Nueva generación de activistas en 'Playa', dispuestas a cambiar su entorno

En el mundo del activismo, los hombres blancos son más reconocidos de las mujeres, señalan

Rosario Ruiz
La Jornada Maya

Playa del Carmen, Quintana Roo
Jueves 5 de marzo, 2020

Jessica y Giuliana son dos jóvenes que buscan romper costumbres arcaicas y rescatar el papel de la mujer en la sociedad y su empoderamiento.

La primera es activista en favor de los derechos de los animales (incluidos los humanos, comenta), mientras que la segunda es una microempresaria que fomenta el comercio justo, al vender en la ciudad productos de comunidades rurales de diferentes puntos del país.

"Creo que todas estas libertades que tenemos ahora se las debemos a aquellas mujeres que hace décadas salieron a las calles luchando por sus derechos y pidiendo igualdad de género", narra Jessica González.

Explica que, en el mundo del activismo, los hombres blancos son más reconocidos de las mujeres, "aún no llegamos a que se nos reconozca por el trabajo que hacemos, a nivel mundial el 80 por ciento de los activistas veganos son mujeres y aún así seguimos reconociendo a los hombres blancos, esa es una problemática a la que nos enfrentamos".

Jessica participa en diferentes proyectos en favor de los animales; en 2019 fundó Casa Animal, el primer centro comunitario vegano anti-especista en México, con sede en Playa del Carmen.

"Me gustan los retos, soy comprometida y apasionada, me gusta luchar. Desde pequeña sentí la necesidad de ayudar a un grupo vulnerable, y conforme pasaron los años, vi que ese grupo eran los animales, no me veo haciendo otra cosa y espero que cada día más mujeres puedan luchar por sus propias causas. La liberación animal conlleva a la liberación humana", describe la playense de 33 años.

"Por lo menos en cada ciudad hay una mujer que está haciendo lo mismo que yo. Aquí en Playa somos muchas y nos estamos uniendo al movimiento feminista. Al final, ser activista por una especie de liberación: quiere decir que estás en contra de cualquier tipo de violencia, injusticia u opresión y esto nos hace unirnos a otros grupos sociales", señala.

Pese a lo difícil que ha sido su lucha contra conceptos muy arraigados en la sociedad, como el consumo y explotación de animales, se identifica como parte de ésta y señala que la respuesta para ella no es aislarse.

"Los cambios se gestan desde dentro de la sociedad, no dejando de cuidarse física, emocional y mentalmente, trabajando desde la empatía, el amor y predicando con el ejemplo".

Estar en el mundo del activismo le ha significado ser blanco de ataques virtuales, vía redes sociales y mensajes de odio; esto es parte, asegura, de luchar contra un sistema y una industria que ve afectados sus intereses.

Por un comercio justo

Guiliana Agassini estudió biología, pero al visitar las comunidades rurales vio que a los campesinos les costaba mucho producir y obtenían muy pocas ganancias. Debido a ello fundó Criolla, una microempresa de productos de la región, donde trae de las comunidades granos, semillas, vegetales y cosmética natural y los vende a granel, todo sin residuos.

"Al principio me costaba mucho trabajo que me hablaran a mi, por ser blanca, joven, mujer. Los productores me decían: yo hablo con tu marido o tu papá. Decían 'la güerita esa, chiquita, qué va a saber'", narra.

Pero no solamente en la zona rural minimizaban su labor, también los compradores: "sigue costando trabajo que te respeten los chefs, ellos desconfían hasta que ven el producto, pero te ponen a prueba todo el tiempo con preguntas como para cerciorarse que sí sabes de lo que hablas".

Sus principales retos han sido ganarse la confianza de los productores, la tramitología gubernamental, que no fomenta los micronegocios, e introducir el concepto sin residuos. Es necesario, asegura, que entendamos el valor de lo orgánico, pagando lo que vale, sin que lo ecológico se vuelva elitista.

Menciona que en las comunidades el papel de la mujer es fundamental: ellas se ocupan del campo, de la producción, y al mismo tiempo cuidan los hijos y atienden su casa: "Tienen el doble de chamba pero ellas no son las que están dando la cara ni son las reconocidas, quien hace la comercialización es el hombre".

"Hay un movimiento que está cambiando las cosas, el futuro somos las mujeres y estamos accionando (…) Aquí en la Riviera Maya veo cada vez más chicas activistas y me da mucho gusto, además no hay muchos espacio feministas", dijo sobre la realidad del feminismo en la región.