Vivir en la contradicción

¿Por qué la tozudez en rechazar el matrimonio igualitario en Yucatán?

La Jornada Maya
Foto: Enrique Osorno

Martes 16 de julio, 2019

Pareciera que la Comisión de Puntos Constitucionales y Gobernación del Congreso del estado no hizo su trabajo, o su esfuerzo fue insuficiente para fortalecer la iniciativa de modificación del artículo 94 de la Constitución para reconocer el matrimonio entre dos personas, independientemente de su sexo. Así pareciera, porque aunque su presidente, la diputada Karla Franco, refirió previamente que la iniciativa se había enriquecido con jurisprudencias, la votación fue idéntica a la del pasado 10 de abril, incluso se repitió el número de la votación cedular.

Así, los diputados escogieron mantener el desacato a la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y por lo visto no les preocupa la permanencia de un artículo discriminatorio en la legislación local. ¡Vaya contradicción para un estado que presume ser la cuna del juicio de amparo, el proceso legal protector de las garantías individuales por excelencia! Y la 62 Legislatura nos está condenando a vivir en ella.

Vivir en la contradicción, sí, porque la decisión del Congreso significa violentar el principio de equidad ante la ley. No se trata de si la población homosexual es una minoría. Se trata de que sus uniones sean reconocidas legalmente de la misma manera que las heterosexuales, cuestión que les permite acceder a créditos de vivienda, pensión de viudez y garantías sobre el patrimonio que formen en el tiempo que dure la relación. Se trata de que la ley aplique igual a toda la población, independientemente de la orientación sexual.

Vivir en la contradicción, porque el sector turístico ya comprendió que las parejas homosexuales son un nicho muy atractivo por las divisas que genera. Pero es también un sector que se ha politizado y con la mano en la cintura puede decir "ahí no voy porque no aprueban el matrimonio igualitario".

No, no se puede ofrecer "turismo gay friendly" cuando se mantiene a este sector como ciudadanía de segunda clase.

Vivir en la contradicción, pues sin miedo a equivocarnos, en las mismas familias de nuestros legisladores hay alguien homosexual, a quien hoy mismo volvieron a desconocer como hermano, primo, tía, hija, o incluso padre o madre. Prácticamente todos tenemos un familiar homosexual a quien solamente le deseamos que sea feliz. ¿Se vale ser un obstáculo para esa felicidad?

Los obstáculos simplemente se superan. A veces toma tiempo, a veces esfuerzo, a veces ambos en distintas proporciones; pero los obstáculos nunca son para siempre. Las parejas homosexuales seguirán formándose, casándose mediante amparo las que cuenten con los recursos para ello –aquí sí podemos hablar de un "impuesto gay"– y también seguirán naciendo dentro de las familias, y formando las propias; porque, admitámoslo, parejas formadas por hombres o por mujeres están cuidando a niños, haciéndose responsables de darles comida, educación y formación en valores como la solidaridad, la inclusión, el respeto. Esto es una realidad actual. No lo hacen ni mejor ni peor que las uniones heterosexuales; lo hacen como seres humanos.

¿Por qué la tozudez en rechazar el matrimonio igualitario en Yucatán? Es cierto que esto mismo está pasando en Zacatecas, pero hasta ahora, jurídicamente, seguimos sin escuchar un solo argumento mediante el cual un estado pueda negarse a admitir una jurisprudencia de la SCJN. Si a estas vamos, igual podrían interponer un recurso de inconstitucionalidad en cuanto a la asignación del presupuesto federal y así ir preparando la secesión de Yucatán, algo que, por cierto, añora una minoría.

Por lo pronto, vienen tiempos de reorganización, de preparar y proponer nuevas iniciativas. Los colectivos, asociaciones pro derechos humanos, cual moderno Sísifo, ya lo advirtieron antes: "Esta Legislatura no se va sin aprobar el matrimonio igualitario".

Mérida, Yucatán
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