'Cherchez La Femme'

Estatuas de la Villa Blanca

Antonio Martínez
Foto: Samuel Escamilla
La Jornada Maya

Viernes 11 de octubre, 2019

Aquella linda mañana en la Villa Blanca, hace ya casi una centuria, el Alcalde lucía pálido y ojeroso.

—Los del Club Moralista me traen asoleado, Ulises —dijo el burgomaestre, derrumbándose en su sillón de piel—. Ahora quieren que les plante un monumento a la Madre, y como sabes, mi adorada esposa es la presidente.

—¿Qué queréis que haga? —contestó el secretario sirviéndole el primer tequila del día.

—¿Qué remedio tengo? Darles lo que quieren. No vaya a ser que empiecen a interesarse en mis negocios de esparcimiento. Lo que pidan —dijo el alcalde entre trago y trago.

Horas después, en el Casino del Olimpo, el atribulado secretario juntaba sus fichas con aspecto distraído.

—Lucís ensimismado y meditabundo, Ulises —dijo don Otilio Mantecas, un adinerado comerciante español natural de Villa Zaragoza, asentando el doble seis sobre la mesa.

—Lo estoy, lo estoy… Decidme, ustedes que son hombres de mundo… ¿dónde se encuentran las mujeres con mayores atributos? —dijo don Ulises haciendo un gesto con ambas manos.

—Vaya, vaya, quién iba a decirlo, Ulises, a vuestra edad os tornáis un libertino —dijo sonriendo don Primitivo Pérez poniendo el seis dos, en Tizimín, sin duda.

—Si de domingas se trata, en la Isla Dominicana hallareis lo que buscáis —terció don Otilio.

—No, tiene que ser una mujer blanca.

—En ese caso debería ser Francia, algo prodigioso —dijo don Carlos Castillo, que se había gastado la fortuna familiar estudiando en París, colocando con nostalgia el dos tres.

Y es así que una tarde de otoño, don Ulises arribó en tren a la Gare de Lyon. Apenas había puesto los pies en el andén cuando fue asaltado por un guía de turistas, quien notó que don Ulises era foráneo, no tanto por el bombín como por la guayabera.

-Bienvenidé a Paris, mesié. Je mapel Manolo García Balzac —dijo el guía, que era hijo de un emigrante español y dominaba el francés 60 por ciento—. ¿Qué volé vú?

Je volé una matrés con ample chuchú —dijo don Ulises, quien dominaba francés 45 por ciento.

Je sé que vus vulé —dijo Manolo, conduciendo a don Ulises al burdel de Madame Chuchú.

Dos horas después, bañados y oliendo a Rosa Venus salieron de nuevo a la calle.

Una esculturé —insistió el secretario— de una madré, avec le ample busté. Monumenté. Marmolé.

Aaah, Esculturé. Oui, oui. Facilé. Je te llevaré en la matín.

Al día siguiente, tras visitar varios talleres sin encontrar lo que buscaba, don Ulises llegó al estudio del gran escultor Alfred Denoir quien les mostró su célebre Mater Lactantis.

—Creo que esta maternidad dando pecho a su hijo será de vuestro agrado —dijo el escultor, quien hablaba castellano perfectamente.

No, no. No vaya a ser que se ponga de moda la lactancia en público, nada más faltaba. Y, ¿esta qué es? —dijo don Ulises, señalando una mujer sentada bañando a su hijo.

—Es una mujer de la Revolución Francesa, la madre del gran Maximilien de Robespierre, el Incorruptible, bañando a su hijo. Representa a la mujer revolucionaria, trabajadora y madre —explicó el escultor a Ulises—. Es un homenaje a su valentía para luchar por el cambio y la justicia y a la vez ser el sostén de su familia. ¿Para qué la queréis?

—Para todo lo contrario, pero supongo que servirá. Está bien, me la llevo.

—No se puede, ya está pagada, pero puedo haceros una igual.

Llega escultura a Mérida

La escultura, cuando llegó a Villa Blanca, recibió opiniones diversas.

—Podríais haber encontrado una mujer más recatada, se le atisban los pechos —dijo el padre Berlanga, que era gran atisbador—. ¿No hay manera de ponerle un fustán?

—Imposible, es réplica de la original.

—Lamentable, esperemos que no incite a la lascivia y la lujuria. Debemos exorcizarla antes de la inauguración, con aguas benditas y coros de cristeras.

Doña Angélica, la mujer del Alcalde, fue implacable en su crítica: —Dios mío, qué abominación, Ulises. ¿De verdad ella misma está lavando a su hijo? Qué poco civilizados. ¿Que no cuentan con una criada que lo haga?

El tesorero de la Liga Moralista, don Retentivo Castellanos, tampoco estaba muy contento: —No sé, Ulises, a mi mujer no le va a gustar que tenga tan grandes las... Está toda despechugada. Son exuberantes, son protuberantes, son pecaminosas, son altoparlantes, son maravillosas. Decidme, ¿es cierto que así son todas las mujeres en París?

Finalmente, le tocó el turno al Alcalde:

—Excelente trabajo, Ulises.

—Pero, su excelencia, si a nadie le gusta.

—Exactamente, y ¿qué es eso sino la democracia?

Madre, casa

Madre en maya yucateco se dice Na, que también sirve para decir casa. Y es que no puede haber una sin la otra, ya que una casa sin mujeres no es una casa; es un cuartel, una prisión, o una cantina. Lo cierto es que para muchas mujeres trabajadoras que cruzan la plazuela, la estatua de la Madre es una Mater Amatissima; para aquellas abusadas, acosadas o perseguidas, Mater Dolorosa; para las huérfanas, Mater Surrogata; para las que son felices, Mater Gratiae; para las que viven atemorizadas, Mater Valoris, y para todas, una Mater Salvatoris, y puntualmente, los domingos, es la Mater Artis.

Es también para otras mujeres que a su alrededor se congregan una Mater Res Novae, Madre de la Revolución, Madre de las Cosas Nuevas. A ella recurren las mujeres rebeldes cuando la necesitan e incluso presta sus faldas para que sus hijas expresen su hartazgo de un sistema patriarcal infame. Sonríe cuando la adornan con el pañuelo verde de la rebeldía, porque siente cerca la revolución que acabará con el patriarcado.

Mérida, Yucatán
contacto@lajornadamaya.mx