En 2019… grises y claroscuros

En suma, no todo es blanco o negro

Francisco J. Hernández y Puente*
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Lunes 12 de agosto, 2019

Sumamente irrelevante me ha parecido la discusión que se ha dado entre algunos analistas de si la economía mexicana entraría en recesión o no. A final de cuentas lo que viene ocurriendo a lo largo del primer año de gobierno de la nueva administración, es que no hay crecimiento, y que aún con el cambio de régimen y la abolición del neoliberalismo, decretada por el Presidente en turno, la economía se comporta hoy exactamente igual que durante la época neoliberal.

Por fortuna para todos y sobre todo para los que se embarcaron en esa inocua discusión, ya el Inegi y la Secretaría de Hacienda se han encargado de ponernos al día: en el segundo trimestre del año se registró un crecimiento de 0.1 por ciento del PIB, y el ejercicio del gasto registró un subejercicio (ahorro, diría el Presidente) de 174 mil millones de pesos durante el primer semestre.

Ni inversión pública, ni privada

La explicación de por qué no ha crecido a economía también está a la vista. Ni la inversión pública ni la privada, componentes esenciales para cualquier indicio de recuperación económica, dan signos de reactivación y, al contrario, reportan la misma tendencia a la baja que ya se registraba al término del sexenio de Peña Nieto. De acuerdo con información del Banco de México, también en el caso de la inversión extranjera directa (IED), se registra una caída de 20 por ciento durante el primer trimestre de 2019.

El consumo de las familias, por su parte, también mostró desaceleración en los primeros meses del año y en mayo cayó en -0.2 por ciento. Sólo las exportaciones no petroleras, principalmente las que van a Estados Unidos, aumentaron en los sectores manufacturero y agropecuario, en el segundo trimestre de 2019. Este es el único impulso positivo para la economía cuya dinámica inmediata estará sujeta a la ratificación del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y, a las ocurrencias de Donald Trump, una vez que la campaña electoral de su país vaya avanzando.

Por otra parte, la Encuesta de Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado de julio de 2019 que realiza en Banco de México, destaca que el ánimo para invertir se deterioró. En cuanto a la importación de bienes de capital, se aprecia un detrimento en su dinámica al pasar de un aumento de 9.7 por ciento en junio de 2018 a una caída de 21.2 por ciento en el sexto mes de 2019.

Tasas de interés a la baja

Para completar este panorama hay que decir que las tasas de interés permanecen hoy en niveles todavía elevados en la mayoría de sus plazos (8.2 por ciento en promedio), lo que de algún modo ayuda a mantener la estabilidad cambiaría, pero poco contribuye a la reanimación de la actividad económica que hace falta. Este último es un asunto de fundamental relevancia que requiere de un análisis exhaustivo del Banco de México, particularmente ahora que el nuevo Secretario de Hacienda ha señalado la importancia del crédito y del papel que debe jugar el sistema bancario para la recuperación económica y el crecimiento.

El 15 de agosto próximo el banco central tomará una decisión al respecto, que debería ser la de iniciar una reducción paulatina de tasas de interés para abaratar el crédito, misma que es posible dados los bajos niveles de inflación.

Grises y claroscuros

En referencia al comportamiento productivo del país los indicadores macroeconómicos esconden lo que ocurre a nivel regional y estatal. Y aunque no hablemos estrictamente del mismo período, el Inegi también ha dado cuenta de que, si bien el crecimiento es sumamente débil, hay entidades del país que reportan tasas de crecimiento que ya las debería haber utilizado el señor Presidente en sus conferencias matutinas, para mostrar que no todo marcha mal, y que entre el negro panorama de los que apostaban a una recesión, y los luminosos que señalan que todo va bien, hay grises y claroscuros.

Hay que ver, por ejemplo, que varias entidades del país -de acuerdo con el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal-, mantienen una dinámica económica y productiva muy importante, mostrando tasas de crecimiento significativas. Es el caso de los estados de Sinaloa (6.1 por ciento), Baja California (2.5 por ciento), Yucatán (3.1 por ciento), Colima (2.9), Nuevo León (3.3 por ciento), Chihuahua (2.7 por ciento), entre otros. Yucatán, y Mérida en especial, ya han sido referidos por los analistas económicos que destacan lo que viene ocurriendo en la capital del estado, y en sectores de su economía como el agropecuario, comercial, de servicios y, de manera sobresaliente, el turístico y el inmobiliario.

En el caso de Mérida, dos factores explican su comportamiento, en el contexto de un país que se debate entre el escaso crecimiento y la violencia generalizada: la migración que se registra en la ciudad desde diferentes regiones y entidades del país y del extranjero con impactos positivos en el sector inmobiliario, y las condiciones de seguridad que prevalecen en esta entidad que de algún modo mantienen un clima propicio a la inversión.

En suma, no todo es blanco o negro, y por ello hay que festejar las medidas anunciadas por el Secretario de Hacienda hace una semana de inyectar 485 mil millones de pesos en los meses que restan del año, que pretenden dinamizar la economía con acciones seleccionadas de infraestructura, de financiamiento y aquellas que tienen que ver con licitaciones que tengan un impacto inmediato. Sería de fatales consecuencias que la estrategia del gobierno federal se entorpeciera con el burocratismo novato e inexperto que se ha hecho evidente en la primera mitad del año. Sobre todo cuando la economía nacional no registra el crecimiento esperado por la demora en la aplicación del gasto público, los recortes presupuestales, la disminución de la inversión pública y privada, y la desaceleración de la economía global, entre otros factores.

*Profesor del CEPHCIS-UNAM.

Mérida, Yucatán
fjhyp11@gmail.com