La Santa Muerte en Chetumal, devoción y estigma social

Esta religión es practicada casi bajo clandestinaje: Antonio Higuera, de la UQROO

Joana Maldonado
Foto: Juan Manuel Valdivia
La Jornada Maya

Chetumal, Quintana Roo
Martes 29 de octubre, 2019

Es una devoción muy antigua que desde la época prehispánica se vincula a la adoración de los muertos; sin embargo en nuestro país no es una práctica religiosa reconocida ni aceptada como otras. Es la adoración a la Santa Muerte, cuyos devotos son una minoría religiosa que carga con un estigma social y en consecuencia enfrenta el rechazo.

El docente e investigador Antonio Higuera Bonfil, de la Universidad de Quintana Roo (UQROO), ha mantenido una investigación sobre la devoción a la Santa Muerte desde hace siete años. Desde entonces ha dado seguimiento a grupos de Chetumal inicialmente, extendiendo la investigación a otros puntos de Quintana Roo, México y el mundo en donde hay templos y altares domésticos dedicados al rezo y adoración.

En el marco del Seminario Permanente del Cuerpo Académico, Antonio Higuera y el investigador Manuel Buenrostro Alba, ambos de la UQROO, expusieron sobre el tema. El primero mostró un acercamiento etnográfico que ha documentado en los últimos años, particularmente en Chetumal, en donde es practicada esta religión casi bajo clandestinaje.

Antonio Higuera dijo que la práctica de la adoración a la Santa Muerte no es una religiosidad, sino que es relativa y asumida como una serie de cosas que los devotos realizan, además su visibilidad es reciente, de apenas unos 18 años.

La obviedad y visibilización de la devoción a la Santa Muerte, destacó, se remonta al año 2001, cuando una mujer de nombre Enriqueta Romero, del barrio de Tepito, en la Ciudad de México, exhibió una imagen de tamaño real, lo que marca un parteaguas y cambia la percepción de esta práctica.

“Ahí no inicia el culto, es añeja pero incierta (…) desde el 2001 lo que era clandestino incluso, empieza a salir de manera pública y empieza a generar una imagen, de la cual prevalece estigmatizada pues la mayoría de las personas vincula su culto al narcotráfico o violencia, la prostitución y todo lo malo que se nos muestra como la característica y perfil de los devotos”, señaló.

El culto a la Santa Muerte es diverso: no hay una manera única o específica de rendirle culto, pues hay grupos de creyentes asociados al catolicismo, a la santería, hechicería, satanismo o que se vincula con la adoración a dioses prehispánicos.

Esta relación, principalmente asociada a la maldad, ha generado estigma a la práctica del culto incluso a nivel institucional, pues aunque desde 1992 el gobierno mexicano publicó la Ley de Asociaciones Religiosas que reconocen a las iglesias con presencia y personalidad jurídica, a la fecha han sido rechazados tres intentos de registro de diversas organizaciones dedicadas a la adoración a la Santa Muerte, por lo que el gobierno no les reconoce.

El caso Chetumal

En Chetumal, capital de Quintana Roo, subsiste la Parroquia de la Misericordia y la Santa Muerte, un templo oficial asociado a la iglesia del centro del país que encabeza David Romo Guillén y cercano al catolicismo. Este templo ha decaído en creyentes en los últimos años.

En algunas colonias como la Santa María, cercana al poblado de Caderitas, hay altares domésticos en donde los creyentes asisten por separado pero se reúnen anualmente cada 13 de diciembre para celebrar a la Santa Muerte, a quien conmemoran a través de bailes prehispánicos.

“La congregación no existe como tal, los creyentes van y les hacen la limpia, y se reúnen una vez al año para hacer una fiesta, fuera de eso se conocen y saben que son hermanos de fe pero no hay otra cosa”, menciona.

Para el académico, el motivo del culto a la Santa Muerte obedece a la necesidad de las personas a tener un acompañamiento espiritual que busca dar un sentido a la vida.

Acotó que esta devoción ha sido asociada a grupos delictivos y narcotraficantes, pero que en la práctica se ha puesto en evidencia la participación de amas de casa, padres y madres de familia, estudiantes y hasta personajes de la política que han “recibido favores” y que expresan gratitud a través de su devoción.

“Cuando uno se acerca a los templos y ve el tipo de personas que participa, vemos personas sin relación a los grupos delictivos sin embargo han recibido favores o simplemente creen en un símbolo que les ha servido para descargar sus inquietudes o simplemente por creer en algo”, señala.