Cambio de régimen

La resaca 2.0

Normando Medina Castro
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Jueves 9 de abril, 2020

México cambió de régimen desde las elecciones presidenciales de julio de 2018 y entró en vigor un nuevo paradigma en diciembre del mismo año; sin embargo, los desplazados del poder, por amplia voluntad mayoritaria, no lo han entendido, ni asimilado, ni aceptado.

Durante muchos años, políticos y grandes empresarios, se sirvieron con la cuchara grande y disfrutaron privilegios, incluso más allá de lo legal, y formaron una clase gobernante inamovible, con la fusión de lo público y lo privado, prevaleciendo el poder económico, más allá de colores partidistas. Cada vez más alejados del sentir de los que no pertenecen a su clase. Muy distantes de los pobres y también de la justicia y la responsabilidad social que, solo usaban como un membrete sin contenido.

Muchos se olvidaron del esfuerzo, pero también de la honestidad y la mesura. Todo se les hacía fácil por la complicidad con gobiernos corruptos que les compartieron riqueza mal habida, a costa de ahondar las brechas sociales y aumentar brutalmente el número de pobres que suma más de 60 millones, y la violencia y la inseguridad.

A los hombres del gran capital les bastaba con legitimar esos gobiernos depredadores que ejercían el poder público con profundo desprecio a su propio país y a los que no pertenecían a su clase social. Se hizo costumbre que sus intereses y privilegios estaban por encima del bienestar de las mayorías, de lo que en las democracias denominan pueblo soberano.

Su soberbia los cegó y confiaron en el control ideológico que ejercían con los medios de información y los comunicadores e intelectuales a su servicio. Menospreciaron los efectos de la interconectividad de las masas. Confiaron que ese pueblo al que siempre han despreciado y manipulado sería incapaz de rebelarse a sus mandatos y a creer otra cosa que no fuera lo que daban en la radio, televisión y prensa escrita a su servicio.

La fuerza de la interconectividad de las masas sumada a los abusos, la corrupción y la impunidad, se convirtieron en rechazo hacia el paradigma basado en el bienestar de unos cuantos. Como dice en su canción Que no el recién partido e inolvidable Luis Eduardo Aute, “quien pone reglas al juego, se engaña si dice que es jugador; lo que le mueve es el miedo, de que se sepa que nunca jugó”.

Evidenciados como los causantes de la debacle nacional, desacreditados, sin credibilidad ni autoridad moral, han sido incapaces de aceptar que fueron avasallados por su codicia insaciable, su clasismo, como dijeran los escolásticos, vencidos por su concupiscencia, esclavos de sus bajas pasiones.

Si tuvieran un poco de aprecio a la verdad aceptarían que cuando tuvieron el poder no lo ejercieron a favor del bien común. Su corrupción está presente en todos los rincones de la vida pública. Ahora con la pandemia del COVID-19 se ha evidenciado plenamente la criminal simulación del cumplimiento del precepto constitucional del derecho a la salud. Lo que heredaron es un sistema de salud con insuficiente personal, falta de equipo y de infraestructura. Negocios en la compra de medicamentos y en la distribución y destino final de los mismos. Clínicas y centros de salud sin medicamentos y una mafia que ha lucrado retirándolos una vez que firman de recibido.

Simulación, simulación y más simulación

Ahora con la pandemia, la realidad nos pega a la cara. Su velocidad de contagio y su peligrosidad no admiten simulaciones. Y allí están de nuevo los poderosos, políticos y empresarios, gritando y exigiendo lo que no pudieron dar y mucho más, aún a sabiendas del desastre que dejaron por su inocultable corrupción.

No entienden que no entienden. México ha cambiado de paradigma. Los intereses del gran capital no marcan la prioridad del actual gobierno. Eso es un hecho. Es momento de que muestren un poco de nacionalismo y contribuyan con México. Es tiempo de dejar de gritar y rasgarse las vestiduras porque el gobierno privilegia a las mayorías. El silogismo de que si no privilegian a los poderosos este país se hundirá es una falacia. Decía Charles Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Es posible que se avecine un cambio del orden mundial.

La pandemia de COVID-19 ha evidenciado la cara oculta detrás del espejismo de la bonanza, el crecimiento, la generación de empleos, el progreso y la modernidad de los principales destinos turísticos de Quintana Roo. Lo que hay es una entidad con un crecimiento demográfico acelerado permanente, con poca calidad de vida de la gran mayoría de sus habitantes, con una sobre densificación y deterioro ambiental. El crecimiento de lo urbano sin la generación de desarrollo humano sólo ahonda las brechas sociales y el precarismo, con sus problemas aparejados: desintegración familiar, pérdida de valores, violencia e inseguridad, etcétera. Como dijera una canción de Joan Manuel Serrat, “disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor y no paran de llegar. Desde la retaguardia, por tierra y por mar…disculpe el señor pero este asunto va de mal en peor”. La prioridad eran los grandes inversionistas. Recibieron todo tipo de facilidades para establecer sus hoteles y establecimientos de atención al turismo y han generado mucha riqueza para ellos, sin permear hacia quienes están abajo en la pirámide social. Ahora con tiempos complicados para todos por el coronavirus, el turismo es una de las actividades económicas más afectadas. Quintana Roo han sufrido despidos, de acuerdo con la secretaria del Trabajo de México, María Luisa Alcalde Luján, de 63 mil trabajadores. Cifra que se incrementa hasta más de 100 mil personas que han perdido el sustento si se consideran los empleos indirectos.

El gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, hizo un llamado a la solidaridad de los comerciantes y empresarios, pero además ofreció diversos estímulos fiscales. Muy pocos respondieron positivamente.

Mientras tanto, en el Congreso del Estado, aferrada a la coordinación de la jucopo con recursos legaloides, la diputada Reina Durán suspendió sesiones, bajo el endeble argumento de proteger al personal de los contagios del COVID-19, a pesar de la oposición de la mayoría del bloque Morena-Verde-PT del que forma parte. Ignoró la posibilidad de sesiones virtuales y los “rebatió” enalteciendo su origen de “Morenista pura”, como si eso fuera garantía de calidad humana, profesional y ética. Pena ajena. En fin son cosas que pasan en nuestro país y en nuestro caribeño estado.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

profenor1960@hotmail.com

Edición: Ana Ordaz