Punta Allen, una comunidad solidaria

Desde el día 23 de marzo la comunidad se autoprotegió

Rosario Ruiz
Fotos: Juan Manuel Valdivia
La Jornada Maya

Tulum, Quintana Roo
Jueves 28 de mayo, 2020

A base del trueque, préstamos y la organización interna es como la comunidad de Punta Allen, que forma parte del municipio de Tulum, ha enfrentado esta contingencia sanitaria. “Aquí nadie entra desde que se declaró la emergencia. Los que tenemos lancha salimos a pescar y repartimos la pesca del día entre los vecinos y permitimos a una persona que venga a la entrada del pueblo a vender frutas y verduras”, señala Emilio Pérez, secretario de la cooperativa Vigía Chico.



Explica que desde el día 23 de marzo la comunidad se autoprotegió y pese a que todavía tenían turismo decidieron cerrar el pueblo. Hubo una junta de cooperativas de turismo y pesca y se llegó al acuerdo de cerrar la comunidad incluyendo a los habitantes que estaban fuera, como medida de prevención; “en ese momento se hablaba del COVID-19 pero no se sabía qué era ni cómo era, cómo dañaba, nada más se decía que venía”.



Pasaron los días y la población se empezó a preocupar al escuchar que se expendía el virus en otros municipios y estados y “literalmente se puso allá (a la entrada del poblado) un remolque y solamente se permitía a los que se quedaron salir a comprar víveres a Tulum con ciertas reglas de comunidad que se tomaron, como que solo podían salir cada 15 días”.



Luego fue una vez al mes: “se puso más estricta la cosa en la comunidad previendo que alguien se vaya a contagiar o vaya a traer algo, algunas cosas no son suficientes acá, vino un señor con un camión con frutas y verduras y el pueblo llegó a un acuerdo comercial: que se le iba a permitir a él venir una vez a la semana y la gente se organizó mediante fichas para no amontonarse al comprar”.



Destaca que todos estos fueron arreglos internos, sin intervención de la autoridad. Pero autoaislarse también les significó quedarse sin insumos: “como parte de la comida aquí tenemos el pescado, entonces salimos a pescar y de eso comemos. Un grupo de compañeros de pesca tuvo la idea de que algunas de las personas no tienen lancha entonces como cooperativa tenemos una pequeña fábrica de hielo para la langosta, les donamos hielo y ellos donaron su tiempo, otras personas gasolina, y fueron a buscar pescado para las personas del pueblo que no tienen una lancha o motor, regalado, ciertos días a la semana para que tengan que comer las familias que realmente están muy necesitadas”.



Fue hasta un mes después que recibieron apoyo alimenticio primero del circuito turístico Maya ka'an y posteriormente las del gobierno estatal. Punta Allen es una comunidad que vive primordialmente de la captura de langosta, cuya temporada de veda empezó el 1 de marzo y concluye en julio. Emilio Pérez relata que por fortuna toda la langosta que tenían lograron venderla antes de que iniciara la cuarentena, lo que les significa un ahorro para estos días, pero expresa incertidumbre sobre el futuro.



“Ya en el segundo mes empiezas a preocuparte porque ves que esto no pasa, incluso hicimos un intercambio con unas personas de Chetumal, nos encontramos en un punto intermedio en la carretera entre Carrillo y Tulum, ellos nos dieron carne y nosotros pescado y esa carne la distribuimos entre las familias de la comunidad”, destacó.



Ante la reapertura anunciada para los primeros días de junio, menciona que adquirirán aparatos para medir la temperatura de quienes pretendan ingresar a la población y la sanitización de vehículos foráneos, “no nos vamos a cerrar a la actividad turística pero tenemos que tener los cuidados necesarios”.




Edición: Enrique Álvarez