La educación tiene nombre de mujer

Profa. Nelly Montes de Oca, creadora del Milagro educativo yucateco

Miguel Cocom Mayén
Foto: Óscar Lozano
La Jornada Maya

Martes 8 de octubre, 2019

En Yucatán funcionan diariamente más de 3 mil planteles públicos en los niveles de educación básica, media superior, superior y escuelas normales. Benito Juárez, Felipe Carrillo Puerto y Miguel Hidalgo y Costilla son los tres nombres que más se repiten en las fachadas de los espacios educativos de la entidad. Josefa Ortiz de Domínguez es la única mujer que aparece en nuestro top ten de nomenclatura educativa. Pero en ese aspecto, al igual que en muchos otros de la vida económica y social del estado, las cosas van cambiando. Y ahí están los nombres de Felipa Poot, Leona Vicario y Rita Cetina, por mencionar algunos ejemplos, esperando su turno con paciencia y firmeza.

En este tema, los lineamientos expedidos por la Secretaría de Educación Pública para asignar y autorizar un nombre a una institución educativa son muy claros: éstos se deben referir a determinado personaje, fecha o hecho histórico, científico o artístico en el ámbito nacional e internacional. También, pueden hacer referencia a lemas y valores culturales universales. Eso sí, si se propone el nombre de una mujer u hombre, es porque sus acciones y legado merecen un especial reconocimiento. Y aquí vale la pena destacar un punto, porque en los lineamientos se señala, al pie de la letra, que no se autorizarán nombres de personas vivas, salvo en casos sumamente especiales y que requieren el acuerdo expreso de las autoridades educativas. Y ése es justamente el caso que hoy nos ocupa.

Porque a partir de ayer, la Escuela Normal de Educación Preescolar en Mérida ostenta, orgullosamente, el nombre de la Profesora Nelly Rosa Montes de Oca y Sabido, una docente que por cerca de siete décadas ha dejado una huella imborrable en las aulas y en múltiples generaciones de alumnos y de maestras de esta tierra.

Desde sus inicios frente a grupo, en el año de 1949, tuvo claro que para ella la docencia es más que un título colgado en la pared. Al contrario, concibe la enseñanza como una vocación y una forma de vida que se practica a ras de piso, en las comunidades más alejadas y con la certeza que donde hay alumnos y un buen maestro, sin importar si es un comedor comunitario, una plaza cívica, los bajos de un palacio municipal o una cancha de tierra, se puede echar a andar una escuela en la que niñas, niños y jóvenes adquieran los conocimientos y herramientas que les permitan labrarse un mejor futuro.

Mientras en la década de 1950 se ponía en marcha a nivel nacional el llamado Milagro Mexicano, la Profa. Nelly Montes de Oca, junto con cientos de maestras y maestros recién egresados, empezó a construir el Milagro educativo yucateco, el que permitió comenzar a aumentar el grado promedio de escolaridad y acercar el aprendizaje a las localidades más alejadas.

Así, donde antes no había escuelas, o si las había no contaban con docentes de planta, empezó a gestarse esa dinámica que se traduce en buenos resultados: madres, padres de familia y alumnos que saben que tienen a un profesional de la enseñanza comprometido y del que pueden afirmar que es de su comunidad: su maestro.

En ese marco, la Profa. Nelly fue docente de primaria en los municipios de Halachó, Tetiz, Ticul y en la comisaría de Molas durante 20 años. Vivió en las comunidades, se aprendió los nombres de todos y cada uno de sus alumnos, convivió con los papás y mamás para conocer las condiciones en las que se desarrollaban sus estudiantes, organizó fiestas patronales, festivales de fin de curso, actividades artísticas y deportivas, graduaciones. Es decir, cumplió a cabalidad el credo que caracteriza al buen maestro rural: escuela de puertas abiertas y vocación social a cielo abierto. Nadie sabía dónde acababa la escuela e iniciaba el pueblo, y viceversa.

Posteriormente, ingresó como Subdirectora y catedrática de la Escuela Normal de Educación Preescolar para luego asumir el cargo de Directora, puesto en el que se desempeñaría durante 25 años. Ahí, formó a varias generaciones de maestras a las que les inculcó el verdadero significado de la labor educadora. Hoy, sus alumnas difunden sus enseñanzas en los 106 municipios dejando claro que la vocación docente de las maestras de preescolar en Yucatán tiene raíces muy sólidas.

En esos años, nos cuenta la Profa. Nelly, tuvo oportunidad de laborar junto con la maestra Loreto Villanueva, actual Secretaria de Educación. De ese periodo destaca una anécdota que refleja el espíritu y carácter del gremio docente en esta tierra. La maestra Loreto, en ese entonces, era docente del área de Educación Artística y estaba encargada de montar una obra teatral que, después, se iba a representar de manera gratuita en diversos planteles escolares de zonas marginadas. Bien, pues, la alumna a cargo del papel protagónico insistió que se usara un caballo de verdad, en vez de uno de utilería, para una de las escenas más importantes. Todo iba bien hasta que, en el momento de la obra, el caballo tiró a la jinete, por lo que la directora de la puesta en escena tuvo que asumir el papel de actriz emergente en las siguientes funciones. De eso y más están hechas las docentes de esta tierra. Y ese compromiso y firmeza de carácter se lo debemos en mucho a maestras como Nelly Montes de Oca.

Una maestra de época que sabe que un docente nunca termina de aprender. Por eso, actualmente cursa un Diplomado en Desarrollo Integral del Adulto Mayor. Una actividad que compagina con el rescate y difusión del acervo histórico de la Escuela Normal que hoy lleva su nombre, porque está convencida que la educación, además de conocimientos, también se nutre de memorias.

Decía Juan Gelman, el poeta argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes, que el homenaje más grande que recibió en vida fue que le pusieran su nombre a la biblioteca del barrio en el que creció. A partir de hoy, la Profa. Nelly Montes de Oca debe sentirse orgullosa, porque ese mismo homenaje es el que le brinda la comunidad educativa en Yucatán.

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