Golpismo de exportación

Astillero

Julio Hernández López
Foto: Ap
La Jornada Maya

Lunes 11 de noviembre, 2019

No hay que confundir lo policial-militar con lo electoral. Y no hay que utilizar eufonías o atenuantes: en Bolivia se consumó un golpe de Estado desde una fase de amago del jefe de las fuerzas armadas de ese país que, de no haber sido atendida por Evo Morales, habría significado el uso abierto y extremo de las armas. Un golpe que fue la culminación de un proceso de exacerbación de ánimos sociales y de retos y amenaza final de mandos policiacos y militares a partir de un litigio electoral.

Los ingredientes clásicos del intervencionismo extranjero combinado con la incitación y magnificación de discordias internas que podrían haber encontrado salida, por ejemplo, mediante la convocatoria a nuevos comicios que ya había anunciado el propio presidente de la república antes de ser forzado a declinar (a riesgo de una confrontación mayúscula, sangrienta) por las sugerencias del comandante en jefe de las fuerzas armadas, Williams Kaliman, y del comandante general de la policía boliviana, Yuri Calderón.

El mensaje, sin embargo, no es meramente local. Es un mensaje de respuesta rápida desde centros de poder continental y mundial que ven con gran recelo la restitución política y electoral de la corriente de izquierda, con diversos matices, que había tenido una notable y unificada presencia en años pasados y, luego de un aparente retorno vigoroso de las opciones de derecha, está siendo rebasada, en diferentes niveles y profundidad, en una parte de Sudamérica y… en México.

La apresurada conjunción de factores golpistas en Bolivia (medios de comunicación, grupos empresariales, élites policiacas y militares, injerencia estadunidense) puede ser vista también a la luz de lo que sucede en México. Un gobierno de centroizquierda, con tintes derechistas y religiosos, y marcada propensión a la defensa y beneficio de los sectores más desprotegidos de la sociedad, enfrenta la intención desestabilizadora de los grupos de poder que se sienten desplazados y maltratados. Como en Bolivia, hay medios de comunicación, grupos empresariales, élites policiacas y militares e injerencia estadunidense que buscan agravar la problemática natural de un país en variopinto proceso de cambio. Vale leer y entender lo que ha sucedido en Bolivia porque, sin mucho encubrimiento, es un mensaje redactado originalmente en inglés.

En el partido que debería ser sustento del presidente López Obrador se vive una tragicomedia que al parecer durará largo tiempo en cartelera. Ayer hubo una reunión del consejo nacional de Morena, convocada por la presidente de este órgano, Bertha Luján, quien a la vez aspira a dirigir el comité nacional de ese partido. Yeidckol Polevnsky, quien actualmente hace como que preside al morenismo (es secretaria general en funciones de presidente, afectada por un largo desgaste que le ha restado autoridad política) no asistió a tal reunión de consejo y prefirió organizarse una conferencia de prensa en la que anunció su propósito de seguir como directiva hasta en tanto no se encuentre una salida política a la crisis de la que ella es corresponsable de principalísimo nivel.

Además, se pretende reformar los estatutos para establecer como mecanismo de selección de candidatos las famosas encuestas que han significado y significan la abolición de mecanismos democráticos para elegir dirigentes municipales, estatales y nacional, en aras de esos métodos de supuesta validación demoscópica que, en la realidad mexicana, sólo significan la validación de la voluntad de quienes controlan tales procedimientos, sean varios o uno solo.

Y, mientras de gira en Yucatán el presidente López Obrador ha recibido las primeras muestras fuertes de oposición al Tren Maya, lo cual obligará a realizar consultas populares verdaderas, con reglas institucionales y no a mano alzada ni con formalidades insuficientes, ¡hasta mañana!

juliohdz@jornada.com.mx