Carlos Carrera realizará talleres de cine en Mérida

En entrevista con La Jornada Maya, el artista argumentó que debe apoyarse más a las creaciones culturales

Abraham Bote
Foto: Facebook @vuelvenenvida
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Martes 26 de noviembre, 2019

El eterno problema que sigue existiendo en el cine mexicano es la distribución. Se apuesta por un cine comercial que no es propio de México, en lugar de narrar historias que toquen o que tengan un contenido de calidad y con crítica social, que represente a la mayoría de la población, indicó Carlos Carrera, director de películas como Ana y Bruno y El crimen del padre Amaro.

El cineasta platicó con La Jornada Maya sobre el panorama de la industria cinematográfica en el país, así como de su reciente largometraje, el primero en ser animado, entre otros temas. El director de cine vendrá a Mérida en diciembre para compartir sus experiencias en algunos talleres promovidos por Cine Con.

Si bien existen programas y apoyos por parte del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMcine) para la creación en las regiones del país, y así descentralizar la producción de las películas y cortometrajes independientes, que apoya a gente con más visiones, más culturas, comunidades indígenas, el problema grave del cine mexicano radica en que sólo se da cabida en las pantallas a un tipo de cine más comercial.

No tiene nada de malo, reconoce, sin embargo siempre se ve la misma historia, una comedia romántica con los mismos actores conocidos, y cuando muchas veces "no parece que sucedan en México, parece un lugar televisivo, raro... ni los lugares, ni la gente representa a la mayoría de la población".

No obstante, ese es el cine que más se promueve, que tiene más copias y que compite con el cine de Hollywood, cuando hay otras propuestas interesantes como el cine documental, o de ficción que no tienen cabidas en las salas comerciales, subrayó. "Falta apoyo a películas con un valor cultural o social"; agregó.

Por lo tanto, indicó que se debe seguir apostando por crear más espacios como cinetecas, salas de arte, festivales de cine para atraer al público, además dijo que hay proyectos que buscan revertir el condicionamiento del gusto del público, como proponer que existan dentro de los programas de estudio una formación audiovisual para que la gente tenga más información sobre qué hay más contenido más allá del cine comercial.

Ante este panorama, el artista invitó a los cineastas a seguir apostando por contar historias que toquen y que reflejen alguna situación que se vive en el país, ya que "al público de todo el mundo le gusta verse reflejado en la pantalla y aprender cosas y sorprenderse, no que le cuenten la misma historia siempre".

Aunado a esto, se debe romper ese "círculo vicioso", el miedo que tiene la gente que pone el dinero de no recuperar su inversión, que se arriesguen y apoyen a otro tipo de contenidos más reflexivos y con temas más profundos.

Cine de animación

En este tema dijo que existen dos tipos de animación que se realizan actualmente, la independiente de los cortometrajes donde se experimenta más, las propuestas son más originales, tiene más valor tanto plástico como a nivel de historia; , y por otro lado, tenemos la animación industrial que son las series y películas, que son más comerciales, lo que hace que artísticamente no sean tan relevantes como los cortometrajes.

Por eso, hace falta trasladar lo mejor de la animación independiente a la comercial, que haya ganas de arriesgarse más en este tema, agregó.

Luego de hacer varios cortos, Ana y Bruno fue su primer largometraje animado y al cual ganó varios premios, como Mejor largometraje de animación en los premios Ariel del 2019, y fue nominada en sendos festivales y premios de cine,

Uno de los problemas que se enfrentó en esta película, la cual retrata la historieta de Ana, la búsqueda de su padre y el intento de liberar a su madre de un centro psiquiátrico, confiesa, fue plantear otro tipo de historia y de animación, además de que al obtener una mejor calidad, la película salió más cara que el promedio, por lo que tuvieron que parar la producción dos años.

Carlos Carrera aclara que la diferencia entre dirigir una película de ficción o documental a una animada es que en esta última no te enfrentas a los mimos problema de producción. "La animación permite traducir directamente lo que uno se imagina a la pantalla sin pasar por todo el proceso de buscar actores...tienes más el control del resultado que deseas", aunque el problema es que te llevas más tiempo, agregó.