Akumal, un santuario para animales rescatados

Representa desde hace tres años un hogar para 36 especies

Texto y fotos: Juan Manuel Valdivia
La Jornada Maya

Akumal, Quintana Roo
Martes 4 de febrero, 2020

Flaco y Amperio son dos monos araña que habitan en Akumal Monkey Sanctuary & Rescued Animals, junto a más de 200 animales que comparten historias de maltrato, abandono y explotación, sin embargo, gracias a los cuidados recibidos en este lugar, tienen una oportunidad de vivir.

Ubicado a un costado de la carretera de Tulum-Playa del Carmen, en el camino a Uxuxubi, la idea del santuario nació hace cinco años en respuesta a la ley que prohíbe a los circos utilizar ejemplares silvestres en sus espectáculos, de ahí que la población que más tiene son cebras, monos capuchinos, lémures y otros primates.



Aunque viven en cautiverio, Akumal representa desde hace tres años un hogar para las 36 especies que habitan en este centro, basado en cinco pilares: educación ambiental, bienestar para los animales, programa de reintroducción, centro cultural y de investigación, y promoción de artesanías.



En entrevista, Nancy Vargas Bahena, gerente de operaciones del santuario, relata cómo han sido los cambios y desafíos para este centro al cual pueden acceder las personas en recorridos, a diferencia de las Unidades de Manejo Ambiental (UMA) para la Conservación de la Vida Silvestre.

“Primero se llamaba Akumal Park, porque el concepto original era que fuera un parque. Al inicio empezamos con especies de capuchinos cara negra, guacamayas azules, monos ardilla y lémures, fueron los primeros que llegaron aquí, después se incorporaron las cebras”, cuenta la entrenadora de animales.



Pasar de la idea de un parque a un espacio de rescate se dio ante la necesidad de ver el sufrimiento de los animales, como Flaco, un mono araña -especie en peligro de extinción nativa del sureste de México, por lo que es bandera de Akumal- que se distingue de sus compañeros por tener amputada la cola.

“Un día me hablaron para decirme que un mono araña había sido atacado en la selva, tenía como 20 heridas, estaba casi para morirse. Al llegar al veterinario me preguntaron si le practicaban la eutanasia, pero lo salvaron amputándole la cola, algo increíble, porque no te imaginas cómo puede vivir un mono araña sin su cola”, recuerda Vargas Bahena.



Otro caso especial es el de Amperio, “bautizado” así debido a que sobrevivió a la descarga eléctrica de un cable de alta tensión, a quien la falta de un bracito y una patita, no le impiden jugar y compartir de vez en cuando una “sonrisa” con los visitantes.

Programa de manejo

Cada ejemplar que habita en Akumal, proyecto que actualmente sólo utiliza cinco de las 16 hectáreas que posee, es tratado de acuerdo con el programa de manejo que el santuario reporta ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).



“La idea de santuario nació también porque Profepa me preguntaba cómo le haríamos para que vivan varios monos araña en el mismo albergue. Estos monos son rescatados por Profepa, porque la problemática en la Riviera Maya es que la gente los tiene de mascota”, relata la gerente de operaciones del santuario.

Al ser una fundación autorizada por Profepa, señala, cada año hacen actualizaciones del plan general donde la dieta y las atenciones médicas son fundamentales para garantizar las buenas condiciones de los animales, quienes son cuidados por un equipo de 10 personas, entre ellos veterinarios y biólogos.



“Tenemos que cumplir con todas sus necesidades primarias para el bienestar animal, que estén libres, darles agua fresca todos los días, que tengan un lugar para resguardarse, porque por más que yo quiera tenerlos en exhibición, ellos tienen que resguardarse y deciden dónde quieren acostarse”, comenta Vargas Bahena.

Prohibido no tomarse la foto

Abierto de lunes a domingo, de 10 a 18 horas, los recorridos tienen una duración de dos horas, y el público en general ingresa al pagar una cuota de recuperación, aunque también hay sus excepciones sobre todo para estudiantes de escuelas públicas.



La gerente del lugar explica que las visitas están basadas en su eje de educación ambiental. “Entre las actividades que hacemos es que las personas pueden conocer la diferencia entre animales silvestres y animales de granja, los cuidados que requieren, para que puedan interactuar”, comenta.

Guiados por expertos, los visitantes recorren primero el “Hexágono”, zona llamada así porque es un refugio en transición donde llegan por primera vez los animales, y de ahí pasan a un lugar conocido como área de resguardo, donde determinan si la especie puede ser liberada o no, ya que varios de ellos nacieron en cautiverio y tendría pocas posibilidades de sobrevivir.



Durante los recorridos los asistentes pueden tomar fotografías, en especial de las guacamayas, debido a que fueron rescatadas de ser explotadas de ambientes donde su vida transcurría entre turistas que se tomaban la foto para el recuerdo.

“Estas guacamayas están acostumbrados a tomarse fotografías, cuando tú les quitas esa actividad empiezan a tener ansiedad y en consecuencia a quitarse las plumas o hasta automutilarse. Aquí procuramos no exponerlas tanto en los recorridos, pero sí a que continúen con esta actividad”, precisa Nancy Vargas.



Lo más importante, asegura, es que la gente contribuya con su visita al rescate de animales maltratados, como Flaco y Amperio, pero sobre todo a que tomen conciencia de que no son mascotas.