Bécal, cuna del sombrero maya

Eulogio Chi Tdzel es un tesoro humano vivo de Campeche

Abraham Bote, enviado
Foto: María Briceño
La Jornada Maya

Bécal, Campeche
Miércoles 18 de septiembre, 2019

La península de Yucatán guarda lugares místicos, con historia y legado maya que son poco conocidos, incluso por los mismos pobladores de la región; uno de éstos es Bécal, un poblado de Calkiní, Campeche, el cual es conocido como La cuna o La capital del sombrero maya. En esta comunidad se realiza una práctica tradicional maya: la fabricación y tejido de sombreros jipijapa, una de las artesanías más emblemáticas de toda la península y que tiene la peculiaridad de realizarse dentro de cuevas.



Incluso la plaza principal de Bécal cuenta con un monumento dedicado al sombrero, se encuentra instalado junto a la iglesia y los habitantes lo presumen con alto orgullo.

La villa de Bécal se fundó en 1450, en esas fechas los mayas ya sabían tejer, entrelazar, pero no sabían trabajar la fibra del palma de jipi, sino que ellos usaban la palma de guano o bonxaan, sin embargo en 1866 adoptaron el jipijapa, palma que descubrieron cerca del Petén del Itzá en Guatemala y se dió esta transición del guano al jipi.

Se tiene registro que el primer sombrero de jipijapa se tejió en 1872 por don Tino Chi, primer maestro artesano.

Actualmente, en Bécal existen alrededor de 200 artesanos que aún se dedican a elaboración de los sombreros, no obstante, poco a poco se va extinguiendo este saber, pues a las nuevas generaciones no les interesa tanto dedicarse a esto ya que lo consideran poco redituable.

Manos que crean

Eulogio Chi Tdzel es un tesoro humano vivo de Campeche, y uno de los maestros artesanos que quedan en Bécal, quien lleva dedicándose a esto ya más de 60 años. Empezó desde los 14 años junto con sus hermanos. De visita por su hogar, donde tiene también su tienda y taller, el cual lleva el nombre de su esposa “Artesanías Manuelita”, pudimos conocer más sobre su labor.

El artesano nos recibió emocionado y nos invitó a pasar, a conocer más de sus labor, y nos conduce hasta las entrañas donde sucede la magia: su cueva. Por su trabajo ha ganado diversos premios de artesanía nacionales e internacionales, con lo que ha podido mejorar su casita y además ha podido viajar a otras partes del mundo, como Alemania e incluso ha aparecido en varios reportajes y documentales en los cuales presume con orgullo sus artesanías.



El artesano platica que dejó la escuela desde joven para ayudar a su mamá, quien se había separado de su padre, por lo tanto a sus dos hermanos les enseñó a trabajar la palma de jipijapa. En ese tiempo no contaban con una cueva propia, por lo que “prestaban” cuevas: iban de cueva en cueva de otros artesanos en el pueblo para trabajar y aprender más de los profesionales y así perfeccionar sus técnicas.

Hasta hace poco, con ayuda de su hijo, construyó su propia cueva en el patio de su hogar, “empezamos a perforar como si fuera una cisterna, un pozo, al llegar a una profundidad considerable empecé a formar las escaleras y a medida que se formaron fui rompiendo la parte de arriba hasta que por fin logré sacar todo la tierra”, recuerda.

El precio de los sombreros varían de acuerdo a la calidad, hay desde 400 pesos hasta tres mil pesos, quienes más compran son gente de afuera, el local no compra mucho, sólo los comerciantes que lo venden al mayoreo y se los venden a la mitad de precio.

Aunque el pueblo es conocido como la cuna del sombrero maya, actualmente ya no está muy valorado el trabajo, por eso muchos lo están dejando, pues prefieren mejores ingresos y trabajos, por ejemplo, a pesar de sus cuatro hijos aprendieron a elaborar los sombreros, lo dejaron y buscaron otra forma de ganarse la vida, “no es redituable el trabajo, yo lo sigo haciendo porque no tengo otra forma de trabajar”, admite con cierta resignación.“Así siempre ha sido la vida de los artesanos, mayormente los comerciantes son los que aprovechan de nuestro trabajo”, agrega.



¿Por qué se hace en cuevas?

Eulogio explica que se hace en cuevas porque es más fácil manejar los materiales, la palma de jipi, debido a la humedad pues en el exterior se quiebra, se seca y rompe. “Nos ayuda mucho a que el material quede suavecito, nos ayuda mucho la humedad”.


Video: Tameme Studio

Para la elaboración del sombrero su usa una hoja tierna antes de abrir lo que llaman cogollo, los cuales se aporrean y se empiezan a rayar con aguja capotera para quitar las divisiones que tiene la planta, luego, en un horno con azufre se le da el color blanco y se deja secar en el sol. Don Eulogio lo hace en una carretera donde no pasa muchas personas.

Para darle otro color al sombrero se usan diferentes tintes naturales elaborados con plantas o flores, como la chaya, jabín, hamelia patens, o la guayaba.

Después, indica el artesano, se entrelaza la fibra con ayuda de un molde de manera para darle la forma de copa al sombrero, y con ayuda de un caracol se “soba” el material para dejarlo liso, mientras que con otra concha se quita el exceso de fibra. La forma se adquiere con un molde de metal que se calienta en una máquina especial y sobre la que se coloca el sombrero.

Mientras elabora el sombrero, presume con una memoria envidiable como si hubiera sido ayer, que ha ganado varios premios nacionales. El primero que ganó fue en 1994, en Toluca, además de que ha participado en varias exposiciones en todo el país, en Campo Marte, Palacio de los Deportes, entre otros.

Don Eulogio no se arrepiente por haberse dedicado a esta labor, pues ha podido conocer varios lugares, otros países, viajar en avión y con el dinero de los premios mejorado su casita.

Las familias pueden pasar días y días tejiendo los diferentes productos, pero están acostumbrados, es un espacio en donde pueden platicar, reír y disfrutar. En esta etapa es donde se definen los diseños y el tamaño de cada sombrero. Un sombrero puede tardar en estar lista varias semanas.

Conocimiento en extinción

Don Eulogio reconoce que cada día se va extinguiendo este saber maya, pues son pocos quienes se dedican a esta labor; estima que sólo quedan como unos 200 artesanos. “Ya se está perdiendo, ahora los muchachos prefieren estudiar una carrera y luego irse del pueblo”.

Sin embargo, las autoridades de la comunidad buscan rescatar esta tradición, por lo que enseñan a los niños en las escuelas para que aprendan a realizar esta artesanía, así como su importancia para que la sigan practicando, incluso si no se piensan dedicar a esto pues podrían transmitir sus conocimientos a otras generaciones. Don Eulogio enseña a otras mujeres y hombres esta técnica para que no se extinga, al menos no por ahora.

Eulogio termina la breve explicación, nos encontramos empapados de sudor por la humedad de la cueva pero el artesano, a pesar de su edad, parece no estar incómodo, su cuerpo ya resiste todo esto. Subimos nuevamente por las escaleras para la despedida, no sin antes tomarnos la foto del recuerdo junto a su inseparable compañera.

Antes de despedirnos, le preguntamos si usa sombrero y para sorpresa responde que “no, casi no uso, no me gusta como se me ven”. Al final accede a tomarse una foto portando un sombrero “para que no digan que no me gustan”

Don Eulogio y su esposa nos despiden con una sonrisa que ilumina la habitación y nos enseñan que aún hay lugares por conocer y personas por admirar.