La pobreza que viene y la obligación de hacer

Sabemos que el tsunami de la recesión viene y que su ola no será de agua

La Jornada Maya
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Miércoles 27 de mayo, 2020

La siguiente batalla política en México será por los pobres ¿cuántos más hay? ¿cuántos más son culpa del COVID-19? ¿cuántos más son de la conducción política? ¿cuántos más son del modelo económico pasado o presente? Nadie asumirá responsabilidad por ellos, serán culpa de otros.

Habrá danzas de datos y probablemente -como trágicamente ocurre con muchas de las cifras cruciales en una sociedad- nunca conoceremos el número verdadero de quienes pasan a engrosar las filas de la marginación. Serán pobres mal contados y no sabemos por cuánto tiempo su nueva e inmerecida circunstancia será insuperable.

Sin embargo, sí podemos poner en la mesa los datos básicos de instancias internacionales y nacionales, públicas y privadas para que cada uno de nosotros haga sus cuentas sobre el tsunami nacional que se nos viene y su impacto en nuestra región.

Desde la CEPAL con sus afinidades ideológicas, hasta BBVA con sus afinidades monetarias, podemos decir que si el Producto Interno Bruto (PIB) del país cae un 6.5 por ciento, habrá 8.9 millones de mexicanos adicionales en la pobreza y 7.7 más en pobreza extrema. Si el PIB cae 7 por ciento habrá 12 millones más de compatriotas en la pobreza y 12.3 en pobreza extrema. Si las cosas se complican mucho más y el PIB mexicano se contrae un 12 por ciento, habrá 16.4 millones más en la pobreza y 18 millones más en pobreza extrema. Ahí están los números básicos para calcular cualquier escenario intermedio.

Esas son las proyecciones sin adjetivos, los números fríos; sin embargo, lo realmente interesante es que todas esas proyecciones no consideran el efecto -positivo o negativo- que tendrán las acciones que el gobierno federal, los gobiernos estatales y municipales emprendan para combatir la pobreza y reactivar la economía.

Son los números para empezar la batalla y ya veremos qué tan bien o mal hace cada quien su tarea para enfrentar en su región, estado o municipio la caída económica.

Los números de la pobreza que viene, no son sobre ciudadanos ya arrojados a la marginación de manera irremediable, todavía -a diferencia de la pobreza histórica que ha azotado a la península- se puede hacer algo para no llegar a esos números tétricos.

En la Ciudad de México, en Campeche, en Mérida, en Chetumal, en las alcaldías de los 129 municipios de la península se puede hacer mucho o poco, bien o mal, para que la reactivación económica sea efectiva, el PIB de la región no caiga a plomo y los costos humanos de la contracción productiva se distribuyan de la forma menos dañina al tejido social.

Como sociedad debemos pedir a los gobiernos que liberen recursos y esquemas creativos para reactivar la economía. A los inversionistas y empresarios que por años se han beneficiado del espectacular crecimiento económico peninsular, les debemos exigir que tengan una vena real de solidaridad e inviertan en tiempos difíciles y no sólo en épocas de vacas gordas.

Y claro, los consumidores de a pie, tenemos la obligación de revisar qué adquirimos y cómo ayuda eso a nuestra región y comunidad.

Sabemos que el tsunami de la recesión viene y que su ola no será de agua, sino de miles de familias arrastradas a la pobreza, pero todavía podemos hacer algo para minimizar el daño de ese impacto viral.

Las cosas no han pasado, están por pasar y esta es la oportunidad de prever, de demostrar quién está con la península con fraternidad y responsabilidad social, y quién por simple ganancia política o utilidad monetaria. La línea divisoria no puede ser más clara.

Los números de la pobreza que viene, los que ya empiezan a ser usados en la contienda por el alma y el futuro del país, nuestros estados y municipios, no deben ser asumidos como una sentencia irremediable, sino un llamado a actuar de manera rápida y eficaz, para demostrar que la sociedad existe más allá del cálculo económico y partidista más egoísta.


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Edición: Enrique Álvarez