Necesidades insatisfechas propician toxicidad en noviazgos

Tatiana, de 24 años, cuenta cómo escapó de una relación enfermiza

Joana Maldonado
La Jornada Maya

Chetumal, Quintana Roo
Jueves 13 de febrero, 2020

“Me celaba, me revisaba mi celular, averiguaba mis contraseñas de correo, redes sociales, computadora, me separaba de mi familia y amigos, y me veía obligada a mentir sobre cosas que en realidad no tenía que hacerlo, sólo porque pensaba que lo haría enojar, un día me di cuenta de que yo estaba en medio de una relación tóxica que no me permitiría crecer y terminé con esa relación”, relata Tatiana M.

Tatiana, de apenas 24 años, estuvo inmersa en una relación tóxica durante varios años, lo que en realidad se denominan relaciones inestables y que son ejercidas por personas con incapacidades emocionales producto de carencias o necesidades insatisfechas que arrastran desde la etapa infantil.

La psicóloga Claudia Martín, de la Consejería Psicológica Jurídica (Copsijur) y el Colegio de Psicólogos del estado, explica que cuando las personas no tienen necesidades satisfechas como el cuidado, protección, amor o sentido de pertenencia en el núcleo familiar, es fácil conducirse y reproducir relaciones inestables.

Tatiana abunda en que al paso de unos meses de relación, su ex pareja le presionó para vivir juntos y entonces comenzó a limitarle las salidas o visitas a sus amigas y amigos, incluso familiares, de quienes hablaba mal. Su pareja le obligaba a descuidar su trabajo y a no interactuar ni en redes sociales con sus conocidas y conocidos, al grado de aislarla.

Las primeras señales de estas relaciones tóxicas, abunda la especialista, es que la persona inestable muestra una convivencia inadecuada, es decir, son dependientes emocionalmente, chantajistas, o inician conductas restrictivas hacia su pareja, por ejemplo, prohibirles salir o hablar o convivir con algunas personas.

“Ya no vas con tus amigas porque me caen mal, o te hablan mal de las personas que son del círculo cercano de amistad, suelen aislarte porque obviamente mientras más desprotegida estés más vulnerable eres”, señala la psicóloga, quien apunta que estadísticamente las víctimas suelen ser mayoritariamente mujeres y los hombres los que generan mayor violencia.

En estas relaciones, la víctima es manipulada hasta el grado del aislamiento, impidiéndole tener una vida social sin él o ella, o incluso separándola de sus aspiraciones laborales y académicas y controlando hasta los aspectos económicos.

Claudia Martín explica que esos comportamientos inician desde la etapa del enamoramiento, porque para entonces la víctima no lo puede percibir. La persona inestable trabajará para demeritar toda la red de apoyo amigos, familiares, compañeros de trabajo, pues mientras más alejada esté la persona, más control y manipulación tendrá.

“Es algo común escuchar a la víctima decir que la pareja cuida su dinero porque no le gusta que gaste, o no me deja ir con mi mamá porque tiene razón, ella siempre me critica, o ya no voy a salir con mis amigas porque él tiene razón, a ellas les gusta estar de locas”, explica.

En muchas ocasiones el victimario que puede llegar hasta la violencia física, está consciente de las acciones que desarrolla, pero en otras su comportamiento se ha normalizado.

“Ellos pueden entender que golpear está mal, pero lo tienen tan normalizado que no les afecta, y seguramente vienen de un ambiente violento en el que se repiten los patrones, esta persona repite lo que vivió en su infancia y adolescencia”, señala.

Tatiana comparte que en su experiencia contar con el apoyo de su madre fue importante para desprenderse de esa relación.

La psicóloga apunta que para que una persona salga de este tipo de relación es importante contar con una red de apoyo que puede ser la familia, como los padres, hermanas y hermanos, primos o amigos, cualquier persona que se preocupe por la víctima y que brinde un acompañamiento emocional, psicológico, económico, de albergue y todo lo que implique la reconstrucción de la vida de la persona y adicionalmente si existen hijos.

Ante la ausencia de redes de apoyo familiar, aparece la red de apoyo institucional, que brinda acompañamiento para fortalecer sus emociones. De acuerdo con la especialista, en algunos casos en donde no logra salirse de una relación inestable es por diversos aspectos, uno de ellos la indefensión aprendida, que significa la pérdida de autonomía e instinto de supervivencia y no es que “le guste”, como socialmente se interpreta.

“Te han dicho tantas veces que no vales nada que te lo crees, ¿quién te puede cuidar? Únicamente la persona que te desprecia, porque es la única que está ahí, porque si te sales de ahí no hay nadie más, ese es el círculo de la violencia, hoy te ofendo pero mañana seguimos bien, es un espiral que va escalando y que empieza con cosas como no te pongas esa falda, así no sales y luego son golpes, hasta el momento en que no puedes”, apunta la especialista.

En estas relaciones la víctima muestra consecuencias psicológicas derivadas de un abuso constante y repetitivo que incluso normaliza al asumir que “lo merece”. Muchas de las relaciones inestables son alimentadas por la idea del amor romántico, una construcción social de lo que “debe ser” una vida en pareja.

“Empezamos a romantizar, si él ayuda en casa es buena persona, si ella no sale de fiesta es una buena mujer, y estas ideas que se construyen también vienen de la cultura, educación o religión”, precisa Claudia Martín. En este tipo de relaciones llegan a idealizarse comportamientos en realidad inexistentes pero que ahora se visibilizan.

“Ni antes ni ahora existían, solo que ahora se habla más, ahora sí se habla de infidelidades, la gente dice ahora que los matrimonios de antes duraban toda la vida pero, ¿cuántas infidelidades, abusos y diversas violencias se aguantaron y ahora ya no, antes decían lo de cargar tu cruz, pero ahora la misma familia te incita a salir de una relación violenta, si las hijas regresan a sus casas no es la indeseable, es por protección y seguridad”, precisa por último.