Morir por morir

¿Cuántos van?, sería la pregunta pertinente

Jesús Hernández Martínez
Foto: Twitter @kpya
La Jornada Maya

Viernes 3 de enero, 2020

Mal termina este año para Quintana Roo en cuanto a seguridad; no mejoró la seguridad como lo prometió el gobierno y sí aumentó la inseguridad como lo temía la población. Un día sí y al otro también desde enero hasta diciembre se reportaron homicidios dolosos y culposos, ejecuciones y varias formas de extorsión entre éstas los secuestros y, en contra de las versiones oficiales, el problema no disminuye y sí tiende a crecer ante el temor, terror y la impotencia de la sociedad.

Como en casi todo el país, los delincuentes llegaron a Quintana Roo para quedarse –esto no quiere decir que entre ellos no haya quintanarroenses– y la manera de hacerse de dinero vía la extorsión es el consabido cobro del “derecho de piso” y, quienes no lo pagan, son ejecutados. Primero se iban en contra de los negocios más grandes, últimamente atacan a los comercios incipientes cuyos propietarios tratan de obtener algunas pocas ganancias para su sostenimiento y el de sus familias.

¿Cuántos van?, sería la pregunta pertinente. La respuesta, según los datos oficiales, de enero a octubre, mil 263 homicidios dolosos, atribuibles al crimen organizado, y 572 culposos. Pero el conteo sigue; faltan los datos de noviembre y diciembre, que ya están pero no son oficiales, que nadie o casi nadie espera que sean inferiores a los de los meses anteriores.

Cada vida es valiosa, muy valiosa, y cada una de las víctimas tuvo su propia historia; hombres y mujeres que dejaron en la orfandad a niños pequeños y sin sustento ni compañía a la viuda o el viudo. Hombres y mujeres nacidos en Quintana Roo o procedentes del interior del país quienes, ante la falta de un empleo formal y bien pagado, se decidieron por un pequeño negocio: un taller mecánico, una carpintería, un puesto de antojitos, una lavandería y otros ahora que está de moda ser emprendedor, pero no se imaginaron que, en lugar del éxito encontraron la muerte a manos de sicarios del crimen organizado. Más de 10 ejecutados fueron menores de edad que no esperaron morir por morir, sin deberla ni tenerla.

Los delincuentes tienden a crear un clima de terror que, se acepte o no, tiende a crecer día tras día. Quienes ceden a pagar “el derecho de piso” que no son pocos, esperan dejar su actividad laboral para ya no ser víctimas cautivas del crimen organizado que no cede ni un ápice. Varios extorsionados han anticipado que buscarían otro trabajo.

Y siguen llegando elementos de la Guardia Nacional, soldados, marinos, armas y patrullas. La administración estatal y las municipales siguen contratando personal para contar con más elementos policiales pero nada parece dar resultado y la sociedad se desespera. La gran dificultad oficial es disminuir la extorsión vía el cobro de “derecho de piso”, reconocen las propias autoridades.

Los polos de desarrollo turístico como Quintana Roo generan riqueza, mejoran las condiciones de vida de sus habitantes, pero también atraen delincuentes. Del total de homicidios dolosos en el periodo que se señala, 657 se registraron en Cancún y 314 en Solidaridad, lo que confirma la mayor presencia del crimen organizado en los municipios con mayor auge turístico.

“No estamos tan mal; otras regiones del país enfrentan una peor inseguridad y el número de sus víctimas es mayor”, es más o menos el texto repetitivo de algunas de las declaraciones de autoridades encargadas de preservar la seguridad, e insisten en lo lamentable de esa situación, pero ya es común en toda clase de corrillos escuchar sobre lo riesgoso que resulta para las familias salir a veladas nocturnas o pasear de día en sitios públicos.

“Tal vez algunos crean que exageramos, pero tenemos derecho de pedir mayor seguridad”, nos comentó casi a escondidas el hermano de una de las víctimas ultimada hace unas semanas.

Una rápida mirada al panorama de la inseguridad en Quintana Roo les provoca temor a todas las familias laboriosas y les preocupa, no cabe duda, a las autoridades que no han encontrado la forma de contrarrestar ese mal que nadie, ni de casualidad, desea que aumente. 2020 podría traer mayor seguridad a los quintanarroenses. Al menos las autoridades de los tres niveles de gobierno han anticipado que no bajarán la guardia y, tarde o temprano, la inseguridad disminuirá pues el bien debe triunfar sobre el mal.

Cancún, Quintana Roo
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