Tiempo de disipar el humo priísta

Elección interna del Partido Revolucionario Institucional

Felipe Escalante Tió
La Jornada Maya

Martes 13 de agosto, 2019

Seguramente el ánimo del día es completamente desfavorable para el análisis de la elección interna del Partido Revolucionario Institucional (PRI), proceso celebrado antier domingo y del que resultó vencedor Alejandro Moreno Cárdenas, ex gobernador de Campeche, y en el cual participaron Ivonne Ortega Pacheco, ex mandataria de Yucatán, y Lorena Piñón.

Cierto, actualmente hay un ánimo adverso hacia todo lo que sean partidos políticos, fomentado desde la Presidencia de la República; aunque también es cierto que la imagen de éstos se deterioró mucho antes, recordemos que las primeras menciones del PRIAN aparecieron en un libro de Manú Dornbierer, El Prinosaurio (Grijalbo, 1994). Ahora bien, en estos momentos hay quienes ven al PRI que aún padece secuelas del nocaut efectivo que sufrió hace ya un año y poco más de un mes, y esperan que desaparezca; hablan de los despojos del tricolor y entre ellos hay quienes amarían ver ese partido consumido por el fuego.

En lo personal considero que lo que ocurra en los partidos debe ser una de las preocupaciones de la sociedad. Quienes auguran que la 4T es convertir a México en Venezuela pasan por alto que la fortaleza de las instituciones –especialmente los partidos– es el ingrediente principal para evitarlo. Lamentablemente, el panorama es poco esperanzador cuando se mira lo ocurrido en el PRI.

Si algo ocurrió este domingo fue la confirmación del fracaso del otrora partido oficial como institución formadora de ciudadanos. Si bien ésta nunca fue su prioridad, ya que históricamente surgió como el organismo para canalizar las ambiciones de los grupos que se erigieron como triunfadores de la Revolución, es una función que el organismo debió prever desde que perdió la Presidencia en 2000, y de nuevo en 2006. Pero el PRI muy pocas veces apostó por el ciudadano, entendido como el individuo participante, crítico de la vida política local y nacional; por el contrario, siguió confiado en que su fortaleza estaba en “sus” sectores y la relación clientelar que pudiera mantener con los gobiernos estatales que conservó. El domingo vimos los estertores de esta forma de hacer política.

El 11 de agosto se reportaron quejas por acarreo de votantes (en los estados gobernados por el PRI), pase de lista en las mesas de recepción de votos, compra del sufragio –hasta se exhiben como pruebas vales de un supermercado, con valor de 100 pesos, cuando la protesta es que se prometieron hasta 3 mil pesos– y amenazas de despido a burócratas. Pero a todas éstas, todavía será hoy cuando se sepa cuántas personas acudieron a votar.

El propio PRI reveló que ejerció 80 millones de pesos en la organización de su proceso interno y la décima parte de esa cantidad fue para papelería electoral: boletas, listas nominales, mamparas y demás. Suponemos que en las mesas receptoras, 5 mil 892 en total, se integraron por lo menos por tres funcionarios: presidente, secretario y escrutador, por lo menos, lo que da un total de 17 mil 676 personas que debieron haber recibido alimentos y algún estímulo económico.

De todas formas, queda pendiente una operación matemática: la división del presupuesto ejercido entre el número de votantes. Este denominador es clave. Conocer qué porcentaje de los 6.7 millones de militantes que participó en la votación es fundamental para saber si los priístas están convencidos de que su partido tiene futuro, y será interesante también enterarnos cuántos acudieron coaccionados, movidos por un interés económico o bajo el efecto de la hipnosis. Tal vez descubramos que Alito recibió más votos para ser gobernador de Campeche que para presidir el PRI. En 2015, 148 mil 659 personas sufragaron por él en su estado.

Una pregunta al aire: ¿Hacia dónde pretende llevar Moreno Cárdenas al PRI? Su estilo tiene mucho más ánimo de restauración que de renovación, y si de verdad quiere hacer del tricolor un partido opositor, necesitará de elementos capaces de cuestionar la política del régimen actual, cosa que, entre el humo que dejó la elección interna, todavía no se percibe. La lección que dejó el proceso es que el PRI desconfía de la ciudadanía y prefiere sus viejas fórmulas.

Mérida, Yucatán
felipe@lajornadamaya.mx