Campeche, un recorrido por sabores, historia y tradiciones

La ciudad de San Francisco de Campeche ofrece grandes atractivos

Abraham Bote, enviado
Fotos: María Briceño
La Jornada Maya

San francisco de Campeche
Lunes 9 de septiembre, 2019

Campeche es un estado hermano de Yucatán. Esto se manifiesta a través de las similitudes que mantienen en varios aspectos; algunos platillos típicos, su centro histórico colonial, y en la forma de hablar. Sin embargo, también tiene grandes maravillas propias como la arquitectónica, museos, tradiciones y gastronomía propias que son de resaltar. Durante un fam trip que ofreció la Secretaría de Turismo de esa entidad a los medios de comunicación yucatecos, se pudo conocer un poco más de la gran variedad de sus atractivos.

Día de muertos y pan de pichón en Pomuch

Una parada obligatoria es el pueblo de Pomuch, que mantiene una de las tradición llamativa para muchos y sombría para otros tantos. Se trata de la limpieza de los huesos en el cementerio, una práctica ancestral, arraigada y popular. A diferencia del resto del país, donde la conmemoración de los días de Todos los Santos y Fieles Difuntos incluyen inundar las casas de flores, colocar un altar con ofrendas de comida, bebida y algún detalle particular para los ancestros, en Pomuch es común ver a las familias acudir al cementerio para limpiar huesos de sus familiares ya muertos o cambiarles el paño; una práctica que si bien no es del todo maya, guarda un misticismo inigualable.



En la comunidad se tiene la creencia de que con la limpieza de los huesos se honra la memoria del difunto y se mantiene su recuerdo, porque lo peor que puede pasar para un muerto es el olvido, sobre todo de sus mismos familiares.



Para los habitantes es normal esta tradición y en absoluto significa profanación,luego de que bajo el régimen de usos y costumbres, la ley permite a los pobladores exhumar y exponer los restos óseos de sus muertos después de tres años de su entierro.



A los tres años de fallecido se exhuman los cuerpos de las bóvedas y se trasladan a las “cajitas”, de madera o cartón, donde se colocan los restos de los difuntos.

Venancio Tuz, sepulturero de Pomuch, refiere que hay personas que le pagan por la limpieza de los huesos y el cambio de manto de otras personas. Indica que esto se hace normalmente en el cumpleaños del difunto o por el día de finados. Empiezan desde el 26 de octubre y terminan el 2 de noviembre.



Para hacer la demostración, limpia los restos óseos de su abuelo, de quien presume que ha sido documentado y filmado por grandes cadenas televisivas internacionales que acuden cada año para documentar esta tradición ancestral.

Primero se limpian los huesos del pie, luego se va subiendo hasta terminar con la limpieza del cráneo, “es como volver a armar el cuerpo, como si estuviera vivo de nuevo; una persona entera”, explica don Venancio.

Expresa que se siente satisfecho al hacer este trabajo, ya que es una forma de demostrar que aún los recordamos, que no los olvidamos y al hacerlo ellos se sienten felices también.

A unos cuantos metros del cementerio se encuentra un atractivo mucho más mundano: la panadería La Huachita, conocida por su pan de pichón y otras especialidades. El nombre se debe, según se lee en las paredes de la panadería, porque en la sierra de Guerrero se les llama “huachita” a las niñas. “Para mí eres una niña”, relatan que le dijo el teniente Alvarado a doña Hortensia, entonces dueña del expendio, que se fundó en 1889.



En la famosa panadería, ubicada en el corazón de la ciudad, se venden hojaldras de queso philadelphia y panes sazonados con vainilla, anís, entre otros ingredientes que hacen inigualable el sabor del pan. Tal vez el más popular es el de pichón, un pan que trae jamón, queso y chile jalapeño. El nombre le viene porque durante su creación se cayó una paloma recién nacida en la tahona y por eso el panadero decidió llamarle así.



La panadería recibe a diario a varios clientes que buscan el tradicional pan de Pomuch. Sus dos hornos trabajan constantemente para sacar todos los encargos.

A través de los museos

Ya en la capital, el fuerte de San José el Alto aloja un museo de gran relevancia, ya que en sus tres salas guarda grandes tesoros marinos encontrados en toda la península de Yucatán; desde restos de embarcaciones piratas, artillería, espadas, piezas de oro, restos fósiles de animales extintos, entre otras maravillas. Este museo es el pionero en su tipo y es de los pocos que son considerados museos inclusivos, ya que es accesible para cualquier persona con alguna discapacidad. Obtuvo esta distinción de la Unesco en 2001 por “Buena práctica para la protección del patrimonio cultural subacuático”.

La arqueología subacuática investiga las sociedades antiguas a través de la recopilación de datos y estudios especializados de objetos, restos humanos o de animales sumergidos en mares, ríos, lagos, lagunas, manantiales, pantanos, ciénagas, marismas, arroyos, cenotes, cuevas inundadas, cavernas semi-inundadas, lagos cráter y terrenos ganados al mar.

El museo alberga verdaderos tesoros: restos prehistóricos, prehispánicos y del virreinato; colecciones únicas en su género en toda el área maya, consistentes en restos de piezas funerarias de jadeíta provenientes de la isla de Jaina, así como vestigios de embarcaciones piratas; una culebrina de bronce, armas, restos de animales como mamuts y tigres dientes de sable; una caña de timón elaborada de madera de ébano africano, así como tesoros de oro que fueron encontrados en Sisal, Yucatán.



Otro museo, el de Arquitectura Maya Baluarte de la Soledad, resguarda la famosa Máscara de Calakmul, pieza hermosa elaborada con jadeíta de color verde turquesa, que tiene un lugar particular en la sala de exposición permanente.

El Centro Histórico de esta ciudad es muy similar al del Mérida, pero sin ese movimiento que luego llega a descontrolar al visitante, y aunque su característica muralla, de la cual hoy en día subsisten algunos tramos, es una diferencia muy importante, la gran cantidad de casas levantadas durante la época colonial no deja de llamar la atención; primero porque buena parte de ellas siguen habitadas, y porque también las que albergan comercios han respetado la arquitectura; incluso los bares y restaurantes que brindan servicio en la calle 59, completamente peatonal, tienen un sabor especial en esta atmósfera que parece llevar al visitante a otra época.

Mención aparte merecen los barrios, como San Román o Santa Ana, llenos de tradiciones.



Para cenar, uno puede acudir a la cenaduría Los Portales de San Francisco de Campeche, probar y sentir la diferencia de los panuchos campechanos; aunque para los yucatecos serían salbutes. Cada lugar le da su propio significado a su comida, sólo queda probar y dejar a un lado las diferencias, pues el estómago no sabe de distinciones. Una rica horchata de coco frappe con canela, característica de la zona, es el acompañamiento perfecto.



La ciudad de San Francisco de Campeche ofrece grandes atractivos que se puede disfrutar a unas cuantas horas y kilómetros de la capital yucateca, y que se pueden disfrutar en un fin de semana.