El delirio ambientalista

La contradicción de la 4T

Rafael Robles de Benito
Foto: Cuartoscuro
La Jornada Maya

Miércoles 27 de mayo, 2020

Cuando el culto a la personalidad y la niebla de la ideología opacan lo que antes fuera un pensamiento lúcido, agudo y propositivo, y lo conducen a naufragar entre lo irrealizable y lo irreconciliable, uno no puede más que entristecerse. Esto es lo que me ha sucedido en el caso del doctor Víctor Manuel Toledo, actual titular de la Semarnat.

Unos días antes de escribir estos párrafos, el secretario publicó en La Jornada un breve artículo que reiteró mi creciente convicción de que ha ido perdiendo el piso. En un salto de fe a partir de su robusta aproximación al discurso biocultural, al parecer impulsado por el afán de adular a su jefe, y que parece haber extinguido su capacidad crítica, nos presenta una utopía que nace de su lectura de las propuestas de la 4T.

Construir utopías siempre es deseable: nos permite contar con faros para iluminar el rumbo de nuestras aspiraciones, y tienen su lugar como guías morales. Pero este lugar no es el de la política, y menos el de las políticas públicas. Toledo empieza su artículo citando a Kristalina Georgieva, del FMI, que dijo que, “si queremos que esta recuperación sea sostenible, si nuestro mundo debe transformarse para ser más resiliente, tenemos que hacer todo lo que podamos para promover una recuperación verde”, y se pregunta acerca del porqué de esta aseveración.

Aunque entiende que surge del hecho de que “los poderes” saben que las pandemias presente y futuras provienen de los desequilibrios ecológicos y biológicos de origen antropogénico, le parece que lo propuesto es inadmisible porque es neoliberal. Y como es neoliberal, entonces no merece la pena mayor análisis, ni discusión, y desde luego no puede ofrecer propuesta alguna digna de consideración.

Reconsiderar el rumbo

Pasa el Secretario a explicarnos que la única ruta admisible es la que ofrece el “gobierno antineoliberal”, sea lo que sea lo que esto significa. Es cierto que en nuestro país debemos reconsiderar el rumbo de todas las actividades humanas que acostumbramos a pensar como consustanciales al desarrollo. Pero a partir de esta necesidad de cambio, idea en la que coincidimos de cabo a rabo, surgen en el artículo de Toledo algunos excesos, y aseveraciones que resulta imposible comprender a la luz de lo que parece estarse definiendo como la posición oficial del “antineoliberalismo”.

Reducir el problema de la seguridad alimentaria de México al crecimiento de los sistemas de producción agropecuaria y a la utilización de agroquímicos (que, por cierto, no son necesariamente “químicos de guerra”), y culpar a los agronegocios de la obesidad, el cáncer, las cardiopatías y demás padecimientos, me parece un exceso y una sobresimplificación, aunque estemos de acuerdo en los peligros de la utilización de organismos genéticamente modificados, y del uso del glifosato. Las generalizaciones debilitan los argumentos, como también los debilita pensar que la existencia de cien “tianguis ecológicos” a nivel nacional muestra la vía de solución a la situación alimentaria de un país de ciento veintitantos millones de habitantes, cerca de la mitad de los cuales puede considerarse pobre.

Hacia las energías renovables

Para acabar, y tocar solamente la contradicción más preocupante de la postura de Toledo, dice que “obnubilados con el petróleo, aún cuando éste se agotará en seis años, no hay a la fecha ningún proceso activo de transición hacia energías renovables en México” y que “Pemex se deberá convertir en Solmex y las gasolineras en estaciones eléctricas” durante la transición, cuando además se deberán formar “miles de cooperativas rurales de productores de energía renovable”. No sé con qué información cuente el titular de la Semarnat.

Quizá tenga acceso a archivos ocultos a la mirada del resto de la ciudadanía; pero lo que vemos todos los días es un absoluto desdén por las energías renovables, una apuesta empecinada en la utilización de combustibles fósiles, un desprecio total por los esfuerzos de diversos actores sociales por tender a convertirse en los prosumidores que anhela Toledo, y una decisión por volver a la generación de energía ensuciando la atmósfera con el uso de combustóleo.

O Toledo representa lo que la 4T considera un simpático guiño a las demandas de quienes nos preocupamos por la política ambiental, y su discurso representa una distracción pensada para que sintamos que el tema sí interesa al ejecutivo, o el doctor no ha entendido que a su adulado jefe no le pasa por la mente la idea de modificar la política energética hacia una propuesta ambientalmente amigable, ni ha entendido que el mainstream agropecuario está muy lejos de poder ser desmantelado para convertirlo en una red biodiversa, sustentable, inocua y suficiente para alimentar a los millones de pobres de la Nación.

roblesdeb1@hotmail.com

Edición: Ana Ordaz