Marybel pone la música, y el resto de la clase política baila

Mesa Chica

Hugo Martoccia
Foto: Captura de pantalla
La Jornada Maya

Lunes 9 de febrero, 2020

Hace más de un mes y medio que el Congreso del estado debate una agenda pequeña, de grupos cerrados, que tienen un enorme impacto en la opinión publicada, y uno bastante acotado en la opinión pública.

Casi todos los temas han tenido un hilo conductor: golpean a prácticamente todos los actores y sectores políticos del estado, menos a la senadora Marybel Villegas.

El caso Riviera Cancún, el pago de contenedores de basura para empresarios, la condonación de impuestos a casinos, los escándalos en el Congreso, los temas ligados a la inseguridad, y un breve etcétera, son temas que caen directamente sobre los adversarios políticos de la senadora. Los pagan Mara Lezama, Reyna Durán, Luis Alegre, Yeidckol Polevnsky, el Verde Ecologista, los diputados de los demás partidos, y, de uno u otro modo, todos los actores políticos; o casi todos. Excepto la senadora.

Los temas, que no bajan nunca de los medios de comunicación, son impulsados también al interior del Congreso por los diputados marybelistas de Morena, pero también por legisladores de otros partidos, aliados o no, que se sienten cómodos bajo la sombra política de Marybel.

El último aporte lo hace la absoluta falta de un agenda propia en el Congreso. Hasta ahora, la actual Legislatura ha sido sólo un escenario para repartir entre todos costos políticos por errores diversos, y poco más que eso.

Volveré y seré millones

El problema es que parece que nadie se da cuenta que están navegando sobre la sombra de una estrategia política que los pone a todos ante un pelotón virtual de fusilamiento mediático, mientras una sola actora política no debe rendir ninguna de esas cuentas.

La situación ha llegado a un punto tal de desconcierto, que en el intento de quitar de la coordinación del Grupo Parlamentario del partido, y por consiguiente, de la presidencia de la Jucopo, a Reyna Durán, se propone meter a un “marybelista moderado”, como si eso fuese una solución.

La mala noticia para quienes buscan esa salida es una sola: no hay tal cosa como un “marybelismo moderado”. El marybelismo es una forma de hacer política que incluye el choque, el control total, la conducción facciosa del poder, y el manejo absoluto y discrecional de los recursos.

Fue exactamente lo que hizo Edgar Gasca cuando presidió la Jucopo durante tres meses: dejó un desastre político, un descontrol legislativo, una guerra abierta entre diversos grupos de diputados, y al menos 9 millones de pesos de gastos injustificados que deberán pasar, tarde o temprano, por una auditoría a fondo. Y eso volverá a suceder si algún diputado de ese grupo llega a la Jucopo.

Pero la guerra fratricida de Morena, y una corta memoria política, ponen al marybelismo otra vez en la línea de sucesión de la Jucopo. La película Buscando a Nemo popularizó un término para denominar lo que está pasando en una parte de la clase política local: la “falta de memoria de corto plazo”, que sufría la entrañable Dory. Se olvida lo que acaba de suceder, y parece que nunca hubiese sucedido.

Sin agenda

El fondo del problema no es Marybel. Ella tiene una forma de hacer política, conocida desde hace 20 años, y tiene una aspiración, muy legítima, de ser la gobernadora de este estado en 2022. Tiene una estrategia, buena, mala o regular, y la lleva adelante. Y tiene aliados de peso.

El problema es que más allá no hay estrategia para nada, o al menos no se ve. El oficialismo estatal parece que no termina de decidir si va a tener o no un candidato o candidata propio y competitivo para 2022. Y esa indecisión incluye a los partidos que son sus satélites, como PRI, el MC, PRD, y los partidos locales. ¿Van a terminar todos apoyando a un morenista? ¿O van a enfrentarlos? Nadie lo sabe aún.

Mara, la contendiente más fuerte de Marybel, hace seis meses que sólo se defiende de los ataques que le caen diariamente. Es imposible poner ninguna agenda propia cuando todo el trabajo es defenderse de especulaciones y ataques injustificados ajenos, pero también de un cúmulo ya demasiado importante de errores propios.

Ya va casi por la mitad de su mandato, y a la alcaldesa parece costarle entender cuál es su electorado, quien votó por ella y a quién le debe las principales explicaciones políticas de lo que hace o no hace. Por consiguiente, carece de una estrategia.

Juntos, pero no mezclados

Saber cual es electorado propio, y cuáles son sus exigencias, es fundamental para sostener cualquier proyecto político. Es muy posible que la estrategia de “nadar de a muertito” para trepar en el mundo político ya no surta efectos, porque la política está en un momento diferente en México y en Quintana Roo.

AMLO dijo esta semana que quiere retirar del calendario los fines de semana largos. Eso le generó un terrible ataque de todo el sector turístico, y, por extensión, de todo el empresariado y de la derecha mediática, política y financiera.

Pero el Presidente sabe que ahí no está su electorado, y que todas sus promesas fundacionales de la 4T están, de una u otra forma, peleadas con ese sector. En su impecable lógica comunicacional, eso es justamente lo que necesita: que todo el tiempo quede muy en claro quienes están de un lado y quienes del otro. Quienes son de la 4T y quienes los adversarios. Eso no sólo no le molesta ni le da miedo, sino que es parte central de su excepcional estrategia de comunicación.

En este mismo espacio ya se comentó semanas atrás que en Quintana Roo hay un amplio consenso, que va desde el PAN hasta varios sectores de Morena que tiene un acuerdo tácito de transitar juntos la sucesión por un camino “institucional”, sin estridencias ni peleas. Ese grupo es, naturalmente, contrario a Marybel.

El problema es que a ese consenso le falta una estrategia política y también una estrategia de diferenciación, porque una cosa es un acuerdo político, y otra cosa es que todos parezcan lo mismo.

Marybel, en pequeño y con todos los errores que puede tener a cuestas, sigue una estrategia similar a la de AMLO: no busca votos donde no los tendrá ni amigos donde no los va a encontrar. Tampoco quiere que sea su sonrisa la que inunde las fotos de los medios y las redes sociales. Es su nombre, su hipotético aliado, y sus múltiples pero muy parecidos adversarios, lo que quiere que trascienda.

Casi todos los demás están aún en la estrategia de no pelearse con nadie que les pueda traer malas noticias. Pero desde acá les damos una mala noticia: esas malas noticias ya llegaron.

No vaya a ser que en 2022 se despierten, y el dinosaurio, con otra forma, esté de nuevo ahí.

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