La nueva normalidad que viene

Para que haya un cambio post-COVID, la sociedad debe estar dispuesta a dejar sus viejas prácticas

Texto y foto: Hugo Castillo
La Jornada Maya

Miércoles 20 de mayo, 2020

¿Qué va a pasar cuando acabe la contingencia por el COVID-19? Esa es la pregunta que hoy muchos tratan de responder. En los últimos días el Internet se ha visto sacudido por un sinnúmero de análisis y propuestas post pandemia. Desde quienes llaman a cambiar el orden económico global hasta aquellos que piden una sociedad más amable con la naturaleza, actualmente la opinión pública parece estar de acuerdo en una idea: el mundo post coronavirus no puede ser un espejo del actual. Necesitamos, como dice nuestro Presidente, una “nueva normalidad”.

Como seres humanos, es normal que tengamos siempre nuestra atención en el futuro. Los científicos aseguran que dicha forma de actuar es resultado de nuestra evolución: analizar nuestro presente y mirar hacia adelante nos obliga a desarrollarnos, cambiar y, eventualmente, avanzar como especie. Es una estrategia de supervivencia que nos permite, a través de la preparación, estar listos para cuando “lo nuevo” por fin llegue.

Pero pareciera que actualmente la humanidad es incapaz de completar dicho proceso. Una y otra vez analizamos nuestra realidad -denunciamos las desigualdades económicas, la destrucción ambiental y los hábitos de consumo salvajes-, planteamos propuestas de cambio, pero no vamos más allá. Nos quedamos en la antesala de la evolución y, peor aún, nos quejamos de ello, como si no fuéramos nosotros los responsables.

La actual pandemia ha hecho muy evidente esta situación, pues con el paso de los días miles de personas -expertas o no-, se volcaron a las redes sociales para denunciar mil y un problemas patentados por la contingencia. Por todas partes empezaron a aparecer llamados, propuestas y alternativas para una mejor sociedad. En todo el globo la opinión parecía ser la misma: más que un castigo, el coronavirus debía ser visto como una nueva oportunidad para reinventarnos y acabar con los males de nuestros tiempos.

Pero las noticias que llegan de los países en donde ya acabó parcialmente el encierro nos pintan un panorama muy distinto. A la primera oportunidad la gente acudió a los lugares de siempre, con las actitudes de siempre. Más aún, a pesar de la adaptación a las que todos nos hemos tenido que someter durante la contingencia, los problemas de antaño nos siguen azotando con la misma fuerza: discriminación, intolerancia y desigualdad, lejos de desaparecer, se vieron exacerbados por el nuevo virus.

Una pandemia de posibilidades

Entonces, ¿lo único que podemos esperar tras la pandemia es más de lo mismo? La respuesta a esta incógnita dependerá mucho de todos nosotros. Los que aún estamos inmersos en la contingencia todavía tenemos la posibilidad de generar un cambio verdadero. Sin embargo, más que de las políticas y programas oficiales, el rumbo de nuestra sociedad dependerá de lo que cada uno, como individuo, esté dispuesto a sacrificar por el bien común.

Ningún evento, sea masivo o pequeño, natural o humano, tiene en sí mismo la fuerza para modificar a todos los que conformamos a la sociedad. El cambio sólo es posible cuando existe la voluntad individual para llevar a cabo las adecuaciones necesarias para gestarlo y la disposición para mantenerlo. De lo contrario, no importa que golpee a la comunidad, ésta estará condenada a mantener sus viejas maneras.

Si una vez más esperamos que las modificaciones que nos lleven a cambiar como sociedad vengan de arriba, y que una alineación universal nos empuje a ser mejores, estaremos condenados a seguir siendo los mismos seres discriminatorios, consumistas y destructores de nuestro hábitat cuando acabe esta pandemia.

Para alcanzar la tan ansiada nueva normalidad global, es necesario que cada uno de nosotros decida cambiar desde adentro. De lo contrario, estaremos destinados a quedarnos en la antesala de la evolución, mirando siempre al tan ansiado futuro desde el horizonte.

hugo@lajornadamaya.mx

Edición: Ana Ordaz