Luis Eduardo Aute, de Auténtico

Renacimiento mexicano

Martha Adriana Morales y César Daniel González Madruga
Foto: José Carlo González
La Jornada Maya

Miércoles 8 de abril, 2020

Sentimos mucho la trascendencia de nuestro amigo y maestro, el gran cantautor y compositor, Luis Eduardo Aute, quien dio su último suspiro de vida este cuatro de abril, que de acuerdo a los Kabalistas, fue una fecha muy especial ya que se sumaron tres cuatros 4-4-2020(2+2=4).

Haciendo remembranza de los ayeres que pudimos compartir junto a Aute, queremos compartirles que además de conocer a un gran ser humano, siempre amoroso y con una clara agudeza crítica, también alcanzamos a palpar a través de su presencia toda una simbiosis de virtudes, valores y actitudes combinadas de tal manera que se generaba la armonía perfecta entre la utopía y la realidad, el amor y la crudeza de la guerra, el erotismo y la pasión, la paz y la poesía.

Aute fue un personaje que conocimos desde la adolescencia gracias a su música, acudimos a algunos de sus conciertos como fans y pedíamos sus canciones en las peñas a las que nos salíamos a divertir, más tarde serían sus canciones uno de los elementos comunes que nos identificaron y acercaron como joven pareja desde el noviazgo.

Cuando comenzamos los preparativos de la compilación de los distintos contenidos para el libro Los sentimientos del corazón de México, extendimos la invitación a participar a diversos pensadores, políticos, filósofos, humanistas, poetas, ecólogos, abuelos de tradición, entre otros, dentro de los cuales nos generó una gran alegría y un profundo honor que Luis Eduardo, así sin más, sin conocernos, sólo de leernos a través de una carta que le hicimos llegar a través de un amigo en común, hubiese aceptado, y de allí se dió a luz una relación de aprecio mutuo. El aporte para el libro fue su canción “La belleza” para ejemplificar con el canto y la poesía el valor de la armonía social, la cual reza: “Enemigo de la guerra y su reverso la medalla, no propuse otra batalla que librar al corazón”. Luis Eduardo canta al amor, a pesar del dolor: “Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza”, no hay nada más que agregar.

Sus palabras han marcado nuestros corazones por siempre, él alguna vez nos llegó a decir que nosotros le figurábamos unos giraluna, y con el tiempo comprendimos que hay miles de campos con giralunas y no hay nada de raro en ello. Aute los definía con la siguiente metáfora: “el giraluna es un girasol disidente, tiene su manera de entender las cosas, cuando sus hermanos girasoles se van agachando, se van humillando; él, permanece tieso, mirando al cielo, porque supone que algo tiene que pasar, y sí, pasa el tiempo, llega la noche, aparece la luna y la luna como todas las noches ve al planeta tierra y descubre en ese mar de girasoles, ese extraño girasol allí todo tieso, entonces la luna se pone frente a este giraluna, el giraluna cuando ve a la luna se queda fascinado -¡la luna por fin la vi!- Y la luna al darse cuenta de la constancia del giraluna le quiere hacer un regalo y se va girando sobre su propio eje, muy despacio, hasta mostrarle su cara oculta, pero la luna le muestra su cara oculta exclusivamente para él por tres motivos: por que tuvo fé; porque no perdió la curiosidad; y porque tuvo criterio propio.” Aute sabía y dominaba que el significado de México del nahuatl es “vórtice de la luna” y está repleto de giralunas.

Años más tarde, en nuestro libro Renacimiento mexicano dedicó un comentario para la contraportada en el que escribió “no puedo estar más de acuerdo con este libro. sobre todo en estos momentos de delirio financiero que todo lo trastoca y desvirtualiza. Vivimos tiempos de postcapitalismo tan extremo que estamos volviendo (y descubriendo) al Medievo. Enhorabuena por esta provocación al renacimiento, ese es el camino, no hay otro”. Este mismo libro se lo dedicamos a Luis Eduardo.

Tuvimos oportunidad de compartir algunas cenas y reuniones que constituyen momentos inolvidables, como cuando el doctor Joseph Elías le dijo que era Aute, de “Auténtico”, afirmación que resonaba en Luis Eduardo o disfrutar en su amado Tepoztlán, donde una vez se enamoró.

Tras su accidente, impulsamos un homenaje en honor a Luis Eduardo con el grupo de amigos del Renacimiento Mexicano, donde todos aportaron para la realización de una escultura en manos de una gran expositora del arte contemporáneo de México; Gabriela Sodi. Esta fue dedicada a su canción “de paso” en un espacio que se rescató durante la administración de Ricardo Monreal en la delegación Cuauhtémoc, dedicado a los peregrinos que año con año llegan al Cerro del Tepeyac. Allí reside aún dicho homenaje.

“Miserable no poderle despedir en la cercanía” nos dijo uno de sus más íntimos amigos y compartimos dicha frustración. Tratamos a Aute los últimos años de su vida y sembró en nosotros una cosmovisión del mundo que hoy asumimos como una forma de vivir y como él diría “sólo morir permanece, como la más inmutable razón, vivir es un clavo ardiente, un ejercicio de gozo y dolor”.

Nota:
Agradecemos profundamente a nuestra casa editorial, La Jornada Maya, que nos haya permitido extendernos en el número de caracteres para dedicárselos a Luis Eduardo Aute y eso a que aún nos faltan muchas palabras que dedicarle; mientras él, se convierte en luz.

@witzilin_vuela
@CesarG_Madruga

Edición: Ana Ordaz