Revitalizar el campo, única vía para honrar a Zapata: Pedro Ángel Palou

Emiliano nos dice que traicionamos de nuevo al sector agrícola y lo pagaremos caro, dijo

Mónica Mateos-Vega
La Jornada Maya

Ciudad de México
Martes 17 de diciembre, 2019

La Jornada, la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla se suman a la conmemoración por el centenario del asesinato de Emiliano Zapata con la edición del libro Zapata. Documentos. Arte. Gráfica, que reúne una vasta recopilación de la iconografia alusiva al Caudillo del Sur.

Esa obra incluye el texto "Zapata, de corrido", en el que el escritor Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) narra la vida del jefe rebelde, entrelazando corridos zapatistas que se estaban perdiendo y que gracias al trabajo del antropólogo y etnomusicólogo Carlos Barreto Mark, recientemente fallecido, ahora acompañan la ruta de esta nueva revisión de uno de los personajes esenciales para México.

En entrevista con este diario, Palou, autor de la mejor novela histórica dedicada a Zapata –como lo afirmaba Carlos Fuentes–, considera que en el país, al hablar del revolucionario, se debe considerar que existe una tarea pendiente: "la más urgente, repensar al campo".

Añade que "una política que revitalice al campo, que lo tecnifique y le devuelva la fuerza al ejido (y la esperanza productiva) sería la única manera, en la actualidad, de homenajear a Emiliano Zapata".

Palou comenzó a trabajar textos sobre el líder de los ejércitos del sur en 2004; varias líneas de acción le llamaban, por ejemplo "el texto sobre Jaramillo de Carlos Fuentes en Tiempo Mexicano y las ‘sagradas escrituras’ del zapatismo a las que hace referencia. La biografía de Gildardo Magaña, su último lugarteniente. El guion de Steinbeck para ¡Viva Zapata!, de Elia Kazan.

"Después fatigué toda la bibliografía, la nuestra y la escrita por extranjeros, particularmente los historiadores estadunidenses. Sin embargo, a pesar de la enorme bibliografía sobre el Caudillo del Sur todavía tenemos, si no secretos, sí muchos aspectos qué dilucidar", refiere.

Carlos Fuentes tenía planeado escribir su novela Emiliano en Chinameca, pero desistió luego de conocer el Zapata que Palou publicó en 2005, libro que "está dedicado a él y a Silvia Lemus, como homenaje. Fuentes leyó mi manuscrito y luego lo elogió mucho en su libro La gran novela latinoamericana".


El revolucionario tenía conciencia social

Luego del asesinato de Emiliano Zapata, y al transcurrir los años, "el zapatismo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional fue una primera reverberación de su pensamiento. Marcos entendió la gestualidad de Emiliano y la emuló con brillantez. Incluso le puso Aguascalientes al lugar de las asambleas comunitarias, en referencia a la Convención", continúa Pedro Ángel Palou.

"Hoy, en cambio, Zapata tiene otro sentido. Su vigencia es absoluta y hay que revisarlo con miras a un nuevo contrato social, particularmente con el campo mexicano, tan destruido por el NAFTA (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y por la reforma del artículo 27 constitucional que hizo Carlos Salinas.

"¿Qué nos dice Zapata? Palabras más, palabras menos: que traicionamos de nuevo al campo. Y que lo pagaremos caro. La ruptura de las relaciones antropológicas naturales de las comunidades rurales por culpa de las maquiladoras y la pobreza han ocasionado la migración masiva y la libre circulación territorial del narco, y esas son, en buena medida, nuestros peores lastres en 2019".

Respecto de la transformación de Zapata en icono pop, el autor sostiene que "el capitalismo suele volver mercancía todo, incluso los sueños. A Emiliano lo hemos convertido en camiseta, como al Che. El problema es que así lo hemos despolitizado, deshistorizado. Es como en la película Diarios de motocicleta, donde el Che queda sólo como un liberal que despierta a la conciencia social por visitar una colonia de leprosos. Lo mismo con Zapata, lo hemos dibujado como si fuera sólo una ‘fuerza’, y un ‘natural’, un campesino que se levanta en armas casi porque sí.

"Zapata tenía una conciencia social que le venía de su propia experiencia, es cierto; pero también de muchas lecturas, de participar en el Club Ponciano Arriaga, de leer a los anarquistas con Otilio Montaño. Zapata no era un improvisado. Hasta Neruda cayó en la trampa cuando dijo que el zapatismo era una ‘tormenta de herraduras’.

"Equiparar al zapatismo con la naturaleza puede ser poéticamente redituable pero le elimina de tajo la conciencia política. Su lucha, como está claro en el Plan de Ayala, es muy pensada. Firmar diciendo ‘justicia y ley’, en nuestro país, no es pleonasmo. Zapata nunca dijo la tierra es de quien la trabaja. La tierra es de quien legítimamente la posee, de sus dueños históricos, los indígenas de Morelos según las ordenanzas reales que eran esas ‘sagradas escrituras’ en náhuatl de las que hablaba Fuentes".


Los corridos que recupera en el texto, ¿son vigentes, se continúan escuchando en tierra morelense?
El corrido zapatista se estaba perdiendo, como también el instrumento melancólico con el que se le toca, el bajoquinto. El gran antropólogo y etnomusicólogo Carlos Barreto Mark, recientemente fallecido, trabajó incansablemente por recuperar los corridos, por hacer que grupos de jóvenes volvieran a tocar las canciones, por trabajar con lauderos en el arreglo de instrumentos. Gracias a él, el corrido es una fuerza vital –concluye Palou.

El libro Zapata. Documentos. Arte. Gráfica será presentado mañana a las 19:00 horas en la Librería de La Jornada (avenida Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, cerca de la estación Zapata del Metro, alcaldía de Benito Juárez, Ciudad de Mexico). Participarán Hermann Bellinghausen y Luciano Concheiro.