'Mochila segura', invasivo y poco efectivo: alumnos y profesores

Cambiar los entorno escolares es necesario para mantener la seguridad

Laura Poy Solano
Foto: Cuartoscura
La Jornada Maya

Ciudad de México
Lunes 20 de noviembre, 2020

De acuerdo con alumnos de educación básica, que les revisen las mochilas es una invasión a su intimidad que no ayuda a generar un ambiente escolar más seguro. El "abandono" de los padres y el poco interés que muestran los adultos por conocer qué piensan y opinan, también les genera inquietud.

"Sería bueno que nos preguntaran nuestra opinión, porque normalmente se expresan los adultos y a nosotros también nos gustaría, por eso a veces nos sentimos un poco mal. Necesitamos recibir más atención y que nos pregunten qué pensamos", afirmó Noemí, alumna de sexto grado.

Padres de familia y maestros advierten que la implementación de Mochila segura "nos coloca a todos como presuntos sospechosos, sin que se dé respuesta a los muchos problemas que tienen las escuelas con una política pública integral".

Después de conocer el caso de un estudiante de primaria que disparó contra su maestra y compañeros, para después suicidarse, en Torreón, Coahuila, Gael, de 11 años y alumno de sexto grado, considera que "no sería tanto desde la escuela, sino desde la propia casa, porque lo que expresan los niños en cada plantel viene de la familia. Si uno no quiere hablar, si te estás escondiendo, es porque algo está pasando en casa, eso sería lo principal. No tendrían mucho que buscar en la escuela, sino que los papás nos pongan más atención".

A sus 11 años, Noemí, explica que aplicar el operativo Mochila segura, "puede estar bien, por lo de la seguridad, pero también es un poco incómodo para algunos niños, porque traen sus cosas personales y pues ya no sería muy personal cuando todos los saben".

Considera que tener un entorno educativo más seguro demanda que los "maestros le den apoyo a los niños, que tengamos confianza para confiarles si pasa algo, para evitar algún problema. Que los profesores estén atentos a los alumnos y que les podamos tener confianza".

Georgina, una de sus compañeras, advierte que "pasa como con mi celular, que a veces se lo prestó a mi papá porque no tiene, pero que tal si me gusta un niño, y le escribo ahí una carta, no me gustaría que se enteraran. Por eso creo que a lo mejor no estaría bien que me revisen mis cosas, no por tener algo malo, pero son mis cosas".

Maestros y padres de familia coinciden en la necesidad de mejorar los entornos escolares, pero también generar nuevas estrategias para reconstruir la convivencia escolar. Lupita Segura, con 41 años de experiencia docente en prescolar, destaca que la estrategia "la tenemos que construir desde casa, con el apoyo de los padres de familia. Con organización y planeación, pero también con un mayor compromiso de los padres o tutores, porque son quienes deben establecer reglas claras, no flexibles, que se deben cumplir, pero deben enseñar con el ejemplo".

Francisco Bravo, profesor con 38 años de servicio en educación primaria e integrante de la dirigencia nacional del magisterio disidente, señala que Mochila segura, "es una reacción inmediata y mediática a hechos tan trágicos como los de Torreón, más que una verdadera política pública que dé salida a los desafíos que enfrenta la escuela".

Agregó que este tipo de operativos “no tienen mucha vigencia en las escuelas, porque resulta poco práctica. Quién va a poder revisar la mochila, como en nuestra escuela, a 360 niños. Además, los padres preguntan ‘por qué le revisan sus cosas si no soy un delincuente y mi hijo tampoco’. Estas medidas nos ubican a todos como presuntos sospechosos”.

Presuntos culpables

Padres de familia señalaron que "por la seguridad puede parecer una buena medida, pero también es muy incómodo para los niños, y los coloca como si fueran culpables de algo, cuando sólo son niños", afirma Mariana, madre de Joaquín, de 5 años, quien recuerda que al cursar su educación secundaria “también me aplicaron Mochila segura y fue muy difícil, porque nos pusieron frente al pizarrón y ahí nos revisaron nuestras cosas. Muy invasivo”.

David, de 30 años y padre de Mateo, quien cursa su segundo grado de primaria, señala que “no es una buena idea, porque a mí me la revisaban en la secundaria y nunca encontraron armas ni nada. La escuela estaba en una zona muy difícil y la revisión nunca funcionó para evitar que se metiera alcohol u otras cosas, era casi como un reto, a ver a quién cachaban y a quién no. Además, era discriminatorio, porque casi siempre se elegía a los alumnos indisciplinados”.

Pero para los infantes, uno de los temas claves es que no hay interés en conocer su opinión. "Muchas veces los niños vemos cosas que los adultos no, y ellos nos tratan como si fueran los únicos que saben", señala Elean, de sexto grado.

"Cuando queremos decir algo, nos responden que cuando seamos adultos podremos hablar", apunta Gael.