La paz sólo puede ser desarmada: papa Francisco

El pontífice ofició una misa ante 35 mil fieles en Hiroshima

Texto y foto: Afp
La Jornada Maya

Hiroshima, Japón
Lunes 25 de noviembre, 2019

El papa Francisco calificó ayer de crimen el uso de la energía atómica con fines militares y denunció la lógica de la disuasión nuclear, durante sus visitas a Nagasaki e Hiroshima, dos ciudades japonesas víctimas de las bombas atómicas lanzada por Estados Unidos.

El uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad, sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común, declaró Francisco en un discurso pronunciado en el Memorial de la Paz de Hiroshima, cerca del lugar donde fue lanzada la bomba el 6 de agosto de 1945.

Ese uso es inmoral, abundó el Papa argentino. Y es también inmoral la posesión de armas atómicas, sentenció.

Jorge Mario Bergoglio estuvo antes en Nagasaki, una ciudad que quedó devastada por una segunda bomba atómica tres días después de Hiroshima.

En esta localidad de la isla Kyushu, en la que murieron al menos 74 mil personas, Francisco rechazó la doctrina según la cual poseer un arma nuclear disuade de ataques y es un medio para garantizar la paz.

"Se trata de una falsa seguridad que empaña las relaciones entre los pueblos. La verdadera paz sólo puede ser desarmada", sostuvo en Hiroshima, donde se calcula hubo 140 mil muertos en el momento del ataque y en los meses siguientes.

El horror de la guerra y las armas, un grito recurrente del religioso argentino, es continuación de la posición de papas precedentes.

Pero este claro rechazo de la teoría de la disuasión nuclear es una ruptura con el pasado. Ante la Organización de Naciones Unidas en 1982, Juan Pablo II llegó a definir la disuasión nuclear como mal necesario en las condiciones actuales.

La Santa Sede ratificó el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en 2017. Pero hace dos años, en un simposio en el Vaticano, Francisco condenó la posesión de armas nucleares y la amenaza de uso, ya que para él las relaciones internacionales no pueden estar dominadas por la intimidación militar.


Se sobrevive, pero ya no como ser humano

El Papa también criticó la industria militar. En el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo.

Asimismo, se entrevistó con sobrevivientes de la bomba, conocidos como hibakusha en Japón, y mencionó la fuerza y la dignidad de aquellos que soportaron en sus cuerpos los sufrimientos más agudos y en sus mentes, los gérmenes de la muerte.

Mi madre y mi hermana mayor murieron carbonizadas, declaró a la prensa Sakue Shimohira, de 85 años, sobreviviente de Nagasaki, que entregó al Papa flores blancas ante el principal monumento del parque la paz, lugar central del impacto de la bomba.

Aunque uno sobreviva ya no puede vivir ni morir como un ser humano. Es el horror de las armas nucleares, agregó esta mujer.

En Hiroshima muchos supervivientes subieron al podio. Francisco los saludó uno a uno. Este país conoció como pocos el nivel de destrucción del cual es capaz el hombre, expresó en una misa ante 35 mil fieles en un estadio de beisbol.

En otro discurso, en Nagasaki, en homenaje a los mártires católicos japoneses de los siglos XVI y XVII, el pontífice dijo que estos fueron una profunda fuente de inspiración para él. Y mencionó la necesidad de garantizar la libertad religiosa para todos, así como la importancia de apoyar a las minorías católicas en Japón y Tailandia, donde representan menos de 0.6 por ciento de la población.