Bolsonaro elogia la dictadura chilena al responder a críticas de Michelle Bachelet

Ofensas inconcebibles, señala la ONU; en Chile exigen una respuesta contundente

Eric Nepomuceno
Foto: Reuters
La Jornada Maya

Río de Janeiro, Brasil
Jueves 5 de septiembre, 2019

En su más violento –y virulento– ataque personal, el neofascista presidente brasileño, Jair Bolsonaro, eligió como blanco a la ex mandataria chilena y actual alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

Además, elogió al dictador Augusto Pinochet por, entre otras cosas, haber matado comunistas para impedir en 1973 que Chile se transformara en Cuba. Mencionó directamente al brigadier Alberto Bachelet, padre de Michelle, asesinado en prisión luego de una sesión de tortura en febrero de 1974. Al año siguiente la misma Bachelet fue apresada y torturada.

Entre otras ofensas, Bolsonaro dijo, refiriéndose al blanco de su ráfaga, que quien no tiene qué hacer trata de abrigarse en la cuestión de los derechos humanos.

Brasil, a propósito, está en campaña para ocupar una plaza en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Diplomáticos que todavía no han sido removidos de sus puestos vieron en el ataque de Bolsonaro un acto de sabotaje a su trabajo.

En la representación de la ONU en Ginebra las palabras contra Michelle Bachelet y su padre asesinado fueron consideradas vergonzosas e inconcebibles.

Por la mañana, en Facebook, Bolsonaro –o quien escribe por él– había dicho: Michelle Bachelet, comisionada de Derechos Humanos de la ONU, siguiendo la línea de Macron de entrometerse en los asuntos internos y en la soberanía brasileña, embiste a Brasil en la agenda de derechos humanos (de bandidos), atacando a nuestros valiosos policías civiles y militares. También dice que Brasil pierde espacio democrático, pero se olvida de que su país no es Cuba gracias a los que tuvieron el coraje de darle un basta a la izquierda en 1973, y entre los comunistas estaba su padre, brigadier en aquella época.

Esta fue su reacción a declaraciones de Bachelet hechas en Ginebra, en las cuales mostró su preocupación por lo que ocurre en Brasil desde la llegada del ultraderechista a la presidencia.

En un lenguaje cuidadoso, aunque contundente, Bachelet señaló que Brasil sufre una reducción del espacio democrático, con énfasis en los ataques a defensores de la naturaleza y de los derechos humanos. Mencionó directamente el aumento de muertes causadas por policías, cuyas mayores víctimas son negros y habitantes de villas miseria.

Luego de lamentar el discurso público que legitima ejecuciones sumarias e impunidad, cuestionó la política de facilitar el acceso indiscriminado a las armas, defendida con ardor por Bolsonaro.

También se extendió a las agresiones al medio ambiente, concentrándose en denunciar los ataques a los indígenas y la violencia en el campo, además de los incendios intencionales.

La nueva diatriba de Bolsonaro supera todos sus antecedentes de ataques personales sin control ni límite.

Su frontal agresión a la ex mandataria chilena despertó críticas severas en Chile, incluso en sectores de la derecha que han sido opositores a Bachelet en sus dos mandatos presidenciales.

En Santiago, el presidente del Senado, Jaime Quintana, repudió el ataque y aseguró que Bolsonaro agredió la memoria de los chilenos. Exigió, además, una respuesta contundente del presidente derechista Sebastián Piñera.

No comparto en absoluto la alusión hecha por el presidente Bolsonaro respecto de una ex presidenta de Chile, especialmente en un tema tan doloroso como la muerte de su padre, sostuvo más tarde Piñera.

Se creó, además, fuerte malestar en vísperas de la visita oficial a Brasil del ministro chileno de Relaciones Exteriores, Teodoro Ribera, prevista para hoy.

Desde que Bolsonaro asumió la presidencia brasileña y empezó a disparar declaraciones sin evaluar consecuencias, surgieron problemas con, en orden alfabético: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Chile, Cuba, Francia, Irán, Israel, Paraguay, Noruega y Venezuela.

En Brasilia y Santiago nadie se animó, en un primer momento, a calcular las consecuencias del nuevo desastre de un Bolsonaro en estado puro, pero se considera que serán inevitables.