Esclavos de una relación tóxica, conductas que se normalizan

La música, la cultura popular y el desapego fue irónicamente lo que los unió

Juan Manuel Contreras
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Viernes 14 de febrero, 2020

Sid y Nancy, tal como el bajista de los Sex Pistols y su extravagante novia, eran una pareja de junkies en Mérida a principios del nuevo milenio. Se adoraban, por supuesto, pero el afecto que sentían mutuamente los llevó a cometer actos que, en aquel entonces, sobre todo en una sociedad como la yucateca, podían tildarse de escandalosos. Ellos fueron el ejemplo perfecto de una pareja tóxica.

En el diccionario de la Real Academia puede leerse que tóxico, palabra del 2018, connota que “produce envenenamiento”, y durante ocho años hicieron del concepto su mantra. Iban juntos envenenados a todos lados, compartían amigos (los de él) y como era de esperarse, ninguno de sus padres aprobaba esa relación entre dos adolescentes de 17 y 14 años, respectivamente.

La música, la cultura popular y el desapego fue irónicamente lo que los unió. Estaban legítimamente encabronados, no se sentían parte de nada y en la escena local del punk rock fue donde se conocieron. Ella terminaba con nosequienes y él con nosecuales, pero había algo en esa sociedad tan particular que de alguna forma los obligó a estar juntos. Se sabían transgresores y les encantaba la idea.

“Era el destino”, relata Nancy, quien a la fecha ha tenido otras parejas y una prolífica carrera como geógrafa. La inexperiencia atribuyó que la llevó a anclarse a un futuro incierto. La fugacidad del momento reina cuando se está en una secundaria privada y “lo único que importa son las apariencias y los ‘grupitos’ que frecuentas”.
Sid es otra historia. Talentoso músico y apasionado de la psiconáutica, por decirlo de algún modo. Sus caminos se cruzaron por vez primera en el concierto de una banda de post rock, y desde el momento en que sus dedos meñiques se entrelazaron -aún sin conocerse- dedicaron los siguientes meses a buscarse hasta encontrarse, empresa que en la Mérida del 2003 no representó reto alguno.

Las parejas son como un espejo

Para Kelly Ramírez, presidente de la asociación civil Igualdad Sustantiva, las parejas tóxicas tienen a replicar ciertas conductas como los celos, por ejemplo. “Si alguien comienza una relación y no es celoso, pero observa que su pareja presenta esta característica, la replicará”, aseguró en entrevista. “Las parejas son como un espejo”.



La psicóloga lamentó que estadísticamente, “son las mujeres quienes suelen permanecer en este tipo de relaciones (tóxicas) durante años”; y los celos infundados, el control del dinero y la agresividad verbal son solo algunos de los ejemplos que caracterizan esos vínculos ponzoñosos.

“Todo parece estar bien, pero conforme pasa el tiempo se merman las relaciones con amigos, de apoyo familiar y se acentúa el control que se ejerce a raíz de un sentido de pertenencia”, explicó además de otras situaciones que envenenan las relaciones de pareja.


Tragedias compartidas

Los protagonistas de este reportaje compartían los traumas de una infancia desatendida. Compartían el desgano de estudiar en una escuela privada y con limitadas posibilidades de conocer a gente menos compleja. Compartían el descontento que les causaba lo común y mundano. Se creían especiales, “pero ahora me doy cuenta de que ambos éramos unos grandísimos narcisistas”, confiesa mientras enciende otro cigarro mentolado.

Nancy sabe que la secundaria es una interminable búsqueda de pares. Recuerda cómo le incomodaban las clases de educación física y aquellas horas infinitas en ese liceo católico. En cambio, Sid con los privilegios consecuentes de su género, logró que lo expulsen de aquel tortuoso lugar, no sin antes ganarse a pulso el codiciado título de “chico malo”.

Sid, luciendo llamativos colores en su cabellera, acudía los viernes a la Gran Plaza con su guitarra al hombro. Nancy ya lo esperaba en la zona de los cines, aunque nunca se atrevió a hablarle en ese entonces. Tuvieron que pasar un par de años para la anhelada interacción, lo que sucedió en una fiesta en donde ella, al calor de las cervezas, besaba al bajista de una banda local.

Esa noche, sin saberlo, ambos se reunieron en la antesala del infierno del que serían esclavos los próximos ocho años. Sin razón aparente, un Sid envalentonado después de ingerir cuatro misiles de Superior se lanzó directo a la mandíbula de quien consideraba su rival esa noche. “A mí la neta me prendió”, recuerda Nancy, años después y a sabiendas de su ingenuidad adolescente.

Las fiestas no abundaban en la Ciudad Blanca (la de los blancos) e inevitablemente se encontraron a la semana siguiente. Nuevamente al calor de las espumosas y los cigarrillos de mariguana “agarraron” confianza y comenzaron a tejer los hilos de su tórrido romance.

Definiciones, cuestionamientos

“Se ha cuestionado a muchas mujeres sobre su permanencia en este tipo de relaciones; y ahora lo que hay que comenzar a definir es la relación tóxica, donde ya no se siente alguien a gusto y ya no es sana”, advirtió Fabiola García Magaña, directora del Instituto Municipal de la Mujer (IMM) al ser cuestionada sobre el tema.

“Es muy lamentable que alguien cercano con quien se tiene una empatía o nexo sentimental; o incluso sexual sea quien esté generando violencia”, expuso.

Acorde a la funcionaria municipal, es crucial identificar síntomas de este fenómeno, ya que la gente suele opinar sobre las relaciones de pareja y “desde mi punto de vista puedo determinar que es una relación mala si la mujer está siendo violentada; y posiblemente también el hombre. Entonces eso no da para más”, asintió.

La gestación de la violencia

En el caso de Sid y Nancy, las revisiones de celular y los celos derivados de las pláticas con el sexo opuesto eran problemas de todos los días, situación que fueron normalizando paulatinamente. Los verdaderos conflictos radicaban en las drogas, al grado que a Sid lo recluyeron en una clínica de rehabilitación en Jalisco para que se aleje de Nancy y del alcohol, sus dos grandes amores.

“El día que nos hicimos novios, la encontré con mi mejor amigo en la cocina de la casa de su madre”, recuerda Sid en un fallido intento por disimular el trauma que trae consigo ese agrio recuerdo. Bebe un sorbo de café y continúa. “Si hubiera puesto un alto ese día, todo hubiera sido diferente”.

Ambos concuerdan en la destrucción que intercambiaron y en la idea de que, a estas alturas, echar culpas está de más. No vale la pena. A partir de ese día, dieron rienda suelta a su relación basada en íconos del rock, sintiéndose protagonistas de su propia novela turbulenta ante una ansiedad que les impidió disfrutar su momento.

Sus escenas de celos en conocidos bares de una capital yucateca aún en desarrollo, se hicieron cada vez más frecuentes y les faltaban dedos en las manos para contar los establecimientos a los que les prohibían la entrada. “No, de ahí ya nos vetaron”, presumían cuando alguno de sus allegados sugería alguno. “Era un orgullo muy retorcido”, reconoce Nancy.

Su afinidad por la música los llevó a cada concierto de rock que se organizó en Mérida durante aquella época. Sid y Nancy se apropiaron de los foros y construyeron su propio escenario en muchos de ellos, incluso teniendo sexo ante los asistentes y besándose con quien se deje llevar por el “relajo”, lo que muchas veces concluía en un after con botellas rotas y sirenas policiacas, en el mejor de los casos.



Conductas que suelen normalizarse

“La mayoría de mujeres y hombres comienzan a tener herramientas para darse cuenta que se encuentran en una situación y así y por ende padecen violencia. En función del tiempo transcurrido, más se normalizan estas conductas, lo que dificulta que se den cuenta que están inmersos en una relación tóxica”, alertó Kelly Ramírez, de Igualdad Sustantiva.

Ella ha trabajado los últimos años con mujeres que han estado inmersas en este tipo de vínculos y advierte que “si no te sientes bien, lloras cinco veces, o más, a la semana por esta dinámica, hay que replantearse las razones para seguir”, pues considera que una relación no debe hacerte cuestionar si te sientes valorada o querida, sino que hay que pensar en el día a día.

“Comenzamos a analizar la manera de relacionarnos, abrir los ojos, atendernos psicológicamente, solicitar apoyo dentro de la familia y amigos para comenzar este difícil proceso que es salirse de esa relación tóxica. Si no nos replanteamos qué es lo que nos hace sentir mal en una relación, nunca nos vamos a dar cuenta que estamos en un nexo de esta naturaleza”, detalló.

“Algo se rompió. Nos perdimos el respeto”.

Las sirenas fueron un preámbulo de la alerta, pues cuando realmente se “prendieron” fue la noche del concierto de una banda argentina, cuando Sid por primera vez golpeó a Nancy. “Ese día algo se rompió”, recuerda un Sid genuinamente arrepentido por aquel embarazoso episodio, en el que se sintió “como un perro acorralado” al ver a Nancy bailando con otro hombre.

“En la Inalámbrica fue donde nos perdimos el respeto”, advierte Nancy mientras señala la cicatriz con la que Sid la marcó el resto de su vida, en el pómulo derecho. Pese al altercado, regresaron juntos del recital mientras el músico balbuceaba sílabas inteligibles. Al día siguiente, como cada domingo, acudieron al cine a mirar Alicia en el País de las Maravillas bajo los efectos del LSD.

Ese día ninguno de los dos durmió tranquilo. La carga emocional a la que les orilló su codependencia se volvió insoportable y a dos años de una tormentosa relación, fueron incapaces de soltarse. “El sexo era maravilloso”, coinciden ambos y esa probablemente fue una de las razones que les impidió dejarse ir. Los personajes que se habían construido tampoco brindaron la chispa de racionalidad.

No puedes amar a nadie, si no te amas más a ti

“A veces la sociedad y las personas que deciden estar en una relación de pareja, no se dan la oportunidad de mirar que hay otras maneras de relacionarse fuera de los gritos, jalones, celos, mentadas de madre e infidelidades. La violencia. Hay formas de relacionarse sin necesidad de que a alguien se le asigne el control y que sea quien decida sobre la relación”, aseguró García Magaña.

Durante la entrevista en las instalaciones de la dependencia, acotó que la gente suele pensar “si no me cela, o no me llama a cada rato, no me quiere”, sin embargo, exhortó a la sociedad a vivir en la filosofía del amor, llevándolo de una manera adecuada en un espacio en donde además de compartir intimidad, se compartan proyectos de vida y ambos se sientan a gusto.

“Es importante tener presente sobre lo que se busca en una relación de pareja; y si eso no se está dando entonces no es un vínculo adecuado con una persona con la cual se pueda llegar a consensos para construir una vida conjunta”, aseveró.

El infierno

A cinco años de ocho de relación, fue cuando la situación se tornó más caótica. No acabaríamos de señalar cada uno de los episodios que convirtieron a Sid y Nancy en el estereotipo de relación tóxica, incluso antes de la emergencia del término. “Eso era lo que queríamos”, aseguran ahora ya viendo esa década desde otra óptica.

Violencia psicológica, verbal, económica y física fueron el pan de cada uno de los casi tres mil días que compartieron religiosamente. Perdieron amistades, descuidaron sus lazos familiares y desarrollaron una costosa adicción a la cocaína, lo que los llevó a incurrir en todo tipo de prácticas con tal de conseguir dinero. “Nunca robamos, eso sí”, aclara Sid mientras una sonrisa torcida se dibuja en su rostro curtido por los años.

Fue una relación repleta de excesos, botellas rotas e infidelidades en la que nadie, salvo dealers y expendios de cerveza, salió avante. Nancy fue quien lo terminó, hipnotizada por la tinta de otro abusador a quien terminaría denunciando en la página local de Me Too. En cuanto a Sid, aún se le puede ver por los añejos caminos de la Gran Plaza, añorando los tiempos cuando era el “chico malo” y aún podía tocar la guitarra.

El amor después del amor

“En aras del amor, todos salimos lesionados y nadie está exento de la violencia”, añadió Fabiola García, pues con base en su experiencia, asegura que en una relación de pareja “van a suceder cosas” y si no se cuenta con la fuerza emocional ni las ganas de salir adelante, seguramente ambos involucrados terminarán dañados. “Es una cuestión de madurez”, sentenció.

De igual forma, el miedo a la soledad es un factor que orilla a las parejas a permanecer juntos, pese a la toxicidad que puedan generar entre sí. Al respecto, la profesional opinó que el daño lo viven hombres y mujeres por igual, aunque acorde a las cifras, la mayoría son mujeres. Pese a esto las féminas poseen más madurez emocional para afrontar la ruptura.

“Los hombres en su mayoría optan por el suicidio para llamar la atención, porque a lo mejor y ‘no se hizo su santa voluntad’, es parte de la educación que traen. Las mujeres aguantamos por el contexto cultural y porque somos más emocionales, sobre todo en la parte sexual”, expuso.

Cuestión de género

Es innegable que un análisis de las estadísticas disponibles sobre violencia de género nos llevará a percatarnos que, dentro de las relaciones, quienes mayormente ejercen la violencia son los hombres hacia las mujeres; “aunque también ha habido casos de hombres que han estado con mujeres controladoras”, reconoció Kelly Ramírez.

“Es una cuestión de género y de cómo estamos educando a los hombres para que sientan poder sobre las mujeres”, lamentó la psicóloga, quien atribuye este hecho a una cuestión educativa, pues señala que vivimos en un sistema que además de normalizar la violencia, otorga más poder a los hombres, lo que deriva en una violencia sistemática en contra de las féminas.

“Es un problema educativo, cultural y de cómo nos relacionamos. Son varios factores asociados a las estadísticas de violencia de género. Como sociedad tendríamos que informarnos con profesionales dedicados a la prevención de estas situaciones, pues si se hace de manera correcta y psicoeducativa, las personas pueden tener acceso a identificar la violencia”, dijo.

Como estrategia, en el IMM imparten cursos acerca de las masculinidades sobre diversos temas, entre ellos el “¿por qué varios hombres satanizan el movimiento feminista, llamándolas feminazis?” explicó la directora de ese organismo, para quien la reeducación masculina es de suma importancia, “si no vas a apoyar la causa, déjanos seguir caminando”, espetó.

Toxicidad recurrente

Historias como la de Sid y Nancy acontecen todos los días en los núcleos donde la gente se relaciona. Es increíble la cantidad de información generada a partir de la pregunta “¿y tú has estado en una relación tóxica?”, las respuestas dan testimonio de la trascendencia de este fenómeno.

Si bien el concepto es reciente, las redes sociales y en el mejor de los casos las autoridades, atestiguan que las mujeres, cada vez más informadas sobre sus derechos, despiertan el enojo social a través de sus posts y engrosan las carpetas de investigación, que en muchas ocasiones terminan cogiendo polvo tras la negligencia de autoridades que revictimizan a quienes han sufrido un episodio de violencia.



En el IMM se duplicó la cifra de mujeres atendidas; y no porque se haya incrementado la violencia, sino por que el acceso a la información y las acciones que asociaciones civiles han emprendido en pro de una sociedad libre de maltrato han rendido frutos, y en muchas ocasiones se ha dejado de normalizar el maltrato en cualquiera de sus facetas.

Sid y Nancy están bien. A fin de cuentas, cada uno tuvo que luchar con sus demonios y afrontar la realidad desde sus propias trincheras, lejos uno del otro. Ambos necesitaron lidiar con sus decisiones y 12 años después, el rencor se desvaneció. A veces se topan en esos bares donde ya nadie los recuerda; y contra todo pronóstico, se abrazan.