La oportuna soledad yucateca

Yucatán tenía que ponerse en marcha para que la apatía nacional no lo arrastre

La Jornada Maya
Foto: Cortesía Julio César Ramírez

Jueves 9 de abril, 2020

Yucatán está solo. Esa no es una idea que deba preocupar. Es una soledad producto de estar un paso adelante y ser dueño de su propio destino. Nadie ayudará ni rescatará a Yucatán. Ni hace falta. Depende de sus acciones y tiene lo necesario para tomarlas y materializarlas. De la Federación no le llegarán acciones, recursos o blindajes. Los apoyos a su economía y pequeñas empresas serán las que el estado ponga sobre la mesa.

La protección del ingreso de las familias será la que se pueda financiar con los recursos del erario yucateco. La reactivación de la base productiva será la que pueda hacer realidad con lo que sus habitantes aporten. La Federación opina que no hay crisis y no vendrá al rescate. Mauricio Vila, debe haber llegado a esa conclusión hace bastante tiempo.

No se podía esperar sentados un rescate del Tlatoani que nunca va a llegar y que, pensándolo bien, no es necesario obligatoriamente. Yucatán tenía que poner en marcha sus decisiones, previsiones, inversiones y programas como estado libre y soberano, para que la apatía nacional no lo arrastre en un torbellino que trunque el despegue del estado. Así ocurrió y sigue ocurriendo.

En seguridad pública -siempre- y -ahora- en el blindaje social y económico frente a la pandemia, Yucatán confirma su papel insular, en el sentido más positivo de la palabra. Aquí se construye otra realidad distinta a la generalidad del país.

Es cierto, las necesidades son enormes y los recursos estatales no son cuantiosos ni sobran, tal vez no sean del todo suficientes, pero sí pueden servir para proteger lo mínimo esencial y sembrar las semillas de una reactivación que sea completada por inversionistas, pequeños emprendedores, proyectos de la sociedad civil y cooperativas amplias que crean en las expectativas de un estado que se empeña en construir su propia política económica, su propia política social y de redistribución del ingreso. Hablamos de un modelo yucateco en serio.

Tal vez sea tiempo, desde la sociedad, lejos de los partidos y sus bloqueos legislativos, de pensar, arropando al gobernador, en una nueva política fiscal estatal y de financiamiento profundo del estado, una que pueda responder mejor a las necesidades de la urgencia actual y de un desarrollo estatal que deberá ser cada día más autosuficiente y propio. Vale la pena aprovechar el actual liderazgo del gobierno estatal para no depender demasiado de los caprichos de un esquema centralista o de decisiones mercuriales a 2 mil kilómetros de distancia.

Bajo presión, con estrechez financiera, solo, pero el estado está bien. Las decisiones grandes o pequeñas que se han tomado en esta circunstancia de emergencia parecen estar funcionando. En lugar de pedir y quejarse, el gobernador ha decidido actuar. No se está extendiendo una mano en rogatoria, sino caminando con lo que se tiene.

No habrá acción milagrosa desde la Ciudad de México, por eso es tiempo de preguntar quiénes quieren aportar y quiénes sólo quieren obstruir o sacar ventaja. Yucatán está solo, sí, lo cual quiere decir que es más soberanos que nunca. Así, es posible prestar respaldo amplio a las medidas que se están tomando, exigiendo lo que la entidad merece y estando lista para hacer y aportar su parte. Esta es una prueba complicada que puede hacer despertar a la realidad de construir un destino estatal que requiera cada vez menos del humor federal.

La circunstancia es difícil, pero puede ser el impulso para tomar una salvadora y sana distancia de quienes ven en las desgracias nacionales y familiares, un anillo para un dedo imperial.

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Edición: Ana Ordaz