejado del poco apoyo federal que recibe Chetumal. No es un secreto que el mayor número de empleos en esta ciudad los ofrezca el gobierno, en sus tres niveles; la actividad comercial no repunta, aunque muchos beliceños llegan a la capital quintanarroense en plan de compras, y la industria es mínima. Varias empresas han abierto y cerrado al poco tiempo pues, entre otras cosas, es difícil encontrar mano de obra calificada como también lo es encontrar trabajadores que acepten ganar el salario mínimo; incluso las trabajadoras domésticas cobran de 150 a 200 pesos diarios.

Chetumal está catalogada como una de las ciudades más caras del país, pues la mayoría de las mercancías se traen del centro del país por carretera; otras vienen de Yucatán. Por otra parte, pareciera que por los acontecimientos más recientes pues se han registrado varios homicidios, la ciudad tiende a perder su añeja tranquilidad y también han aumentado los robos domiciliarios y a comercios pero ya llegaron los primeros elementos de la Guardia Nacional. A los delincuentes se les dificulta escapar pues la ciudad tiene una sola salida que, al terminar la zona urbana, se bifurca hacia Belice y Bacalar. Esta última puede llevar a Escárcega o a Mérida.

El cultivo de la caña de azúcar en la ribera del Río Hondo es rentable, pero no lo han sido una juguera que procesaría la naranja de los corredores frutícolas, una pasteurizadora de leche y productora de queso, una fábrica de ropa de mezclilla y otras que cerraron unos meses después de abrir. Otra actividad exitosa es la extracción de chicle que, con la marcha “Chicza” se vende en buenas condiciones en más de 25 países, la mayoría europeos.

Aquí está Chetumal con sus chetumaleños, en espera de tiempos mejores que parecen muy lentos en llegar.

jeshermarti@hotmail.com