Cumpleaños

Una historia de pandemia

Enrique de Esesarte Pesqueira
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Miércoles 20 de mayo, 2020

Cuando llegamos a los siete meses de reclusión por la pandemia, las cosas se pusieron más complicadas. En las noticias de la mañana el gobernador dio a conocer la terminante orden de que todos debían permanecer en sus hogares, por lo menos tres meses más, bajo pena de arresto y 15 mil pesos de multa. Hoy nos dicen que las medidas se harán cumplir a como dé lugar y se declara el toque de queda de las 19 a las 7 horas. Salir de casa será permitido solamente para asuntos absolutamente excepcionales.

Nos dijeron que la pandemia llegaría a un pico de contagio en la segunda semana de mayo. El 16 de mayo ya no se pudo ocultar la tragedia, los muertos ascendían a miles diarios y el 20 de mayo murieron 20 mil. Eso exacerbó el pánico; ahora sí, las imágenes en tiempo real de las calles de Oaxaca la mostraban tétricamente desierta, el andador nunca jamás había estado tan solo. El silencio reflejaba la tragedia, el centro de la ciudad daba a conocer sonidos que nunca se habían escuchado, grillos y campamochas se hacían oír. Así pasaron, con angustia y una insoportable incertidumbre, los meses de mayo y junio.

Lo más asfixiante era la desinformación, fake news y patrañas, nuevos giros en los estudios de la pandemia aconsejaban cosas cada vez más estrafalarias. Pese a la condena a las mentiras, los grupos de WhattsApp se atiborraban de noticias alentadoras y apocalípticas, de conspiraciones y vacunas inalcanzables, en fin, de toneladas de información de todo tipo y tendencia.

La confusión imperaba y nadie sabía qué decir o cómo actuar, el gobierno federal empezaba a perder el control del país y los cientos de miles de muertos que se contaron en la fecha exacta de la Guelaguetza, habían creado un inmenso rechazo al presidente por haber cometido tantos errores en la atención a la pandemia que tenía arrodillado al mundo. La Coparmex, Canacintra y 21 gobernadores del norte de la República exigieron su renuncia al Congreso; esto no fue necesario, el presidente cayó enfermo de coronavirus y los errores cometidos en el inicio de la pandemia le cobraron factura, murió rápidamente.

González Moctezuma asumió como presidente interino y convocó a realizar elecciones en seis meses.

Con el mesías muerto, la gente no tuvo a quién asirse y la desconfianza en la información generó caos. Los hospitales estaban completamente rebasados, la televisión mostraba cadáveres en las calles o depositados fuera de las casas. La tragedia, sin embargo, se cierne sobre Oaxaca en silencio, se perciben todos los sonidos, cerrar los ojos y concentrarte te lleva a San Felipe, por el sonido del urbano que llega a su estación, las cotorras y pericos están encantados, pasan haciendo gran alharaca diariamente sobre la casa y cada vez son más, por la dirección del sonido sé que se quedan a dormir en los laureles de los Larumbe. Me sorprende la riqueza de sonidos sutiles y horrísonos de los que nos perdemos por permitir que el monopolio del sonido se lo lleven los automotores.

El pánico trajo mucha porquería, oíamos muy claramente, balazos en todas partes de la ciudad, esos tableteos de metralleta no podían ser cohetones. Ahora era muy fácil identificar en donde se había asaltado o dónde se había cometido un asesinato por el solo hecho de seguir la dirección sonora de los balazos: cercanos y al este, la Colonia Reforma, más lejanos al norte, San Felipe, y así se puede identificar los lugares aproximados de los balazos. Hemos escuchado varias balaceras, algunas de mucha duración por el rumbo de Jalatlaco. Los tiroteos se hicieron mucho más frecuentes y mucho más cercanas. Estoy empezando a desconfiar de todo lo que oigo, se está volviendo esto una paranoia por no tener certezas de cómo actuar ante la amenaza. El maldito bicho ese se acerca cada vez más, la muerte de Beto, nuestro vecino de al lado, fue por él, aunque, para no asustarnos, se nos dijo que había sido por su edad avanzada.

Empezamos la cuarentena con mucho dinero y creíamos que si aquello terminaba en julio no tendríamos problema, pero el asunto se ha puesto grave, estamos a punto de exprimir nuestros últimos centavos y no sabemos qué hacer. Manuel mi hermano y mis cuatro hermanas están en una situación muy precaria y no puedo pedirles a ellos, las ventas de mis cuadros cayeron abruptamente y ahora no hay forma de vender ninguno a pesar de los precios irrisorios en los que los ofrezco. Ruth, después de luchar denodadamente por mantener las clases en línea de su universidad, no pudo más y en septiembre tuvo que cerrar completamente la escuela y obtener un acuerdo con sus maestros y personal administrativo para cuando esto terminara.

En septiembre se declaró la partición del país en dos partes, 21 estados del norte de la República declararon su independencia ante la asamblea general de la ONU y ya se negaron a pagar un solo centavo de impuesto al gobierno federal. Se negaron a pagar a partir de agosto y fue un golpe brutal para las finanzas del país. La situación política es de una inminente guerra civil.

A principios de octubre vimos que pasaba Humberto, el tlacuache que tanto le gusta a Ruth, oímos un ruido de gruñidos y chillidos y al asomarme a la azotea, vi al tlacuache en fiera pelea con una rata grande. Me asombró la forma en que el tlacuache defendió su vida y mató a la rata, pero no salió bien librado; cojeando y sangrando, desapareció tras la reja.

Al día siguiente me volví a asomar a la azotea y el cadáver del tlacuache estaba siendo devorado por unas 20 ratas de tamaño considerable, una de ellas más grande que él. Al tratar de asustarlas les llamé la atención y vi que todas, gruñendo se olvidaron del tlacuache y se dispusieron a atacarme, me armé de una escoba y se me acercaron; eran muchas, así que decidí bajar y cerrar la puerta y encerrarme con Ruth en la casa. Ayer oímos una nutrida balacera en la puerta misma de la privada, varias balas perdidas se estrellaron en la puerta de metal de la casa vecina, Aida empezó a gritar pidiendo auxilio. Por el grupo de WhattsApp nos enteramos que cinco delincuentes se atrincheraron en la casa de Juan de la Cagija, la policía, se había retirado por el poder de fuego de los ocupantes, no había forma de salir de la casa. Ayer se nos terminó el dinero, tengo que salir al cajero para sacar lo último que me queda, pero no puedo hacerlo, me asomo al patio y veo por lo menos 10 ratas enormes al acecho junto a la puerta.

Hoy es cumpleaños de Ruth, son las nueve de la noche y decidimos festejarla, tenemos nuestra botella de vino que nos regalaron los uruguayos en mi cumpleaños 60; debe estar delicioso. Ruth acaba de sacar del horno una pasta de camarones y crema, hizo una sopa de espinacas, de postre tomaremos ate con queso. Con trabajos podemos contener la angustia, ya oímos voces de alarma de los vecinos, están golpeando la puerta metálica de nuestra casa, se han oído dos o tres balazos, aunque de pronto el silencio impera. Éste se acaba por el constante roer de las ratas en la puerta. En la mesa elegantemente dispuesta y con una sonrisa resignada, alzo mi copa y digo. ¡Feliz cumpleaños mi amor!

e_de_esesarte@hotmail.com

Edición: Ana Ordaz