Reporte 8 AM

No sirven para este oficio… ni para ese otro

Pablo A. Cicero Alonzo
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Miércoles 11 de enero, 2017

Una vistosa invitación café. Vistosa no por lo elegante, sino por lo chaya, diríamos los peninsulares; hortera, señalarían los otros. En su interior, había varias semillas —de ceiba, se especificaba. Eran para un informe de gobierno de Ivonne Ortega Pacheco, que después sería recordado por el teatral gesto de romper lanzas. Un Versalles tropical, aplaudiendo a la mandataria; ovacionándola. Sí. La misma que años después recomienda menos gastos en eventos y ceremonias.
Vale la pena desempolvar publicaciones de aquel año —2011— y leer, por ejemplo, la crónica que publicó Luis A. Boffil Gómez, corresponsal de La Jornada:

“Después de una hora de intervenciones de diversas personas que hablaron de los logros del gobierno estatal, con apoyo en videos, Ortega Pacheco apareció ataviada con un terno bordado a mano. Durante 20 minutos alabó a sus patrocinadores: el Teletón, bancos –con los que ha contraído deudas por más de 5 mil millones de pesos, que pagarán las siguientes administraciones estatales durante 25 años– y empresarios, quienes, según ella, son amigos de Yucatán y no se dedican a lucrar.

“No hubo referencia a la represión del lunes 4 de julio, cuando grupos de choque priístas apalearon a ciudadanos que se oponían a la construcción de un paso subterráneo en la llamada Glorieta de la Paz, ubicada en el Paseo de Montejo de Mérida. Al final, tomó una lanza maya y la rompió como símbolo de una nueva era de desarrollo para la entidad. Sin embargo, entre sus logros no hay obras terminadas. Ni una. Promesas para construir hospitales y museos, sí.

“Después se celebró una magna vaquería (fiesta tradicional maya), en la cual se dieron cita bailadores de municipios rurales. Ortega Pacheco, diestra en el baile, no desentonó, como si el acto fuera uno más del mundo de la farándula, al cual la gobernadora es afecta”.

¿Es la misma que responde la pregunta retórica del Presidente de qué habrían hecho ustedes? ¿Es la misma la que recomienda combatir la corrupción y la impunidad, que sugiere enfrentar y castigar a los corruptos? ¿Es la misma Ivonne Ortega?

Los cínicos no sirven para este oficio, aseguraba el reportero Ryszard Kapuściński. El maestro polaco se refería a su trabajo, a su gremio. También señalaba que las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Y lo creo. Vaya que lo creo. Habrá escritores en estado de gracia capaces de teclear sagaces columnas, reporteros con olfato de sabuesos que pueden desenterrar cualquier secreto, fotógrafos con estrella que siempre se encuentren en el lugar exacto, en el momento preciso… Pero si no los mueve un motor ético, de poco o nada sirve su trabajo. El periodismo no sólo informa: forma también.

Y así como los periodistas, tampoco debe haber políticos cínicos. Y lamentablemente, en ambos gremios son legión. Según el diccionario de la Academia Española de la Lengua, cinismo es “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Anteanoche, al recibir el Golden Globe, la actriz Meryl Streep, sin mencionarlo por su nombre, criticó al presidente electo por haberse burlado de un reportero con una discapacidad. “Alguien a quien superaba en privilegio, poder y capacidad para defenderse. Me rompió el corazón cuando lo vi, y todavía no puedo sacarlo de mi mente porque no estaba en una película; era la vida real. Y este instinto de humillar, cuando está modelado por alguien en la plataforma pública, por alguien poderoso, se filtra hacia abajo en la vida de todos, porque da permiso a que otras personas hagan lo mismo”.

Trump respondió de la única forma que sabe hacerlo: insultándola: “Meryl Streep, una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood, no me conoce pero me atacó anoche en los Globos de Oro”. “Es una lacaya de Hillary (Clinton) que perdió a lo grande. Por la centésima vez, nunca parodié a un periodista discapacitado (nunca haría eso)”. El video de la patética pantomima está ahí, desmintiendo al mentiroso.

Otra acepción de cinismo es “impudencia, obscenidad descarada”. Cínico, pues, es también Luis Videgaray Caso, quien con todo el morro reconoció, al ser nombrado canciller, que no sabía nada sobre relaciones exteriores, que llegaba al puesto a aprender. La metralla de incoherencias continúa, con cada declaración de la eminencia gris. Por ejemplo, entrevistado en cadena nacional, Videgaray aceptó que invitar a Trump cuando todavía era candidato fue un error, que, sin embargo, volvería a cometer. “Esa visita”, puntualizó, soberbio, “generó un acercamiento que hoy favorece y establece las bases para una mejor relación entre las administraciones”.

La tragedia es que el cinismo de Ivonne Ortega, Donald Trump y Luis Videgaray es recurrente, y se observa en muchos de los políticos que nos gobiernan. Y no es que tengan mala memoria, sino que la mentira se ha convertido en una forma de vida. Así, no tienen empacho en decir lo que la gente quiere escuchar, ya que sus palabras se las lleva el viento. Hoy más que nunca. Mitómanos profesionales, son hombres y mujeres sin palabra. Los cínicos no sirven para este oficio, sostenía Ryszard Kapuściński. Tampoco para la política. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Ni políticos.

Mérida, Yucatán
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