Lluvia de bendiciones para la Amazonia

Renacimiento Mexicano

Martha Adriana Morales Ortiz, Witzilin y César Daniel González Madruga, El Siervo
La Jornada Maya

Jueves 29 de agosto, 2019

Los incendios este año han incinerado a millones de hectáreas de áreas verdes en todo el Mundo: Angola, Alaska, China, Canarias, Groenlandia, República Democrática del Congo, México, Siberia y ahora la nueva víctima ha sido la gran e imponente Amazonia.

Para solidarizarnos y buscar la manera de incidir, es necesario conocer al Ser de quien estamos hablando para poder generar un sentimiento a fin que nos inspire amor, asombro, agradecimiento respeto y compromiso.

La Gran Amazonas, es un espacio vivo cuya extensión es de siete millones de kilómetros cuadrados, donde la virginidad de su territorio ha permitido que habiten más de 600 mil millones de árboles. El centro de ese paraíso ha sido el Río Amazonas, que nace en la Quebrada de Apacheta de Perú, recorre Colombia y desemboca en Brasil, debido a su vasta dimensión le llaman Río Mar, ya que en temporadas de gran precipitación pluvial y humedad llega hasta los 240 km de ancho.

Es el río más largo y caudaloso del mundo con 7 mil 62 km de longitud, su cuenca hidrográfica es la más grande que existe en la Tierra y representa la quinta parte del agua dulce del planeta. Toda esta agua y los ecosistemas que se autogeneran y autorregulan, han resguardado, mantenido y permitido la gestación de más de tres millones de especies de plantas y animales.

De acuerdo al Banco Mundial "la Amazonía alberga el 40 por ciento de la selva tropical restante en el mundo, el 25 por ciento de su biodiversidad terrestre y más especies de peces que cualquier otro sistema fluvial".

Esta gran ser vivo proporciona el 20 por ciento de oxígeno del planeta. En ella han cohabitado más de un millón de indígenas, organizados en 500 tribus, su presencia no ha sido avasalladora, sino que han mantenido el delicado equilibrio ecológico, su naturaleza nómada ha permitido que las distintas zonas se vayan regenerando.

Durante más de 16 días el fuego devastó 500 mil hectáreas. Es una tragedia muy grande la que nos está asolando no sólo a la humanidad y a nuestro deseo genuino de existir, sino también ha habido daños irreparables en la naturaleza y se han perdido millones de vidas de animales y vegetales, así como destruido sus hábitats y ecosistemas, que quizá por no tener voz humana, no nos demos cuenta del gran dolor de todos esos seres.
Ha sido un año de fuego, por lo que sirve traer a la memoria histórica el mito del Quinto Sol que, de acuerdo a los Anales de Cuauhtitlán, el tercero, "quiauhtonatiuh" -sol de lluvia de fuego-, arrasó con la humanidad. Algo así estamos viviendo, nos encontramos vertidos en los efectos de todos nuestros problemas causados por las desmesuras, limitaciones, ambiciones, egolatrías, errores, decisiones antropocéntricas y modelos productivos que a largo tiempo están resultando ser autodestructivos. Es necesario revertir la balanza, dejar de cosificar a la naturaleza y nombrarla como otro ser “igual que nosotros”, que siente, tiene inteligencia propia, percibe y necesita del delicado equilibrio ecológico para sobrevivir.

Las reacciones ante esta calamidad fueron diversas en distintas partes del mundo; pudimos ver manifestantes en las afueras de las embajadas de Brasil en ciudades como Santiago de Chile, Bogotá, Quito, México o Londres, reclamando por los acontecimientos, pidiendo el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y urgiendo a los líderes por tomar acciones urgentes.

A la par, Gretta Thumberg, líder de 15 años de edad del movimiento #extintionrebelion que se rebela a la extinción de la humanidad, llegó en su barco sustentable a una gira por el continente Americano; otros líderes sociales, como actores o deportistas, como Leonardo Di Caprio, donaron recursos para apagar las llamas; otros exigieron la renuncia del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Justo el día 16 de los mega incendios, los grupos alternativos de conciencia planetaria convocaron a que nos sincronizáramos y visualizáramos una gran lluvia precipitándose en la Amazonia, y sí sucedió, empezó la lluvia como bendición calmando la furia y voracidad del fuego, y como siempre el agua del cielo fue la mejor aliada y cómplice de la Selva, así como la unificación humana.

No subestimemos la interconexión que puede haber en nuestros corazones, así como tampoco bajemos la guardia y sigamos exigiendo que la visión, voluntad y sensibilidad política sea más responsable con la Naturaleza, así como también deben estar bien alineadas nuestras acciones locales e inmediatas para revertir el caos ecológico en el que vivimos, de lo contrario, ya sabemos cómo termina el mito del Quinto Sol.

Twitter: @Witzilin_vuela, @CesarG_Madruga