La tierra del venado

La portería se aleja para que Yucatán haga realidad el sueño de tener un equipo en Primer División

Miguel Ángel Cocom Mayén
Foto: Facebook @VenadosFCYucatan
La Jornada Maya

Jueves 16 de abril, 2020

En las últimas décadas, los Venados acumularon más dueños que campeonatos. También, la institución astada sumó más razones sociales y actas constitutivas que trofeos en sus vitrinas. Hubo más goles en redes jurídicas y legales que bajo los tres palos de las porterías rivales. De tal suerte que el fútbol inició con incertidumbre el nuevo milenio en Yucatán, continuando así una saga de desventuras y desaciertos que parecía no llegar a su fin, incluso con la llegada de la nueva era que anunciaba el calendario maya. El nuevo baktún requirió de tiempos extras para cronometrarse en los campos de fútbol.

Es cierto, en Yucatán, y en toda la península, el balompié parte en franca desventaja cuando se trata de hablar del deporte favorito. En esta región, tanto el beisbol como el boxeo arrancan con años y triunfos de ventaja. Por lo tanto, resultaba obvio que la historia de esta actividad disruptiva tenía que escribirse con otra tinta, ya que la de las victorias y leyendas resultaba escasa. Más allá de victorias inexistentes, había que apostarle a construir una incipiente identidad local en torno a un balón y un campo llanero.

Así, de unos años para acá se ha notado un cambio de timón. Además de lanzar el balón por delante, se concibió una estrategia táctica con un 4-3-3 bien plantado en el campo. Cuatro años para echar raíces, tres más para sembrar en fuerzas básicas y otros tres para cosechar los primeros triunfos, ésos que perdurarán en la memoria colectiva de nuevas generaciones.

De tal suerte que se apostó por construir un proyecto diferente y de largo plazo. Primero, se optó por un nombre, Venados Fútbol Club, que englobara e incluyera a toda la entidad y no sólo a la ciudad de Mérida. Segundo, a través de un enfoque comunitario en el que las localidades del interior del estado también se sintieran identificadas con los colores del equipo.

Así lo entendió la nueva directiva y puso en marcha un programa de responsabilidad social que, en un principio, contribuyó a llevar material deportivo, pláticas de buenos hábitos y sesiones de activación física a escuelas de educación básica. Una iniciativa que bien valdría la pena retomar, más allá de las temporalidades efímeras de la política local. “La pelota no se mancha” afirmó Diego Maradona, y menos de colores partidistas.

“Un Balón para Ti” fue una estrategia que, sin problema alguno, se puede enmarcar dentro de las acciones recientes que se han impulsado en los últimos meses, como la de darle voz a las pequeñas empresas durante esta contingencia sanitaria o la de funcionar como centro de acopio en beneficio de mascotas abandonadas. El esférico rueda mejor en la cancha de la justicia social. Y más en un terreno plano como el que tenemos en la entidad, exceptuando la Sierrita de Ticul, donde no se podría jugar sin sobresaltos o balonazos constantes.

Por supuesto que aún faltan resultados en lo deportivo, hay que ser honestos y las vitrinas así lo reflejan, pero se aprecia el buen trato al balón, al deporte y a la comunidad. Es tiempo que las buenas intenciones se traduzcan en triunfos y en memorias para una afición que, poco a poco, ha ido haciéndole un espacio al balompié durante las pláticas de sobremesa, ahí donde abundan jugadas del “Rey de los Deportes”, partidos de softbol y anécdotas de Miguel Canto y Rommel Pacheco.

Un partido de fútbol dura 90 minutos, pero su análisis es más longevo. Lo mismo sucede en la política. Una administración pública se evalúa periódicamente. Tres años, seis años, son el parámetro temporal para valorar qué se ha hecho bien y qué falta aún por mejorar. Y ahora, la directiva de los Venados se acerca a ese lapso decisivo, uno de reflexión y autocrítica a partir de que se tomaron las riendas formales del club, con algunas certezas y muchos desafíos. Hace unos días se canceló el Torneo Clausura 2020 y se anunció que la Liga de Ascenso podría convertirse en una Liga de Desarrollo, un eufemismo para mantener el status quo y retrasar que mercados futbolísticos y económicos emergentes, como el de Yucatán, se sienten en el banquete de los grandes clubes del fútbol mexicano.

La portería se aleja, mientras el mismo portero de siempre, con acento norteño o chilango, achica el ángulo. Toca el turno de la directiva, jugadores y afición para poder dar vuelta al partido y lograr, a la brevedad, hacer realidad el objetivo de que Yucatán cuente con un equipo de Primera División. Un sueño -¿peregrino?- que sólo será posible bajo las nuevas reglas impuestas por la Federación Mexicana o con un radical cambio de juego que sacuda las fichas del tablero nacional. Los mandamases del balón ya han arrojado ciertas intenciones y luces desde sus lujosas oficinas en el centro del país, pero bien dice el refrán que “Venado lampareado es difícil de cazar”. Nos han hecho una falta flagrante, esperemos sacar provecho de la Ley de la Ventaja. Total, Yucatán siempre ha sido territorio de excepción, incluso en el área chica.

Los antiguos mayas representaban al venado, de manera simbólica, con dos puntos: la huella de la pata del animal en la tierra. Es momento que la nueva directiva comience a representar a nuestros Venados Fútbol Club con tres puntos, esos que se obtienen con cada victoria al transitar por las agrestes jornadas de nuestro balompié. De punto en punto habrá que trazar nuestra hoja de ruta a la Primera División.

doncocom@gmail.com

Edición: Elsa Torres