Él contaba a los demás pero no contaba con nadie

Encuestador del Inegi confirmado con COVID-19

María Reyes
La Jornada Maya

Ciudad de México
Viernes 27 de marzo, 2020

Alan “N” se hizo invisible de un día a otro. No buscó estar ahí. Su trabajo era contar a los demás, pero nunca pensó no contar con nadie. Tuvo que ponerse su armadura para hacerse visible ante aquellos que lo negaron, pues, fue confirmado como el primer caso positivo con COVID- 19 en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Aunque siguió los protocolos sanitarios para evitar el contacto con otros, desde que fue diagnosticado con el virus de esta pandemia, fue señalado, expuesto y olvidado, incluso por los propios médicos y el nosocomio que le atendieron la primera vez.

Su aliado en este proceso fue el transporte público que le acercó al Centro Médico Nacional del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste) 20 de noviembre para internarse al no presentar mejoría.

Alan es uno de los 151 mil entrevistadores contratados de manera temporal para la realización del proyecto censal más importante de Inegi: Censo de Población y Vivienda 2020.

Su caso no es algo ordinario, pues, será el que desencadenará una serie de contagios entre sus mismos compañeros quienes también estuvieron en contacto con más personas durante este conteo masivo.

Inició con síntomas de un resfriado común, pero con fiebre mayor a 39.5 grados. El lunes pasado despertó de aquel delirio y con la angustia de pausar su actividad laboral, pues llevaba más de tres semanas de empleo temporal como entrevistador del Inegi en la Ciudad de México.

Él es uno de los 12 mil entrevistadores temporales que el Instituto enlistó en su ejército de recopilación estadística para el levantamiento de CPYV2020.

El malestar y los síntomas febriles no cedieron, Alan no tenía fuerza para salir como todos los días a campo para contar a la población asignada.

Él acostumbraba un recorrido diario de más de ocho kilómetros para visitar sus 500 viviendas cargadas en su dispositivo móvil. Esta ocasión prefirió quedarse en casa buscando la mejoría de aquel resfriado “nada común”.

Pasaron dos días y la fiebre no cedió, por el contrario, se añadía dolor en el cuerpo, dificultad para respirar, fatiga, malestar estomacal, dolor de cabeza intenso y tos seca.

Daniela su esposa, permaneció con él, cuidó el delirio de su pareja quien en la preocupación de verse postrado en cama, le contó que en una de las entrevistas que realizó la semana pasada le ocurrió un desagradable accidente.

“Mi esposo me contó que estaba entrevistando a una familia de origen extranjero, al parecer sudamericanos. Y cuando iba a mitad de entrevista, el señor que lo recibió, le estornudó. Me dijo que aunque intentó por todos los medios cubrirse la boca, fue demasiado tarde, entonces bañó a mi esposo de su saliva en todo el rostro.

De inmediato se puso gel antibacterial en las manos y en la cara, intentaba retirar cualquier bicho o bacteria que el señor le salpicó, pero al ver su respuesta, el señor se molestó mucho con él y creo que ya no terminó la entrevista porque le cerró la puerta”.

Alan es entrevistador del Inegi, su zona asignada para el levantamiento del censo de población se localiza por el metro Observatorio, alcaldía Álvaro Obregón. Tiene como carga 500 viviendas que debía recorrer en el período de 2 a 27 de marzo. Sin embargo, su productividad se detuvo de golpe en la recta final del censo. El posible contagio ocurrió en la semana del 16 al 20 de marzo, pero los síntomas se manifestaron el pasado 23 cuando decidió “quedarse en casa”.

Para el miércoles 25, al no ver mejoría en su salud y que la temperatura no cedía y la respiración le faltaba, acudió al Hospital General Enrique Cabrera, ubicado en la misma alcaldía. Fue atendido en el área de urgencias, le hicieron una prueba rápida para más tarde su médico de consultorio le confirmara el diagnóstico COVID- 19. La licencia médica fue por 15 días.

La indicación de los médicos fue permanecer en casa en aislamiento y con cuidados preventivos, además de medicamentos como paracetamol y naproxeno.

En el Inegi hubo un hermetismo con el caso. Nadie quiso hablar del tema, mucho menos a unos días de concluir el censo. Tampoco se informó a los grupos cercanos como una medida preventiva.

La línea de comunicación fue mediante comunicados internos. Se pidió al personal operativo no bajar la guardia. El 19 de marzo externó a su comunidad que personal de base y estructura reducirían funciones y aquellos que tuvieran alguna enfermedad crónica o mayores de 60 años, no se presentarían a laborar, no así, para el personal operativo:

“El personal de cualquier nivel y adscripción que tenga 60 años y más, embarazadas, madres y padres de menores de 12 años y personas inmunodeprimidas o con enfermedades infecciosas o crónico debilitantes, no asistirán a laborar presencialmente del 23 de marzo al 19 de abril, excepto el personal operativo de campo que realiza funciones del CPV2020”.

La histeria colectiva inició, los entrevistadores en diferentes plataformas han externado la vulnerabilidad en que se encuentran y la carga social que llevarán en caso de contagio durante sus horarios laborales.

Para Alan y su familia todo cambió desde que salieron de aquel consultorio. El primer rechazo lo tuvo de su médico quien no le permitió ir al baño dentro del edificio.
El personal de seguridad del hospital también lo acosó al tomarle fotos durante su camino a la salida del hospital, y en la calle, los vendedores ambulantes y taxistas también lo señalaron como el infectado.



“Todos se alejaron, nadie quiso llevarnos de regreso a casa quedarnos más tiempo era como estar en una bomba de tiempo”, expresó Daniela.

Su regreso a casa fue en transporte público. No hubo otra opción. Alan es el jefe de familia en su hogar, gana un monto superior a los siete mil pesos mensuales, más tres mil pesos de gastos de campo. Con este diagnóstico todo se derrumbó para ellos, cambiaron hábitos en casa, la familia tuvo que distanciarse, es decir, nada de convivencia familiar.

Con ellos vive el abuelo de Daniela, de 78 años, quien insiste a su nieta que haga la rutina normal pues con su edad de cualquier cosa se va a morir. Ella desde hace cinco días, el lugar que toca, lo desinfecta pues hay un área común con su abuelo.

Daniela sigue en pie de guerra con su esposo, aun a distancia porque también ella se encuentra en aislamiento. Desde hace una semana no ve a su hija, la pequeña no durmió con ellos desde el diagnóstico, fue llevada con su abuela para su cuidado.

[b]Falta sensibilidad en el área médica/b]

Este jueves Alan no sentía mejoría, por el contrario, se fatigaba más, le faltaba más la respiración y la fiebre se mantenía alta. Llamó al hospital Enrique Cabrera para solicitar una ambulancia para que evitar contagio al tener contacto en la calle, pero el personal del nosocomio le expuso que no estaban preparados para recibirlo y tampoco contaban con los aditamentos necesarios para atenderlo.

Alan ya era invisible para todos, en su búsqueda solicitó el servicio de ambulancias privadas, pero tampoco lo quisieron trasladar. No contaba con nadie salvo su esposa quien angustiada vivió con el viacrucis del COVID-19.

No tuvo opción se armó de valor y junto con su Daniela salieron rumbo al hospital de especialidades 20 de Noviembre, se colocó doble cubrebocas, guantes y gel antibacterial para iniciar la travesía a bordo de sus únicos aliados en esta pandemia: el transporte público y el metro.

Llegó al metro Tacubaya de la línea 7 y abordó el tren con dirección a Mixcoac, ahí transbordó en la línea dorada que lo acercaría al nosocomio de tercer nivel de atención.

Ya en una segunda prueba, le tomaron muestra también a Daniela quien había estado a su lado en sus momentos de delirio.

Ella ya no sabe nada de él, lo retuvieron en el hospital y para ella la instrucción fue regresar a casa con la ropa de su esposo y el celular, además de aislarse durante dos semanas como medidas de protección.

Hoy les preocupa el rechazo social, la negligencia y falta de sensibilidad en los hospitales y que Alan el próximo lunes quede desprotegido, pues, su contrato de manera oficial concluye este 31 de marzo.

Otros casos

Así como Alan otros entrevistadores y personal operativo se encuentran en licencia médica. A ellos aun no les confirman el virus, pero los aislaron por los mismos síntomas que él presentó. Tampoco las autoridades hablan de estos casos. A una supervisora la diagnosticaron con neumonía y bronquitis hace 12 días. La mandaron a casa una semana, ya con tratamiento de antibiótico no mejoraron sus síntomas.

El médico tratante a una semana de tratamiento y sin mejorías pidió le hicieran la prueba de COVID-19, misma que hasta el próximo lunes tendrá el resultado. Ella es madre soltera, con una hija menor de 12 años y vive con su mamá de 70 años.

A ella, pese a que nadie le diagnosticó COVID-19 hasta que tenga el resultado de la prueba, la hicieron invisible, se mantuvo aislada por prevención, y fue visible al salir de casa para trasladarse al médico, pues, policías del metrobús le pidieron desalojar el transporte en el que iba y peor aún, le ordenaron retirarse de la estación, pues su tos seca y sudoración extrema porque iba cubierta de pies a cabeza, había incomodado a todos.

“Tuve que salirme de la estación, me acompañaron hasta la salida, me sentí humillada, observada, juzgada, después de eso tengo miedo de tomar otro transporte ese día caminé al médico y fue cuando la doctora al verme en llanto pidió la prueba para confirmar su sospecha”.

Hoy más de una coordinación operativa tuvo la orden de retirarse a casa. Por lo menos 25 personas están en cuarentena, todos los compañeros de Alan. En otras zonas han retirado al personal de campo.

Ya no importó el levantamiento censal como lo solicitaron oficinas centrales en Aguascalientes, los coordinadores de estos operativos tomaron decisiones sin preguntar a sus mandos, lo que menos quieren es tener una carga social de un contagio masivo.

En un sondeo con entrevistadores que prefirieron guardar su anonimato, mencionaron que todo el tiempo la subdirectora a cargo del personal operativo de la zona sur, les exigió números, pero nunca tuvo la empatía ni el tiempo para decirles los protocolos de prevención.

Tampoco les proporcionaron algún kit de protección (jabón, gel antibacterial, cubrebocas, guantes). La orden era clara, no había excusa para faltar ni en fin de semana, pese a que su contrato indica que las labores que realizará serán únicamente de lunes a viernes.

“Los directivos siempre se manejan con amenazas y abusan de la necesidad de mantenerte en un empleo, pero si te enfermas, te asaltan, acosan o cualquier otra situación que afecte a sus resultados, entonces te excluyen y te señalan como una persona no grata y sin compromiso para el Instituto”, expresaron diversos entrevistadores.


Edición: Gina Fierro