Una región y gestión más transparente

Preocupación sexenal

Abelardo Rodríguez*
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Martes 11 de febrero, 2020

Recientes experiencias en el estado de Yucatán muestran conflictos ambientales asociados a megaproyectos predominantemente privados para la producción de electricidad haciendo acopio del abundante sol y viento peninsular y han mostrado que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) se ha quedado corta en su capacidad de elaborar Evaluaciones Ambientales Estratégicas (EAE) asociados a megaproyectos, desde la costa hasta la Región Puuc. La Semarnat ha solicitado Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIAs) por separado a los diferentes megaproyectos solares o eólicos, se ha permitido la atomización de la realidad compleja.

En una conferencia de prensa el pasado 11 de diciembre en la ciudad de Mérida varias organizaciones comentaron acerca de la Consulta Indígena en relación con el “mal llamado Tren Maya” (Tren Peninsular) que se efectuaría en diferentes comunidades de la península el 15 de diciembre. Una persona del público preguntó: “si bien parece ser que los ponentes se oponen al proyecto del tren, ¿qué es lo que ustedes proponen como alternativa para el desarrollo de la región?”. Debido a que esta pregunta no fue respondida en la conferencia, me tomo la libertad de bosquejar una que involucra a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como institución precursora y a la Semarnat, obligada por la Ley de Transición Energética publicada en diciembre de 2015, para realizar las EAE.

Preocupación sexenal

Partiendo de la premisa de que los presidentes en México desean ver los frutos de sus esfuerzos al final de su sexenio, se entiende que la autodenominada 4T desee completar el proyecto del Tren Peninsular antes del 30 de noviembre de 2024, sin embargo, para algo tan complejo como el re-ordenamiento territorial en cinco estados (Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Campeche) que incluiría 15-18 polos de desarrollo con una población adicional de alrededor de 350-400 mil personas, no solamente implica el cómo aminorar los impactos directos sobre la flora y fauna y diversos grupos sociales, sino también la creación de infraestructura y superestructura necesarias para soportar sustentablemente los medios de vida tradicionales y los derivados de las actividades del turismo y servicios asociados (agua y saneamiento, energía y sistemas agroalimentarios, escuelas y hospitales, entre otros].

Una EAE regional en una extensión de casi 200 mil km cuadrados y más de cinco millones de habitantes, en los estados de la península de Yucatán y porciones de los estados de Chiapas y Tabasco requeriría al menos tres años para las primeras seis fases: declaración de la iniciativa; auscultación y documentación referenciada; informe de sustentabilidad ambiental; consultas públicas; evolución y resolución [incluyendo el diseño financiero y preparación de licitaciones]; y la elaboración y publicación del programa.

Lo que podría ser

Se podría pensar en una península en la que prevalece el desarrollo verde, o bajo en emisiones de gases de efecto invernadero, que capacita y emplea personal que mantenga y mejore los servicios de suministro de agua potable y tratamiento de aguas residuales, manejo y aprovechamiento de desechos sólidos, suministro de energía eléctrica renovable descentralizada o convencional, enfriamiento y calentamiento doméstico e industrial, sistemas de producción agroecológicos, alimento transportado en cadenas frías sin huella de carbono, polos de desarrollo de turismo local e internacional en los que la mayor parte de los insumos son locales, centros de salud y de retiro con personal capacitado en la región en escuelas y universidades de ciencias y humanidades promoviendo el conocimiento universal y regional maya, una economía verde y circular, sin o con mínimos desperdicios.

Lo anterior, sin embargo, requiere el consentimiento de los pobladores mayas, quienes tienen una cosmovisión ancestral. Si esto no se logra y perseveramos en alcanzar la meta “de desarrollo nacional” continuaríamos expandiendo un sistema de desarrollo neo-colonizador a nombre de la 4T. Este bosquejo de plan requiere de inversión pública-privada y reinversión, “no-más-de-lo-mismo” implica que la mayor parte de los beneficios económicos y sociales permanezcan en el sur-sureste mexicano. Se requiere encontrar rumbos en diferentes direcciones que minimicen las emisiones de gases de efecto invernadero y que sean compatibles con la idiosincrasia regional.

La premura

Al tratar de implementar el ambicioso proyecto de tren peninsular “a la carrera”, se corre el riesgo de generar proceso de desarrollo sin bases sustentables que perpetúan el modus operandi sexenal. El gobierno de López Obrador, con alta credibilidad y apoyo popular, debería sentar las bases de cómo hacer las cosas, usando la evidencia y el análisis enarbolando los conceptos de monitoreo, evaluación y adaptación, dando tiempo al tiempo, más allá de los fines políticos sexenales. Tener paciencia y dejar que quien suceda termine el proyecto y no arriesgarse a hacer “más-de-lo-mismo” es una alternativa. Los habitantes multiculturales de la península, sus gobiernos estatales y municipales, la Semarnat y la(s) dependencia(s) precursora(s) como la CFE, la Secretaría de Energía y el Fondo Nacional de Fomento al Turismo, entre otros, requieren un proyecto genuinamente inclusivo y sustentable.

El sub Moisés comenta, “La niñez y la juventud zapatista tienen salud, educación y diferentes opciones de aprendizaje y diversión. Mantenemos y defendemos nuestra lengua, nuestra cultura, nuestro modo. Y seguimos firmes en el cumplimiento de nuestro deber como pueblos guardianes de la Madre Tierra” (La Jornada, 24 enero 2020). No se puede descalificar a los defensores de la cultura y del territorio como faltos de información o no saber lo que quieren porque no buscan lo que otros anhelan. Los zapatistas no están solos, algunos miembros de la sociedad civil organizada y académicos los acompañan.

*Consultor.

Mérida, Yucatán
rlabelardo@gmail.com