La Comuna de París

Leer los tiempos

José Ramón Enríquez
Foto: Tomada de web
La Jornada Maya

Jueves 27 de febrero, 2020

Este no sería uno de los libros que suelo comentar porque no pretendo hacer crítica literaria ni reseñas profesionales, sino una simple lectura de libros y tiempos para compartirla en voz alta con mis posibles amigos y lectores, sin embargo, acerca de Bajo las llamas (Penguim Random House, 2020) sí quisiera hacer algunos comentarios.

Me parece una de esas novelas comerciales, sin duda eficaces, que parecieran candidatas a volverse series televisivas y, para lograrlo, echaran mano de los resortes entre tramposos y tremendistas del género negro. Uno de esos libros que, al no atraparme, dejaría de lado porque a estas alturas lo que me hace falta es tiempo, sin embargo, se ha quedado en mis manos porque la época en que la sitúa su autor y la atmósfera que intenta recrear toman de inmediato el papel protagónico y envían lo demás a un segundo o tercer plano: la Comuna de París y la ciudad en que se desarrolló, durante 1871, ganan siempre la atención porque son historia imborrable.

Tal vez esté siendo excesivamente crítico con Hervé Le Corre, autor de Bajo las llamas, la novela negra a la cual me estoy refiriendo. Lo digo porque se trata de un prolífico escritor multipremiado y Bajo las llamas en específico es presentada por el editor con muy buenas críticas. Debo confesar, en principio, que no soy buen lector del género, ni siquiera entusiasta espectador de películas y series con ese corte. Me resulta fascinante Scorsese pero apenas voy más allá, sin embargo, me fío de mi olfato aunque no de mi gusto para descalificar Bajo las llamas.

Muy pronto cae en la hagiografía y en esos reduccionismos históricos que vuelven incomprensibles los tiempos, las circunstancias y las ideologías, con lo cual le hacen un flaco favor al bando en el cual se sitúa tan decididamente, el de los comuneros, cuyo heroísmo y cuya importancia merecen mucho más. Para justipreciar el momento histórico habría que acudir al texto de Kropotkin o al análisis que hiciera Marx en la guerra civil en Francia, que lo llevó a definir la dictadura del proletariado.

Sobre el fondo de esos días trágicos y, desde luego, heroicos, la novela arranca con la historia de los peores villanos. Un pérfido secuestrador de muchachas pobres, el fotógrafo a quien las lleva para drogarlas y utilizarlas en su negocio de pornografía, y el cochero que se ha deshumanizado pero, como Saulo en Damasco, se convertirá por obra y gracia de la Solidaridad Proletaria que lo tira del caballo. Por otra parte, una de las secuestradas será la hermosa, enamorada, enfermera e híperpolitizada heroína de la historia que encontrará a su amado, un hermoso, enamorado, soldado comunero e híperpolitizado héroe de la historia con quien se reencontrará, vencerá todas las barreras y huirá de la destrucción para ser felices en la segunda temporada de la serie, si el autor logra venderla a la televisión o en la secuela del film, si la hacen cine.

Se entrecruzan con la suya las historias de muchos otros personajes pervertidos, irredentos, por un lado, y limpios, santos laicos, por el otro. Encabezados todos por los generales Mac Mahon, del lado de los malos, y Dombrowski, del lado los buenos.

Su lectura atrapa, sin embargo, por el logrado panorama que Hervé Le Corre sabe reconstruir, calle por calle y barrio por barrio, de ese París recién trazado por Hausman (entre otras cosas, para hacer más fácil reprimir), y vale la evocación de la gesta que resultó de muchas maneras fundacional de la nueva era que llega todavía hasta hoy aunque ya se encuentre tan seriamente enferma, si no es que en una franca etapa de agonía.

enriquezjoseramon@gmail.com