Un simple plagio

Pasa en México, pasa en la península de Yucatán

Felipe Escalante Tió
Foto: Facebook @ciesaspeninsular
La Jornada Maya

Jueves 12 de septiembre, 2019

Pasa en México, pasa en la península de Yucatán. Se trata del plagio en la academia.

Tiene cosa de seis años que algunos casos causaron revuelo porque terminaron dañando a instituciones de renombre como la UNAM, o El Colegio de México. No fueron los únicos; en los últimos años también se sacudieron el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Esto es un claro síntoma de la necesidad de cambiar el sistema de estímulos para quienes se dedican a la creación del conocimiento. Sin embargo, que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología coquetee con Boris Berenzon Gorn, protagonista de uno de estos vergonzosos episodios, extiende nubarrones de duda sobre la política de la 4T.

Hace dos días se hizo pública la detección de un plagio descarado, esta vez en Yucatán. Según publicó en su perfil de Facebook Jesús Lizama Quijano, hoy investigador y coordinador regional del CIESAS unidad peninsular, el texto descaradamente replicado fue su tesis de licenciatura, la cual defendió en junio de 1995 y de la que encontró grandes fragmentos en un libro de la “autoría” de Rubén Ariel García Pacheco, académico de la Universidad de Oriente, que lleva por título Los mayas cruzoob y fue presentado en la Filey de 2018, con el auspicio de la UNO y el Instituto de Historia y Museos de Yucatán.

La historia de la tesis de Lizama es la de otras muchas. Pese a que obtuvo mención honorífica y poco después el Premio INAH Fray Bernardino de Sahagún a la mejor tesis de licenciatura en la categoría de antropología social y etnología, hasta la fecha permanece inédita.

Lizama ha mantenido esa trayectoria. Si para escribir Ka Yum Sma. Cruz. El sustento identitario de los cruzo’ob residió varios meses en Tuzik, Quintana Roo, con tal de recopilar información, y otros más en Oaxaca para redactar, a costa de tiempo sin ver a la familia, desvelos, y ratos de penuria económica, en su trayectoria ha mantenido esa disciplina y compromiso con la información y su interpretación. Esto puede comprobarse leyendo Del pueblo a la urbe. El perfil maya de la Blanca Mérida (CIESAS, 2012).

¿Por qué se detectó hasta ahora el plagio? Por los vicios que acarrea que en las universidades se utilicen criterios políticos y académicos para la publicación de las obras, por un sistema que reconoce la cantidad y no la calidad de la producción científica, porque se privilegió al amigo y se omitió someter el documento a la evaluación de un consejo editorial, porque hasta ahora la “falta” se arregla con un “usted perdone”.

Espero que el doctor Lizama recurra a la vía penal. Dejar la aplicación de sanciones a las universidades es construir un sistema paralelo de impartición de justicia que no debe fortalecerse más, no es su función. El castigo debe ser ejemplar, porque la UNO no merece ser señalada como una institución que favorece el plagio, ni ella ni ninguna otra universidad. Hasta ahora, algunos de los casos que han trascendido se han quedado en la degradación del culpable, su expulsión del Sistema Nacional de Investigadores o la pérdida de la cátedra. Tal vez esto arregla las cosas en la comunidad académica, no así para la sociedad en general. Debe haber una disculpa pública a Jesús Lizama y el retiro de la obra en cuestión. Incluso debiera ser la UNO la que en desagravio publique Ka Yum Sma. Cruz.

Pero éste es un simple plagio, un síntoma de la enfermedad que ataca a la política pública de ciencia. Y no, para curar el malestar, doña María Elena Álvarez-Buylla no debiera estar ordenando recortes a los becarios del Conacyt ni viendo cómo incorporar a Boris Berenzon Gorn a la nómina de la dependencia o preocupada porque se sirva un menú orgánico en el comedor de la misma. Su ocupación debiera ser la de crear las condiciones para que los investigadores que se están formando ahora se inserten a la actividad científica. Entre ellos hay, afortunadamente, muchos más como Jesús Lizama que los deleznables plagiarios.

Mérida,Yucatán
felipe@lajornadamaya.mx