A cargar contra gigantes

No estamos inventando una tradición; al contrario, pretendemos recuperarla

La Jornada Maya

Sábado 28 de diciembre, 2019

Por cuarto año, La Jornada Maya elabora una edición plagada de notas en broma con motivo del día de los Santos Inocentes. Y así como una golondrina no hace verano, un periódico no hace una tradición… o tal vez sí.

Como empresa, aún tenemos un tiempo de vida muy breve como para considerarnos capaces de inventar una tradición, con todo y que sabemos que algunos de nuestros lectores llevan algunos días preguntándose qué estamos preparando para esta fecha. Pero por hoy, baste decir que al menos ya tenemos una costumbre en esta redacción, la que celebramos con mucho gusto y risas en camaradería.

Pero seamos honestos: no estamos inventando una tradición; al contrario, pretendemos recuperarla, hacer un homenaje al humor y a la capacidad de reírnos de un panorama mundial, nacional y local inciertos ya sea por factores políticos, económicos o medioambientales. El humor, como hemos dicho en otras ocasiones, forma parte de la historia del periodismo peninsular desde que éste surgió en 1813, con El Misceláneo y El Aristarco Universal, pero también son documentos históricos D. Bullebulle, La Burla, La Cola del Mus, La Píldora, El Escorpión, para el siglo XIX; pero también esos periódicos menudos que llevaban por nombres La Dinamita, El Pincha Sapos, El Rebenque, El Tábano, La Serpiente, El Chaquiste, El Rasca Tripas, o también El Zapatero, El Zurriago, El Garrote, Pólvora y Dinamita. En fin, una prensa que dice más de una época de lo que podemos imaginar y que espera lectores en las hemerotecas.

Porque también eso hace el periodismo: invita al lector a reconocer(se) en la historia próxima, a compartir la lectura con aquellos con quienes se convive diariamente y encontrar que tienen en común algo más que el lugar donde se vive; porque poseemos humanidad es que somos capaces de reír, y el periodismo es, ante todo, una de las actividades más humanas que existen, que es la de contar lo que ha ocurrido, y ¿qué sería de cualquier narrativa si no tuviera una pizca de sal, ese toque de humor? Sería un relato lineal, sin simas ni clímax, y mucho menos resolución; sería una narrativa que no valdría la pena contar.

Nuestra edición de hoy un homenaje a la historia peninsular y a su periodismo, en una narrativa amplia que incluye a esos periódicos editados en imprentas artesanales que aparecían para el carnaval o el día de muertos, llenos de epigramas, calaveras y versos satíricos. Burlas a personajes que hoy conforman precisamente nuestra historia, hechas en su propio tiempo, en lugar de posibles futuras reinterpretaciones artísticas de los mismos, que serán responsabilidad de las generaciones venideras.

En una época en la que campean portales de noticias falsas, y en cualquier escenario encontramos ejemplos de políticos que recurren a “otros datos” para erigirse vencedores en el debate público, dedicar una edición a notas surrealistas (por decir lo menos) pareciera un desperdicio o un ejercicio inútil, toda vez que la competencia en ese campo está más que consolidada. En nuestra idea de periodismo hemos preferido hemos optado por tomar la armadura de don Quijote y cargar contra esos gigantes, porque aunque los molinos de viento hoy sirven para captar energía, la nuestra está en señalar precisamente a distinguir entre lo que es noticia y lo que es un molino de viento.

Seguramente haremos este ejercicio el próximo año, y entonces algunos podrán decir que ya hicimos tradición. Inventada, como todas las tradiciones, y en nuestro caso fácilmente rastreable. Pero insistimos, no hemos hecho más que retomar lo que otros han hecho antes en la historia del periodismo, y nos falta todavía mucho para hacer otros especiales celebrando efemérides. Ya veremos, vamos despacio, que tenemos prisa.

Mérida, Yucatán
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