La peor cara de Morena

Mesa Chica

Hugo Martoccia
Foto: Twitter @yeidckol
La Jornada Maya

Lunes 7 de octubre, 2019

Un referente de Morena en Quintana Roo le preguntó esta semana a un legislador de su partido porqué las comparecencias de funcionarios del Gobierno del estado no contenían ningún tipo de reclamo o amonestación por parte de ellos. “No queremos meternos en problemas”, le respondió el diputado.

Pocas horas atrás, habían pasado por el Congreso el secretario de Seguridad Pública, Alberto Capella, y después el titular del Instituto de Movilidad, Jorge Pérez. El referente morenista pensó que si esos dos temas torales de la administración estatal no fueron capaces de generar ningún reparo de sus diputados, quiere decir que los legisladores votados por ese partido no entendieron, o no quieren entender, que algo diferente quiere gestarse desde la sociedad.

Es un secreto a voces que otro legislador del partido ya tiene una membresía en una suerte de spa, en donde la llamada cancuniqué va a relajarse y a hacerse masajes, y a buscar sostener la juventud que se escapa o la belleza que quizá nunca se tuvo. A la larga, la tradición allí es que cuando la naturaleza ya no responde a esas intervenciones, se recurre a las cirugías estéticas. Es algo así como la frivolización del morenismo.

La distancia entre el discurso de campaña de esos diputados, y lo que han hecho en el Congreso en sus primeros días es tan grande, que si no fuese trágico, sería cómico. La sensación es que una vez concluida la lucha por los espacios de poder dentro de la Legislatura, el morenismo se ha diluido demasiado rápido.

Un ejemplo de la confusión que reina en el morenismo quedó claro en el proceso de designación de Arturo Castro como secretario general del Congreso. Ese nombramiento debió operarse entre los partidos opositores, porque en Morena había la intención de desconocer un acuerdo firmado entre sus nueve diputados apenas semanas atrás, que avalaba proponer ese nombre para el cargo.

De hecho, un sector amplio del bloque morenista, ligado a la senadora Marybel Villegas, desconoció ese acuerdo ni bien lo firmó. La excusa fue que Arturo Castro era alguien vinculado a la presidenta del partido Yeidckol Polevnsky. O sea, los que no quieren a Yeidckol, simplemente la desconocen como líder.

¿Cuál es el principio de orden de un partido en el cual sus diputados firman de puño y letra un acuerdo, y a las horas comienzan a desconocerlo? ¿Cuál, el de un partido que no acepta los liderazgos orgánicos cuando no son de su grupo político y afín a sus intereses?

Desorientados

Las comparecencias de funcionarios ante los diputados incluyeron momentos insólitos, como el discurso de la diputada morenista Ericka Castillo, en su carácter de presidente de la Comisión de Movilidad. La legisladora dejó en claro que su principal compromiso es con el Sindicato de Taxistas de Cancún, y que ese será el objetivo de sus tres años en el Congreso. La 4T no tiene nada que ver con ella.

Tan extraño ha sido todo, que hasta ha perdido relieve el conflicto de liderazgo interno que tenía el coordinador de los diputados, Edgar Gasca. La preocupación es saber si queda algo de la 4T en ese grupo dispar y heterogéneo, en donde cada cual responde a sus propios intereses. O sea, lo que Gasca debe saber es si realmente hay un bloque para liderar.

Han llamado la atención el silencio y el perfil bajo de varios diputados con intereses electorales futuros. Parecen haber olvidado minuciosamente todo lo que vociferaron en la campaña. El morenismo ha demostrado, una y otra vez, que es una marea que no respeta ninguna frontera política ni investidura cuando se siente traicionada. La única frontera es AMLO.

Tarea legislativa

El Congreso enfrentará en los próximos meses asuntos demasiado importantes, y se requiere saber qué papel jugarán Morena y sus aliados. Lo primero que debe decirse es que el PT y el Verde ya han demostrado que siguen su propio camino, que puede o no estar ligado al de Morena. No es su culpa que su aliado mayor esté confrontado internamente y desorientado como grupo.

Pero más allá de eso, todos deberían trabajar juntos en temas centrales que hacen al proyecto central de la 4T. El Ieqroo, por ejemplo, ha pedido un presupuesto de 172 mdo para 2020, de los cuales al menos 100 mdp son muy polémicos. Lo mismo con el presupuesto del Congreso: haría falta que Morena y sus aliados presionen políticamente y consigan dos votos más para reformar la Constitución, que prohíbe que el presupuesto sea menor al del año anterior. En la misma situación está el Teqroo.

Todo tiene que ver con la “austeridad republicana”, una de las máximas del proyecto de AMLO, pero que en Quintana Roo requeriría de una fuerte apuesta política que, hoy, no parece que Morena esté en condiciones de asumir.

La dirigencia y el futuro

Toda la esperanza de un nuevo comienzo está puesta en la posibilidad de contar con una dirigencia estatal fuerte que oriente o, llegado el caso, desconozca a sus diputados, si no van por el camino correcto.

Pero tampoco es un camino fácil. El próximo 19 de octubre serán las asambleas. Habrá cuatro en el estado: dos en Cancún, una en Playa, y una en Chetumal. De allí deberán surgir los 40 consejeros estatales que nombrarán a la nueva dirigencia en Quintana Roo. La última vez que se intentó hacer eso, en 2015, sólo se pudo realizar una asamblea; las demás terminaron en escándalo.

En aquella ocasión el borgismo hizo mucho para “reventar” esas asambleas, pero los ánimos internos, hoy, no están mucho mejor.

Se dice que cuando algo como lo que hoy vive Morena sucede, hay que ir al inicio de todo, y buscar el error; porque todo lo demás son apenas sus consecuencias.

Morena repartió sus candidaturas entre borgistas, priístas y arribistas. Ese fue el inicio de todo. El error original. Hoy, la mayoría de esos diputados actúa según sus convicciones o intereses originales, que no tienen nada que ver con la 4T.

El lopezobradorismo auténtico está perdiendo la batalla, marginado por un sinfín de malas decisiones.

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